martes, 29 de abril de 2014

Sin esperanza

Nieva. Hace casi 30ºC, pero el aire está lleno de gruesos copos que lo invaden todo, se aposentan en los rincones donde el aire está quieto o los moldea en forma de remolino en los patios cerrados. A estos copos ingrávidos de abril, en Granada la gente los llama fulanicos. Es sólo la molesta pelusa que todos los años sueltan los plátanos.

Este fin de semana, que lo hemos pasado haciendo compañía a mi madre en la casa que alquila intermitentemente en Órgiva, también nevaba: los pétalos de un par de cerezos de floración tardía que hay junto a la leñera de la vivienda. Una racha de viento llenó el aire de flores rosadas. Pero en lugar de disfrutar de ese instante, del extraño espectáculo que ofrecía la naturaleza, sólo pensé que los niños ahogados en el Sewol ya no verán la rápida transición de las estaciones del año. Ha llegado el momento en el que ni siquiera los padres parecen tener esperanzas de que se produzca un milagro. Sólo lloran a los hijos muertos. Los lazos amarillos de los deseos de salvación han sido sustituidos por los negros de duelo. Hiere saber lo jóvenes que eran, todo lo que no han podido experimentar en sus cortas vidas, la rotura que cientos de familias han sufrido. Doscientas diez victimas y noventa y dos desaparecidos para los que ya no queda esperanza. Pero lo que más daño hace es conocer la irresponsabilidad, la falta de preparación, la negligencia, el egoísmo y corrupción de la mayoría de quienes deberían haber velado por la vida de los viajeros del ferry hundido.

Tal vez el milagro que esperaba se esté produciendo constantemente. Si en un país bastante desarrollado como Corea del Sur, el gerente de una naviera puede pagar para que las revisiones que le hagan a sus barcos sean muy suaves, si puede ir al mando de un ferry lleno de centenares de viajeros un capitán con problemas de estabilidad por enfermedad o alguna sustancia extraña, si quien lo sustituye desconoce la manejabilidad de la embarcación o piensa que está a los mandos de un juego, si no están sujetos los contenedores de carga ni los vehículos, si las cápsulas donde se guardan los botes salvavidas no se pueden abrir y en su interior esconden balsas neumáticas de 1.994, si se les da a los viajeros la orden errónea de quedarse donde estaban -exigencia que no es seguida por la mayoría de la tripulación-... ¿qué no ocurrirá en países menos desarrollados o más corruptos cada día? 

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