miércoles, 28 de diciembre de 2016

La noche más larga

¡Vaya mierda!

He tenido amigos en la cárcel (porque se lo merecían, pocos son los inocentes encarcelados), a los que he escrito cartas. Solía poner después de la despedida: Y saludos a los revisores muak muak. Mis amigos me advertían que les entregaban las cartas abiertas para que evitara poner cosas libidinosas, aunque saberme leída por terceros, en una época de mi vida, era más un acicate que un freno para dar rienda suelta a mi imaginación más lujuriosa. 

Las cartas peligrosas, si salen de la cárcel, es para llegar a las manos de un juez. Pero algo funciona mal en nuestro perfecto mundo de derechos y deberes. Un hijo de puta llamado Iñaki Bilbao, un terrorista expulsado de ETA, ha escrito una carta llena de majaderías fantasiosas, más propias de un adolescentes imberbe que de un adulto (frases típicas y manidas con las que rellenábamos los márgenes de los libros y las carpetas en el instituto) y El País puede dar hoy fuelle, necesariamente con el beneplácito del juez, a esas palabras descerebradas que deberían estar encerradas en un cajón. 


martes, 27 de diciembre de 2016

Todos los días de mi vida

Mi amigo Cencio, conocedor de mi admiración por Antonio Muñoz Molina, me ha pasado el artículo que ha escrito, aún no está publicado, como exclusiva.

Texto: I. Clavijo
Imagen: E. Lindo

Muñoz Molina narra las vicisitudes y éxitos de su vida en 2.500 páginas.

El nuevo libro del escritor andaluz, "Todos los días de mi vida", una densa biografía, se publicará a principio de enero, coincidiendo con el día de su cumpleaños.



La idea le sobrevino a Muñoz Molina el día que rechazó escribir la autobiografía de Belén Esteban. Después de llevar una semana persiguiendo al personaje público, sin conseguir elementos reales que no convirtieran el libro en pura ficción, se dio por vencido. Ante él apareció un tiempo infinito que había planeado dedicar a narrar la vida de otros, fue cuando decidió sacar del escondite de su memoria acontecimientos de un pasado reciente y remoto que, está convencido, dejará patidifusos a muchos de sus ávidos lectores. Ante la insistencia por querer conocer un adelanto de lo narrado en su biografía, Muñoz Molina sólo ha querido confesar que hace poco estuvo tentado por Mariano Rajoy para que ocupara la presidencia del Ministerio de Defensa. Rajoy guarda gran respeto y admiración por el escritor jienense desde que leyó su afamada novela Soldados de Salamina. La respuesta de Muñoz Molina fue: Cuando las ranas críen pelo. El presidente del gobierno ha consultado a un biólogo para saber en qué época del año ocurre eso. 

Para conocer más detalles, habrá que esperar a que el nuevo libro de Muñoz Molina llegue a las librerías. 

lunes, 19 de diciembre de 2016

El proceso

Ahora resulta que en este país (España) ser gilipollas está penado con la cárcel. Un sujeto, Manuel Bustamante, lleva en la cárcel desde 2015 sin pruebas por ser, supuestamente, terrorista. 

¿Cómo se forja, para la policía y con el beneplácito de la justicia, un terrorista? Yendo a algunas manifestaciones al borde la legalidad, teniendo ideas algo extrañas, soltando muchas majaderías en las redes sociales, haciendo alguna que otra pintada y guardando en casa unos cuantos productos de limpieza. Una descripción que abarca a la gran mayoría de adolescentes. 

Después de leer el artículo, si no fuera porque un sujeto está privado de libertad, este asunto sería digno de una comedia.  Falta de libertad que temo y espero, porque las injusticias hay que resarcirlas, le costará al Estado, es decir, a nosotros, un pastón.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Una bola de nieve

Recuerdo que cuando mi perra de la infancia tenía miedo por culpa de los cohetes, se enroscaba entre mis piernas y mendigaba unas caricias. Era el único momento que requería atención. El resto del tiempo iba a su bola. Si alguien osaba pasarle la mano por el lomo en cualquier otro momento fuera de esos que sentía pánico, giraba la cabeza y miraba altiva, como preguntando: ¿qué diablos haces? Algunos no se daban por enterados y la perra enseñaba los dientes y gruñía. Estoy convencida que mi mascota de la infancia nos entendía mejor ella a nosotros que nosotros a ella. Si alguno de mis hermanos gritaba Vamos a mear, ella corría a su lado. Si alguien decía Baño, se escondía en el patio porque era un poco enemiga del champú y el agua. Si la palabra era Comida, ella salía escopetada y saltaba alrededor de quien tenía su plato hasta que se lo llenaban con las sobras. Hace poco hicieron un estudio asegurando que los perros entienden algunas palabras. Ese estudio es tan innecesario como otro que asegurara que si te das un martillazo en el dedo, duele. 

La semana pasada, durante el puente de la  Constitución, estuvimos en un pueblo de las Alpujarras. Guille acarició a un perro que encontramos en uno de nuestros interminables paseos, y el animal nos siguió a distancia durante kilómetros. Pertenecía a una familia que había estado en nuestra misma cabaña durante el fin de semana. Subieron en dos coches, al bajar, creyeron que el perro iba en el otro. Sólo al llegar a Granada se dieron cuenta que no iba en ninguno. 

Durante prácticamente una semana ha sido un ovillo en uno de los rincones del estudio, sobre una manta vieja. Apenas se ha movido. Aunque la dueña nos aseguró por teléfono que le encantaba el jamón york, sólo lo aceptaba si se lo poníamos en su plato. Era como si el animal comprendiera que estaba de visita y no quisiera molestar. 

En cuanto vio a sus dueños utilizó toda la energía que había estado acumulando durante días. Dio saltos, les lamió las manos, correteó de un lado para otro. Antes de marcharse, cuando estaba delante del ascensor, volvió hasta mí, me olisqueó las manos y regresó con sus dueños. Creo que fue un gracias. Ahora levanto la cabeza y busco el ovillo de pelaje blanco junto al rincón del estudio sin encontrarlo. Qué fácil es encariñarse con los animales. 

sábado, 17 de diciembre de 2016

Un minuto de silencio, por favor

Rafael J. Álvarez, pregunta: ¿Donde esté un minuto de bombas que se quite un minuto de silencio? 

Pérez-Reverte, respuesta: Sin duda. Las bombas despiertan a la gente y hay demasiada gente dormida. 

Aquí iba a poner una de las miles fotografías que circulan por Internet de niños ensangrentados, muertos o heridos como consecuencia de las bombas de cualquier guerra, en brazos de padres con el rostro desencajado por el dolor y el llanto o solos en morgues atestadas, para dejar en ridículo las palabras de Pérez-Reverte y la pregunta de Rafael Álvarez que dio pie a tanta estupidez, pero no creo que sea necesario hacerlo. 

El hombre que vino del pasado

¿Algo peor que una reunión de vecinos de una comunidad? Dos reuniones de vecinos. La del viernes empezó a las seis y media y terminó pasada la medianoche. Se discutían los mismos puntos que la del lunes, pero con un técnico puesto por la comunidad. Yo, supuestamente, no era imparcial. Se llegaron a las mismas conclusiones. La diferencia estuvo en la deferencia con la que el jefe de la comunidad trató al técnico. En ningún momento lo tuteó, ni interrumpió sus explicaciones, ni puso en duda sus palabras.

El jefe de la comunidad es un personajillo enjuto, enclenque, menudo, huesudo, poquita cosa; de voz de pito y pelo canoso engomado. No lo lleva, pero mi memoria le pone constantemente un bigotillo ridículo y fino, como el trazo de un lápiz negro, bajo sus narices.

Aún no sé si debo reírme de la situación o encorajinarme. Mis enfados por alguna injusticia se fermentan con lentitud o estallan de repente: no hay término medio. Uno de los vecinos conoce muy bien al jefe de la comunidad: Ha tenido que venir un hombre a repetirte lo que te dijo la técnico. Antes, en situaciones semejantes, pensaba: Te jodes. Sabiendo que el sujeto en cuestión llevaba las de perder. Pero ahora pienso en mi sobrina y me da mucha rabia que ella también tenga que enfrentarse al machismo de engendros que parece anclados en un pasado muy remoto.


lunes, 12 de diciembre de 2016

El peso de lo insustancial

En una de sus últimas entradas, Antonio Muñoz Molina define: Pueblerino, provinciano y cateto es el que no sabe mirar con generosidad y atención el mundo, sea en su pueblo, o en su ciudad de muchos millones de habitantes: el que no ve más allá de sus narices

A la par que leía esa entrada en el blog de AMM me topaba con la entrevista que le hicieron a Juan Manuel de Prada para promocionar su nuevo libro. La anterior definición de cateto le venía como anillo al dedo al señor que escribió Coños. Pensé en escribir un comentario en el blog de AMM: la palabra cateto que enlazara directamente con la entrevista. Pero me duró poco la tentación. Temí que mi opinión personal fuera atribuida a AMM si no me censuraban -y en ese blog tienen voz hasta los trolls-. No es que me crea el ombligo del mundo, es que estamos en la era de la desinformación y el escándalo. Cualquier encontronazo entre personajes conocidos, aunque sea artificioso, se convierte en viral. 

A parte de ir de víctima por el mundo, la estrechez mayor de miras de este personaje está en su rechazo al divorcio. ¿Cómo se puede tener tanta falta de empatía? ¿Cómo se puede desear para tu semejante que sufra y se asfixie en una relación donde ya no existe amor? Porque la gente no se divorcia sin razones. ¿O él sí lo hizo? 

La entrevista se titula: Hay quien me quiere ver muerto.

El gran Jabba

Teniendo en cuenta las desproporcionadas dimensiones que está tomando su cuerpo, si realmente hay alguien que desea su muerte, le debe de estar muy agradecido por los esfuerzos que se está tomando en complacerlo.








Doña niñata, por favor

Cuando me llaman besuga, me siento como pez en el agua. Hoy, además de besuga, me han llamado maleducada e ignorante. Hace mucho tiempo que esas caricias sonoras dejaron de molestarme. ¿La razón de los epítetos? Aún la estoy analizando. 

Fue en una reunión de vecinos, a la que asistí como representante de una propietaria que me había contratado para confirmar que todas las obras de mejora que habían planeado hacer en su inmueble estaban dentro de la legalidad. En realidad, poco escapaba al incumplimiento de la normativa. Algunas eran auténticas burradas, como eliminar vestíbulos previos de acceso al núcleo de escalera-ascensor desde el garaje, y todo para que un par de coches no tuvieran que maniobrar para salir de sus plazas de aparcamiento. 

La verdad es que fui una mosca cojonera para el jefe de la comunidad. Dato erróneo que daba asegurando que estaba dentro del CTE, dato que le corregía. Hasta que estalló y vomitó lo que para otros sonaría a insultos y que para mí sólo era un lamento por toparse ante un muro entre él y la posible comisión del constructor. 

O puede que no exista tal comisión y el hombre, simplemente, tuviera hoy un mal día. Lástima que no me llamara niñata también. En esas ocasiones suelo pedir con mucha educación que me pongan el doña por delante. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

Mil maneras de llamar tontos a los usuarios

Hace tiempo me hicieron un test de inteligencia. Ese día, durante unas horas, una profesora en prácticas me miró con asombro y admiración. Mi coeficiente de inteligencia, para ella, era de 165. Por supuesto había trampa. Callé que el test que me había hecho lo conocía de sobra. Durante las interminables horas que permanecía en la sala de espera de la consulta de mi tío Fermín, era psiquiatra, me entretenía con aquellos test que para mí eran divertidos pasatiempos. En realidad mi CI es 99. Tal vez debería ocultar este dato, porque me hace mediocre entre los mediocres, pero me parece que negarlo o acrecentarlo es tan ridículo como hacen algunos con su altura o su juventud. 

Hoy en el periódico venía este reto: 

http://www.ideal.es/sociedad/201612/11/cuantos-triangulos-20161211102450.html

La solución no está disponible en tu región.



¿Qué triángulos sobran? Sospecho que los semejantes, pero de eso no advierte nada el periódico. El enunciado es: ¿Cuántos triángulos ves? No ¿Cuántos triángulos diferentes ves? (el azul de la segunda figura y el rojo de la tercera, por ejemplo, son iguales). 

Si por ahí hay alguien con un CI de 120, por favor, que me eche una mano y desate esta cadena de mis neuronas, o en su defecto, alguien que tenga acceso a la solución del periódico chino.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Llueve sobre mojado

Qué incómodo es sentir frío y tener los pies mojados. Aún no he entrado en calor desde esta tarde. 

Un domingo que prometía ser una isla de tranquilidad y sosiego en mitad de la tempestad del trabajo. Ultimar proyectos con mucha urgencia porque, por diferentes razones, tienen que entrar en los ayuntamientos antes del año que viene, no nos ha dejado ni un minuto de descanso. 

El día estaba planeado: mañana de pereza y lectura; paseo hasta el Albaicín y comer en alguno de los miradores que dan a la Alhambra, paseo de vuelta tranquilos, ver a unos amigos de Guille, gastar la tarde en tapeo y charla... Pero todo se estropeó con el silbidito del WhatsApp a las 8:00. Nos avisaba el vecino del estudio de Málaga. Había llovido durante toda la noche. Su oficina, llena de legajos y papeles -es abogado-, estaba anegada por culpa de una bajante mal sellada desde la cubierta. Había funcionado como un sumidero. Nuestro despacho no había sufrido tantos daños. El agua que se había colado bajo la puerta desde su oficina y la lluvia, traicionera, había lamido las paredes bajo la ventana. Es vieja, de aluminio gris y mate, con mal ajuste. 

El problema no estuvo en el despacho, la odisea fue llegar hasta él por culpa del caos de las calles inundadas. Cuando volvimos a casa a media tarde, estaba congelada y mis pies parecían pasas blancas y enfermizas. 

Rotonda junto a El Corte Inglés


Algo bueno he sacado de todo esto: el callo que tenía entre las almohadillas delanteras del pie derecho se ha desprendido como si fuera una pegatina. 

Justos por pecadores

Mi madre odia el invierno. Se queja de los días tan cortos y del frío. Durante el verano puedo recibir sus llamadas telefónicas en cualquier momento mientras el sol ilumina el cielo, siempre que no ocurra nada malo en la familia, en ese caso puede llamar incluso a las horas más inesperadas de la madrugada. Es como una norma social para ella. No molestar después de la puesta del sol, está convencida que las personas somos como las gallinas de un corral, regidas por la luz solar. En invierno se aventura a molestar a los durmientes porque duerme poco y se aburre mucho. Para llamarme a mí no necesita ninguna razón fija. Desde advertirme que me tiene guardada en la nevera (así llama mi madre al frigorífico) una tortilla de cebolla con patatas, a sus pálpitos. De repente siente que me ocurre algo malo y llama. Por supuesto el azar hace que alguna de sus corazonadas coincida con un accidente o problema. Esas son las únicas que subsisten en su memoria. 

La semana pasada me llamó para preguntarme por mi prima Mariángeles. Murió en 2009 de un cáncer de páncreas. Quería que le recordara el tiempo que estuvo enferma: año y medio. Mi madre se queja de que últimamente todos los recuerdos se apelotonan en su memoria y que un hecho antiguo le parece reciente y viceversa. ¿La razón de la pregunta de mi madre? El grupo de amigas de WhatsApp de mi madre compartían un artículo de El Mundo en el que salía un hombre con cáncer de páncreas desde hacía tres años, con un envidiable aspecto de salud. Mi madre recordaba el color amarillento del rostro de mi prima, la lentitud de sus movimientos porque la enfermedad le comía las fuerzas, el pellejo gris y mancilento que le cubría el esqueleto. 

Mi madre tenía razón. Aquel tipo no tenía cáncer. Este domingo, cuando las obligaciones me han dado unos minutos de descanso, lo he descubierto. El hombre que aseguraba estar enfermo sólo es un jeta, un hijo de puta, que aprovecha una enfermedad real de su hija para recaudar dinero inventándose un tratamiento increíble y fuera de la ley. 

Cuando esta noche hablé con mi madre y le conté la historia que acababa de descubrir. Hubo montones de preguntas: ¿es que los oncólogos no leen los periódicos? ¿Es que los periodistas no contrastan lo que escriben? ¿Es que cualquiera puede abrir una cuenta y recaudar dinero con cualquier fin? Si a un progenitor que mendiga por las calles con su hijo le quitan la patria potestad, ¿no deberían hacer lo mismo con este hombre? El timador asegura que devolverá el dinero a quien se lo solicite, pero, ¿cómo devolverá el dinero recogido en las huchas? ¿Se da cuenta este sujeto de la gravedad de su delito? Y sobre todo, y lo más doloroso, ¿pagarán justos por pecadores


El maullido del bebé

Llueve, pero no salgo a correr aunque me gusta mucho hacerlo bajo la lluvia. Guille está aquí y prefiero estar atada a él porque entre semana sólo es unas llamadas y algunos mensajes. 

Pasa el camión de la basura (70 dB).

En la calle comienzan a verse grupos de personas que vuelven de las cenas y fiestas navideñas. Este año empiezan pronto. 

Hace un rato, un hombre bastante perjudicado por el alcohol, cantaba a pleno pulmón La bicicleta de Carlos Vives y Shakira (60 dB). No lo hacía mal. Habrías sido agradable de escuchar si la bebida le hubiera dejado vocalizar bien. 

Mi vecino de al lado ronca como si fuera una motocicleta que no termina de arrancar (40 dB). 

El frío no impide a la mujer que vive frente a nuestra ventana de la cocina, salir a su terraza lavadero para fumar. La llama del mechero ilumina su rostro unos segundos y luego sólo queda levitando la braza del cigarrillo que se aviva con las caladas. Hace unos meses la mujer comenzó a engordar, como si el humo de los cigarrillos se quedara en su interior y no pudiera escapar. Tardé mucho en darme cuenta que la mujer de enfrente simplemente estaba embarazada. Parió hace unas cuatro o cinco semanas a una criatura pequeñaja y rara porque su escaso tamaño y la piel transparente y arrugada la hacía parecer de cualquier otra especie, pero no humana. Pude ver al bebé de cerca en la farmacia. Por supuesto, mentí y dije que era muy hermoso. 

A veces el bebé llora (20 dB). Es como el maullido de un gato requiriendo atención.

¿Es nuestro cerebro selectivo aún durmiendo? Guille se ríe y burla de mí. No me despierta el camión de la basura, ni los borrachos que con asiduidad pasan bajo nuestra ventana cantando ni siquiera el vecino que ronca, pero sí lo hace el leve maullido del bebé. 

domingo, 27 de noviembre de 2016

Hablar por hablar

Me sorprende comprobar que aún echan un programa de radio que me gustaba escuchar mientras dibujaba de madrugada durante los años de la carrera. Por aquel entonces ya tenía un tufillo a antigualla y decadencia: Hablar por hablar. Me mantenía despierta porque me encorajinaba. Gente llamaba para exponer un problema y otra gente llamaba para aconsejar cómo resolverlo. Recuerdo algunas llamadas con nitidez. Un señor aseguraba ver sombras y personas en su casa, en lugar de sugerirle que fuera al médico para que le miraran si tenía un tumor cerebral, le hablaron de fantasmas y de la necesidad de un sacerdote purificara su casa. Una mujer llamó para contar que le había hecho una atadura a su pareja echándole sangre menstrual en el café (¡puag!!!). No recuerdo bien cuáles fueron las respuestas, pero ninguna de ellas llamó asquerosa e insensata a la hablante, tampoco pidieron que denunciaran al vidente majadero que le había vendido ese remedio para no perder a su pareja. 

Creo que la población de Granada somos como una enorme marabunta que nos movemos al unísono. Llega el verano, y la mitad de Granada se puede encontrar en la costa de la provincia; llega año nuevo, y todo dios está en la plaza del Carmen; llega el viernes negro y muy pocos quedaban deambulando por las calles desiertas de la ciudad: nos habíamos ido al recién abierto centro comercial Nevada. Allí encontré el viernes por la tarde a un compañero, oficial de primera en algunas obras que dirigí antes de la crisis y que la necesidad de ganar dinero lo había llevado a probar en el mundo de la droga. Lo pillaron en Portugal a las primeras de cambio y estuvo encerrado varios años. Salió recientemente, tres o cuatro meses. Cuando lo vi por primera vez, parecía un esqueleto cubierto con un disfraz de pellejo; ahora ha recuperado su rostro y hasta su sonrisa. Iba acompañado por su mujer e hija. La hija, preadolescente, requería toda la atención del padre y él se dejaba arrastrar. Caminé un rato a solas con la mujer de mi compañero. Sé que fue un cabrón por lo que nos hizo; un hijo de puta porque para que nosotros tuviéramos dinero iba a mandar a la mierda la salud de mucha gente. Toda mi familia y amigos me aconsejaron que lo dejara y yo comprendía que tenían razón porque un tío decente no hace esas cosas. Antes ponerse a pedir o a buscar chatarra que hacer eso. Pero cuando vino a recoger a la nena, porque le correspondía llevársela los fines de semana alternos, y lo vi tan flaco y empezaron a caérsele las lágrimas en cuanto vio a la niña, mandé a la mierda todos los consejos y ya no lo dejé salir de casa. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

Género a saldo

¡Menudo cabreo tiene mi amiga Julia! El ascenso que le correspondía a ella se lo han regalado a un chaval por su linda cara, literalmente, por ser guapo. 

Mi amiga trabaja en una fábrica de ropa. El chaval entró hace cuatro o cinco años con un título universitario de diseñador, con muchas fantasías en la cabeza y pocos conocimientos. Mi amiga le tuvo que cerrar en más de una ocasión la boca porque siempre andaba alardeando de saber de qué diseñador era tal o cual prenda. 

Desde el principio la jefa lo tuvo debajo de su ala. Se nota que le gustaba porque si iba un poco arreglado, con unos vaqueros que le marcaran los glúteos o una camiseta que le dibujara la tabletilla de chocolate, lo mandaba con cualquier excusa a la jefa de personal para que ella también disfrutara de la visión. 

Y es que su jefa se desvive por los tíos. Así, mi amiga Julia tiene nulas posibilidades de ascender. El anterior ayudante que tuvo su jefa, al que también ascendió, se quedaba a deshoras, cuando todos se habían ido ya, con el pretexto de terminar un trabajo. Era un poco escuchimizado, poquita cosa, flaco y excesivamente tímido. Mi amiga Julia y yo nos echamos unas buenas risas imaginando qué le hacía a la jefa en la intimidad de la fábrica, porque a ese no lo ascendió porque estuviera bueno. Alguna compensación debía de proporcionarle.

¡Qué asco de tíos! Sólo con estar buenos, o con prestarse a hacerle algunos favores a las jefas, ya consiguen lo que se propongan.

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Tengo una amiga Julia, pero es ingeniera de caminos. El día que la ascendieron en la empresa de micropilotes en la trabaja, sus ojos terminaron como los de una brótola por el llanto. Uno de sus compañeros aseguró que la habían ascendido sólo por ser guapa. 

Antes de conocer a Guille tuve un novio aparejador. En varias ocasiones me hizo callar delante de nuestros amigos, ridiculizando mis conocimientos sobre arquitectura, aunque él no había terminado su carrera y yo sí la mía.

A mi amiga Manoli, delineante, durante su etapa de becaria, su jefe le hacía ir de un despachos a otro con una nota. Las risitas tontas de los destinatarios de la nota le hizo sospechar y la leyó. Su jefe pedía que le miraran el culo. 

En el primer trabajo que tuve me quedaba más tiempo que mis compañeros porque pagaban las horas extras y necesitaba dinero para no depender de mi madre. A las pocas semanas me cedieron uno de los pocos despachos individuales que había y me dieron las llaves del estudio. Un compañero aseguró que me lo había ganado haciéndole felaciones al jefe y que él nos había pillado. 

Los anteriores ejemplos, ¿se pueden considerar violencia de género? Hacen daño y derramar lágrimas, pero la mayoría de nosotras respondería que no a la pregunta. 

Es curioso, con sólo el intercambio de sexo de los personajes, las injusticias se hacen más evidentes.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El dictador estilizado

En China está prohibido reconocer que Kim Jong-un está gordo u obeso.

El susodicho

Pero, lo de los mandatarios chinos, ¿va en serio?

La autoridad suele tener razón:

Kim Jong-un no está gordo, es que tiene el esqueleto grande.
Kim Jong-un no está gordo, es que se está preparando para dar el estirón.
Kim Jong-un no está gordo, retiene gases.
Kim Jong-un no está gordo, tiene un embarazo psicológico.
Kim Jong-un no está gordo, es orondo.
Kim Jong-un no está gordo, intenta parecerse a su personaje favorito de la ficción: Sancho Panza.
Kim Jong-un no está gordo, su ardua lucha contra la anorexia le da ese aspecto.
Kim Jong-un no está gordo, sólo aspira a que Botero lo pinte.
Kim Jong-un no está gordo, todas las fotografías del dictador norcoreano están retocadas por los norteamericanos y los surcoreanos.
Kim Jong-un no está gordo, el dictador está haciendo un esfuerzo sobrehumano para que sus vasallos puedan verlo en las pequeñas pantallas de sus teléfonos móviles.
Kim Jong-un no está gordo, admira a los hipopótamos y quiere parecerse a uno.
Kim Jong-un no está gordo, está siendo envenenado con alimentos hipercalóricos por organizaciones de cocineros subversivos.
Kim Jong-un no está gordo, es friolero y el montón de ropa que utiliza lo hace parecer.
Kim Jong-un no está gordo...


Kim Jong-un no estaría gordo si tuviera la misma dieta que la mayoría de su pueblo. 

Es sorprendentemente amable el artículo que la Wikipedia dedica a Kim Jong-un.



martes, 22 de noviembre de 2016

El domador de bestias

Un mujeriego que seduce a una niña mojigata e inocente. Un mujer joven aburrida y agotada de estar bajo las órdenes de unos padres muy protectores. Una pareja que se enamora y casa demasiado jóvenes para saber a qué se enfrentaban. Parecen tres historias diferentes, pero es la misma. Las tres versiones auténticas y falsas a la vez, dependiendo de quién la relate. Seguramente habrá una cuarta y una quinta versión, la de los padres del hombre, mi suegro biológico: una casquivana que seduce a un muchacho sin muchas luces.  

Estos días que Guille no está y comparto a solas muchos momentos con su madre, me hace su confidente. Por primera vez me habla directamente del padre de Guille. Su primer matrimonio, apresurado que costó más dinero descomponer que componer. Mi suegra se casó con el primer hombre decente que le propuso matrimonio porque no se llevaba bien con sus padres, con su madre en concreto. Aunque ahora la recuerda con cariño, está convencida que la madre la quería para ella sola, para que le hiciera compañía si enviudaba. Asegura que sería muy fácil echar la culpa del fracaso de su primer matrimonio a su madre, entrometida hasta en los más mínimos detalles; pero no se miente, y mi suegra sabe que fue culpa suya. Se creía capaz de cambiar al padre de Guille. Acomodarlo a su forma de ser, y por supuesto, se equivocó. 

Está convencida que Guille sí lo habría hecho cambiar, si le hubiera dado un poco de tiempo, porque su hijo se obstina tanto en que la gente razone, que consigue que nadie discuta a su alrededor. ¿A quién habrá salido?, se pregunta su propia madre. Los otros dos hijos no se le parecen en nada. Estoy convencida que la genética no ha tenido nada que ver en la idiosincrasia de Guille. Se ha contagiado de la forma de ser de su padre no biológico, por mimetismo y porque se sentía agradecido con aquel hombre que no siendo de su propia sangre, lo trató siempre como uno más de sus hijos. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Ciegos

Los hoteles más desconocidos son los de la propia ciudad. Buscamos uno cerca de casa para los padres de Guille y su tía, con accesibilidad para misnuválidos porque mi suegro necesita una silla de ruedas para moverse por culpa de los achaques que le empezaron a atacar sin piedad desde que se jubiló, como si el trabajo lo hubiera mantenido sano hasta el momento de cerrar el despacho. 

La normativa de minusválidos es muy estricta. Fija el tamaño mínimo que debe dejarse para los pasillos, las puertas, la pendiente máxima de las rampas, la altura de los botones de los ascensores...

Mi cuñada negra asegura que los blancos nos pringamos de su color cuando vamos con ella, y tiene razón, porque recibimos el mismo trato. Lo mismo ocurre cuando vas junto a quien utiliza una silla de ruedas: te topas con sus problemas y con el trato que recibe.

Para llegar a la recepción del hotel mi suegro tiene que recorrer un pasillo estrecho, en pendiente, sofocante, interminable, lleno de los olores que los extractores de la cocina no consiguen atrapar, sin decoración, con la mortecina luz ahorrativa de los lugares no destinados al público y atestado de personas apresuradas a la hora de cambio de turno del hotel porque es la entrada destinada a los trabajadores. 

Me sonrojo al recordar algunos proyectos que he hecho. Cumplir la normativa de minusválidos era como un ladrillo más en un gran muro, un simple trámite que solventar, y poco importaba que el baño destinado a minusválidos en un bar estuviera en el fondo del almacén o que el acceso a los ascensores de una urbanización se tuviera que hacer desde el garaje porque el portal tenía escalones. 

En la facultad nos enseñan a tener sensibilidad con la combinación de los colores y las proporciones de las formas, pero no en el trato de las minorías. No es suficiente con cumplir con las medidas mínimas impuestas por la normativa, hay que evitar que se sientan ciudadanos de tercera. 

sábado, 19 de noviembre de 2016

El glorioso alzamiento de la parodia eclesiástica

La muerte de mi tío Pepe fue un asesinato largamente anunciado. Lo mató una depresión nerviosa en un descuido de mi tía. Se colgó de un gancho de la lámpara utilizando la bufanda roja de su mujer. Mi tío Pepe era un hombre algo arisco, como todos en mi familia, pero también muy buena gente. Aunque fuera beato, de misa dominical y cofrade de la Hermandad de Nuestra Señora de la Fuensanta, dudo que su bondad se debiera al temor a Dios. 

A pesar de los esfuerzos de su mujer, mi tío nunca ha tenido un funeral ni una misa por la salvación de su alma. En los pueblos pequeños se conocen todas las personas y todos los sucesos y los suicidas, al parecer, sin contar con que la mayoría no son dueños de su razón, atentan contra la voluntad de Dios y no tienen derecho a su misericordia. En contradicción, los dictadores asesinos y los golpistas, sí merecen el perdón divino: El arzobispado de Granada dará una misa por Franco y Primo de Rivera

¡Qué asco!

viernes, 18 de noviembre de 2016

Sin alma

Guille ya no lee este blog, pero me pregunta sobre qué escribo. Creo que teme ver algún comentario sobre él que no le agrade. ¿Trump? Propone y acierta. Para Guille Trump, a medida que va saliendo a la luz su equipo de gobierno, es como un meteorito que se acerca y amenaza a la Tierra; una destrucción masiva de la que nadie puede salvarse.

¿El Pequeño Nicolás? Vuelve a proponer y esta vez se equivoca. Me enseña la fotografía de ese sujeto en el periódico. Tiene cara de bobo, con la boca medio abierta; de gilipollas, con la mirada caída. Parece blandito, sin huesos, alimentado exclusivamente de bollería industrial y gominolas de ositos de colores.

Le aclaro que escribo sobre mi abuela. Está convencido que mi abuela y mi madre merecen una película o una novela, por su forma excesiva de aferrarse a los hombre que amaron. Piensa que sería una novela o película romántica; pero yerra. Simplemente serían dramas anodinos y aburridos, interminables. En la ficción es fácil confundir la enfermedad, la pereza o la inercia con el amor. 

Existe una profunda frontera entre la fantasía y la realidad. El secuestro de una mujer por una bestia en la realidad es atroz y cruel; en la ficción esa historia se puede convertir en un cuento infantil, sobra con negar el miedo y los deseos de libertad de la mujer. Después de todo, y con los tiempos que corren, es posible que las mujeres volvamos a perder nuestra alma. 

Cizañera

¿Dónde diablos van a parar mis impuestos? Guille trabaja en una universidad para pijos en Madrid; yo, en Granada, Málaga, Jaén y esporádicamente en Barcelona, haciendo proyectos. Los trimestres y el IVA lo pagamos indistintamente en Madrid o Granada, por la banca electrónica. Pagamos el IBI en Barcelona y Granada. Impuestos de rodaje en Madrid, Granada y Barcelona. Y el IVA allá donde se tercie, como todo dios. Guille sí dispone de Seguridad Social, pero yo no. Hace algunos años me abrí la cabeza: traslado en ambulancia, siete puntos y la antitetánica. Tuve que apoquinar más de 2.000 euros a la SS, aunque luego mi seguro me retribuyó lo pagado.  

¿Qué se paga con mis impuestos? Según Cristina Cifuentes, la sanidad y la educación de Andalucía, al menos los impuestos que pagamos en Madrid, los que pagamos en Andalucía, no lo sé, quizá sirva para subvencionar a las empresas la hora de la siesta. 

Si fuera así, si fuera directamente a la sanidad y educación, no me importaría. O si con ellos se pagara la educación y sanidad de Galicia, Extremadura o Madarcos. Lo doy por bien empleado. Lo triste es que sé que parte de esos impuestos servirán para satisfacer los caprichos y placeres de los políticos, disimulados en viajes o comidas de trabajo. 




jueves, 17 de noviembre de 2016

Crueldad infantil


Si a Celia Villalobos le dejaban jugar al Candy Crush, ¿por qué a ellas no? Más teniendo en cuenta que para cuando sean mayores y el Rey abdique o muera en España habrá una república. 

Las niñas ya no quieren ser princesas, quieren salir en Gran Hermano.

El perfume

El recuerdo que tengo de mi abuela materna durante mi infancia es el de una señora mayor, sumergido en un luto infinito por la muerte prematura del hombre que amaba. Su pelo no fue tocado por una peluquera en décadas. Lo llevaba recogido en un moño bajo, apretujado en la nuca, que se hacía sin necesidad de ayuda ni de mirarse al espejo. Los ojos verdes, la piel morena, a juego con la ropa siempre oscura. Los únicos artificios que se permitía eran unas gotas de perfume y cubrirse las rosetas de sus mejillas, provocadas por los sofocos de la menopausia, con maquillaje. Ambos, el maquillaje y el perfume que utilizaba, los he recuperado gracias a la amabilidad de la gente y de su buena memoria. Un bote de perfume con un palito, y ya sabían cuál era.



Luego el aspecto de mi abuela cambió. Tan repentinamente que fui incapaz de reconocerla la primera vez que la vi tras la mutación. Dejó de necesitar las horquillas para el moño porque se cortó el pelo muy corto, por encima del hombro, y se lo tiñó de un color extraño, blancuzco y morado a la vez. Era elegante, distinguida, delicada, y fantasmal a la vez. Parecía que quisiera desaparecer antes de dejar de vivir eliminando de ella todo color. Desde entonces no volvió a utilizar ropa oscura, sólo colores pastel. Hasta su piel, siempre atezada por gustarle estar al aire libre, se volvió lechosa.

No importó que no la reconociera por culpa de su cambio de aspecto, ella me confundió con mi madre.

martes, 15 de noviembre de 2016

No es país para pobres

Sé que casi todo tiene un precio. Los aprobados: en el primer estudio de arquitectura que trabajé se hacían proyectos para presentarlos en la universidad (el jefe se hacía el longui para que su conciencia quedara tranquila). La fuerza de la gravedad, o, al menos, burlarse de ella con estructuras para viviendas unifamiliares que cuestan lo que un rascacielos. El amor: sobra mirar una revista de la farándula para toparse con parejas dispares; intercambio de belleza por comodidad económica... Mi madre cree que hasta la vida tiene un precio. Está convencida que si hubiéramos podido llevar a mi padre a uno de esos famosos hospitales de EEUU, aún estaría vivo. Yo estoy convencida que, de haber servido para algo, sólo habría sido para prolongar su agonía. 

Si casi todo se puede comprar y quien tiene dinero sólo tiene que soltarlo para satisfacer una necesidad o capricho, ¿por qué, encima, muchas leyes les benefician a ellos exclusivamente y olvidan a los más desfavorecidos?

Un cliente ha comprado 4.500 m² de tierra de regadío en la costa tropical granadina. Quiere plantas kiwis amarillos. Está convencido que tendrá éxito, incluso tiene un estudio que lo corrobora. Pero los kiwis amarillos para los cacos son tan codiciados como el propio oro; por lo que la plantación necesitaría vigilancia constante, y para la comodidad del vigilante es necesaria una vivienda, pero la normativa exige que la plantación tenga 5.000 m² para que en un terreno rústico se pueda edificar. Para el arquitecto municipal la solución es fácil: Que compre 500 m² de tierra más. De repente me entraron ganas de hacerle tragar el proyecto que acababa de enseñarle; incluidos gusanillos y carpeta. 

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿A qué huele la luna?

Meto las narices en el pelo de Guille y aspiro. Probablemente el olfato es el sentido que menos estimamos, exceptuando si es catador de vinos o diseñador de perfumes. Pero realmente se echa en falta cuando se ha perdido y se agradece cuando se recupera. Guille me espanta como si fuera un molesto moscardón. Pero qué te pasa, me pregunta, si mi pelo huele igual que el tuyo. He utilizado el champú que tenemos en la ducha. Se equivoca. El olor del champú es más intenso y nítido en su pelo. Es un perfume artificial a manzanas. Las manzanas reales no huelen así, pero la industria de la perfumería nos ha adiestrado para que las identifiquemos con ese aroma. 

Algunos olores, como si estuvieran atados por un hilo invisible, arrastran con ellos recuerdos; otras veces es al contrario, cualquier cosa está asociada a un olor. Deberá trascurrir mucho tiempo para que mi cerebro deje de identificar los planos y fotografías de La casa de los pájaros con el hedor a guano de paloma y a humedad rancia de lugares largamente cerrados. O la 5º Sinfonía de Beethoven, para mí siempre olerá al perfume Anaïs Anaïs. Estaba en el instituto, conseguí superar la reticencia a ir sola a un concierto de música clásica. La madre de la compañera con la que me quedaba aquel fin de semana, después de peinarme con una trenza francesa, me roció con su perfume. 

Me alegra haber recuperado ya el olfato perdido por el resfriado. Seguro que la luna gigantesca que estoy viendo en este momento, oronda, brillante, tímida tras una neblina de humedad, por encima del perfil de Sierra Nevada, estará asociada al perfume sutil de los jazmines que el frío aún no ha derribado y que crecen en algunos patios de los alrededores.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Quijote contra el gigante del pelo-panocha

Mi cliente lucha sola contra toda una comunidad de propietarios. En su edificio vive una señora que utiliza sillas de rueda. Sus vecinos quieren poner un ascensor sin sala de máquinas y convertir el recinto que ocupa ahora el motor del ascensor, en un lavadero. El nuevo ascensor tendrá una cabina más pequeña: puerta de 70 cm, 0.92 m de fondo y 0.90 m de ancho; insuficiente para una silla de ruedas.

Mi cliente, en cuanto el Ayuntamiento dé el visto bueno al proyecto de cambio de ascensor, presentará una solicitud para la eliminación de barreras arquitectónicas, y el nuevo ascensor lo es por sus escasas dimensiones. Me gustaría empezar a aplaudir ya ante la convicción de que el tema quedará sanjado en ese punto; pero la comunidad de propietarios puede presentar un documento alegando que asume las responsabilidades y el Ayuntamiento terminará lavándose las manos. 

Las primeras manifestaciones contra Trump que se dieron en EEUU, me molestaron porque creía que no eran democráticas. Iban contra un presidente elegido por sufragio. Pero los manifestantes contra Trump no son diferentes a mi cliente que antepone el derecho de la movilidad de una persona, para que sea igual al resto, que a la decisión de la mayoría. Winston Churchill dijo: La democracia es el menos malo de los sistemas políticos; lo que significa que no es perfecto. Tenemos derecho a luchar si pensamos que la mayoría está equivocada, y si la mayoría acepta a un presidente que margina y odia a las minorías, lo está.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Todo lo malo puede empeorar.

Las manos de mi cuñada son muy elegantes: finas, delgadas, de dedos largos y uñas cortas, cuidadas; de palmas casi blancas y color chocolate puro en su reverso. Esas manos han sostenido decenas de corazones humanos palpitantes. Dice que es como sostener a un animal vivo y autónomo. 

Mi cuñada se compenetra muy bien en mi familia porque, como nosotros, es un poco pavisosa, poco dada a la jarana y las exageraciones. Pero cambia por completo cuando ha tenido un buen día en el trabajo, sus ojos brillan como si tuviera el cerebro lleno de bombillas y su voz se vuelve cantarina. 

Hace unos seis meses que no ocurre eso. Consiguió una beca para estudiar un procedimiento pionero de trasplantes de válvulas de bobino en Los Ángeles. Ahora cuenta el tiempo que le queda de contrato como si fuera una condena. El procedimiento, que al final no era tan novedoso como aseguraban, lo conoce a la perfección en la teoría, pero aún no ha podido entrar en un quirófano para ayudar a llevarlo a cabo. La mayoría de los días su trabajo podría hacerlo un celador sin cualificación. 

Es el color de su piel lo que la mantiene apartada de los quirófanos y los pacientes. Con la premisa de que el cliente siempre tiene la razón, aceptan que los enfermos no quieran que ella los asista amparados en que los negros tienen peor preparación que los blancos por ir a peores colegios y universidades.

Pensábamos que mi cuñada exageraba, que simplemente no se había adaptado aún a su nuevo hospital y que echaba en falta que en el otro, el de Londres, fuera una eminencia para sus compañeras: cualquier duda que tenían se lo preguntaban a ella. Comprendimos que no exageraba cuando en el periódico apareció la noticia de que una azafata había rechazado la ayuda de una doctora porque creía que no lo era por ser negra. 

Ingenua de mí. Conociendo el racismo que en la actualidad existe en EEUU, pensaba que no podía aumentar, pero me equivocaba. Desde las elecciones se han dando brotes racistas hacia algunas minorías. Como si no sobrara con el que ya existe.

jueves, 10 de noviembre de 2016

Los ni pollas

En Granada existen palabras, expresiones y coletillas que fuera de sus fronteras pueden parecer malsonantes. Aquí te pueden decir que tienes malafollá y no debes mirar a tu pareja con ojos acusadores, sólo te están asegurando que eres antipático o arisco. 

Una coletilla muy usada es ni pollas. No creo que tenga significado, sólo sirve para hacer hincapié en lo que se dice, o para asentir.

En el bar al que suelo ir a desayunar hay dos señores que utilizan tanto esa coletilla que Guille y yo los conocemos por Los ni pollas. Llevaba unos días sin verlos. Temí que se hubieran mudado de bar, pero en realidad he sido yo la que he cambiado de horario, como el resto del país. Solíamos encontrarnos a las nueve. Hoy que he tenido que madrugar un poco más, me los encontré sentados a su mesa de siempre, junto al escaparate del bar, mirando al exterior y conversando. 

Poco a poco he ido conociendo sus historias. Ambos eran camioneros y ambos están jubilados, uno por ser mayor de edad, el otro por una lesión en la espalda que le hace ir tieso, como si estuviera empalado. Se parecen tanto físicamente que podrían pasar por padre e hijo, aunque no tienen parentesco, o al menos no lo reconocen delante de la camarera. 

Una de las últimas veces que los vi, fingían encontrar razones para que todas las mujeres del alrededor fuéramos violadas. Un presentador de televisión había culpado a la víctima de la violación de los San Fermines de habérselo buscado por haber ido con cinco hombres por una zona apartada. Fingían estar en su mente y pensar como él, hasta que su propia parodia los puso demasiado tristes. 

- Menudo hijo de puta -dijo el mayor. 

- Ni pollas, tío -asintió el otro.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Born in the USA

¿Y si yo hubiera nacido en EEUU? No es una idea descabellada. Mi abuelo materno no sé, murió demasiado pronto, pero el paterno tenía el culillo inquieto y andaba siempre de un lado para otro. Casi toda mi familia lo tiene. A veces es difícil de saber dónde se encuentran. Mi tío Fernando, antes de fallecer, cobraba cinco pensiones diferentes, de cinco países diferentes.

Si hubiera nacido en EEUU, supongo que el inicio de mi vida no habría sido muy diferente al que fue: cada pocos meses mudándonos de base aérea, con amigos intermitentes que aparecían y desaparecían y volvían a aparecer o desaparecían para siempre. Supongo que mi padre también habría enfermado y muerto. Pero en lugar de depender del apoyo de un capitán, seguramente habríamos puesto una demanda contra las tabaqueras por el cáncer que lo mató y es posible que hubiéramos ganado, convirtiéndome en parte de la clase acomodada.  Supongo que también habría sido arquitecta, haría casitas unifamiliares de cartón-yeso. En lugar de preocuparme la fuerza de la gravedad, lo harían los insectos y el fuego (existe la arquitectura perfecta, pero es demasiado cara). 

¿Qué habría hecho frente a las urnas en un día como ayer? ¿Habría votado a Cliton o a Trump? Si hubiera pertenecido desde muy pequeña a una familia acomodada, ¿me parecería normal y exigible que los gastos médicos de la sociedad se pagaran entre todos, aunque yo estuviera completamente sana? O puede que pensara como el matrimonio estadounidense que conocí hace poco y creyera que los pobres y enfermos es un lastre en el que no deben gastarse nuestros impuestos. Probablemente, como casi la mitad de los votantes, yo también habría elegido a Trump. 



Quizá, para tener una sanidad pública y universal en un país, sea necesaria una educación desde la infancia. Echamos pestes de ella, pero recapacitando, deberíamos estar orgullosos de nuestra sanidad. 

martes, 8 de noviembre de 2016

Que Dios nos coja confesados

Menuda cara debemos de tener en este momento de la madrugada la mayoría de nosotros. Muchos pasos hasta el espejo más cercano y demasiada pereza, para verificar la mía. 


Y ahora, ¿qué? Sería muy cómodo pensar que las elecciones en un país tan lejano no repercute en nuestra vida cotidiana, pero eso sería mentir. Acabamos de salir de la indecisión económica de algunas empresas internacionales para invertir en España debido a la falta de gobierno; esperemos que un extraño efecto mariposa no nos vuelva a meter en el hoyo en el que hemos estado enterrados agonizando.

Por primera vez ruego que un presidente no cumpla con su programa electoral. Sería un lastre para el mundo interactuar con un país tan importante como EEUU con una política social de hace tres cuartos de siglo.

La delgada línea roja

Desde antes de los 6 años supe que quería ser arquitecta. Me encantaba ir a la oficina de obras, me dejaban entrar aunque mi padre ya no estuviera allí, y oler los planos que apestaban a amoniaco o imaginar en la realidad las habitaciones que en el papel sólo estaban limitadas por trazos negros. 

En mi familia somos de vocaciones tempranas, obstinadas y persistentes. A mi hermano mayor tuvieron que regalarle un juego de destornilladores cuando cumplió 8 años. Ya sabía que quería ser ingeniero mecánico. 

Durante algún tiempo mi familia intentó persuadirme para que no siguiera con la fantasía de querer ser arquitecta. Tardé mucho en aprender a leer y estaban convencidos que creciera con el lastre de una frustración. Comprendían que, sin saber leer, era imposible conseguir una licenciatura. 

No siempre se puede ser lo que se desee, por mucho empeño que se ponga en ello. Mi hermano mediano no pudo ser piloto por la tendinitis crónica que tiene en los brazos. Mi primo Carlos no pudo ser profesor por la dislexia. Una amiga no puede ser azafata de vuelo porque una lesión en la espalda le impide levantar peso... 

Una mujer gallega ha perdido el útero y estuvo a punto de perder la vida porque los médicos de su comunidad, por la objeción de conciencia, se negaron a practicarle un aborto de un feto no viable. ¿Dónde debe estar el límite de la objeción de conciencia de los médicos? ¿Un médico con objeción de conciencia está capacitado para serlo, teniendo en cuenta que produce dolor y pone en peligro la vida de sus pacientes? Tal vez por empatía con la señora gallega esté obcecada con este tema y soy incapaz de verlo con claridad. Pero, en todo caso, ¿en la medicina pública, no deberían prevalecer los derechos del paciente antes que los de los médicos? 

lunes, 7 de noviembre de 2016

¿Y si el mono está en lo cierto?

A veces confiamos más en un animal para hacer un pronóstico que en las encuestas o los indicios. A los norteamericanos y canadienses una marmota les informa del fin del invierno. Los alemanes tienen a un pulpo que les pronostica el vencedor de un partido de fútbol. Y ahora en China un mono vidente predice el triunfo de Donald Trump en las elecciones de EEUU. ¿Y si todas las encuestas están equivocadas y el mono tiene razón? El azar, a veces, juega esas malas pasadas. 

En mi familia, el más sesudo, para la política o cualquier otro tema, es mi tío Fermín. Le pregunto a él. Cuando mi tío no ha recapacitado previamente la pregunta que se le hace, necesita unos segundos o minutos para dar su respuesta. 

¿No es extraño que de todos los candidatos republicanos saliera elegido el más inepto? -se pregunta mi tío a sí mismo-. Y por otra parte está el Brexit. ¿Ocurrirá algo en breve en Alemania? ¿Ganará la ultraderecha? ¿Se está aislando el mundo anglosajón? ¿Con qué propósito? ¿Se está buscando un mercado más liberal, sin tantas normas, más flexible? ¿Debemos mirar al este? ...

Cuando mi tío dejó de hacerse preguntas y reflexionar, me respondió: Ganará Trump, sin duda. Aprende chino. 

domingo, 6 de noviembre de 2016

Noticias de paja

Hasta ayer por la tarde no tenía ni pajolera idea de quién es Pilar Rubio. No veo la televisión y cuando voy a la peluquería recurro a mi libro electrónico para pasar el rato. Pero ayer venía en el periódico que alguien (Internet es bueno para el anonimato) llamado Lisa, acusaba a esa presentadora de fingir sus embarazos y utilizar a una amiga para la gestación, supuestamente porque ella no puede quedarse embarazada (este dato me tocó mucho las narices). Lo ridículo de la noticia no le ha quitado espacio en muchos periódicos digitales (no sé si también en los de papel). 

Desconozco cómo trabajan los periodistas, ni si consideran lícito publicar una noticia con visos de falsedad. Desmontar la acusación es fácil. A mí, que no tengo conocimientos de estos personajes y sólo dispongo de Internet para investigar, me ha llevado diez minutos. 

Integram de la señora friki que ha inventado la trola: pilarrubio_embarazosfalsos.

Integram de la amiga de Pilar Rubio que supuestamente, por generosa, regala bebés: karenparraalonso

En una de las fotos del Integram de Karen Parra, se la puede ver asistiendo al Rock Fest de Barcelona de 2015. 


El Rock Fest de Barcelona de 2015 se celebró los días 23, 24 y 25 de julio (dato sacado de la Wikipedia). 

Según también la Wikipedia, el segundo hijo de Pilar Rubio nació el 14 de noviembre de 2015. Quien lo gestara, en julio estaba de cinco meses. Sólo los obcecados y fantasiosos pueden ver en el cuerpo de la mujer de la fotografía un embarazo de cinco meses. 

De este caso no me ha tocado las narices la señora (o señor) que, sobrada de tiempo, se ha creído Sherlock Holmes y ha inventado una fantasía movida por los celos a la presentadora o la necesidad de sus quince minutos de fama. Lo que me ha molestado, y mucho, de esta noticia, es que esté ocupando espacio en nuestros periódicos, los que se están convirtiendo en panfletos fantasiosos que dan más crédito a una mentira que se desmonta en diez minutos, que a cualquier acontecimiento social que ocurre a nuestro alrededor. 

La Rosaline de Romeo

Aunque lo parezca, el odio no es la antítesis del amor, lo es el olvido y la indiferencia. 

Cuando en el colegio estudiamos Romeo y Julieta -hasta hicimos una pequeña función con la escena del balcón- la profesora de lengua, que debía de tener algún problema profundo con los hombres, la emprendió contra el desdichado Romeo, que había sido capaz de matar y morir por Julieta pero que hasta el momento de conocerla perdía el seso por otra mujer. Me temo que si hubiéramos tenido un compañero masculino haciendo de Romeo, la profesora habría rodeado el cuello del chico con sus manos hasta dejarlo sin respiración. Recuerdo con mucha nitidez aquellas clases por el entusiasmo de la docente. Lástima que no tuviera confianza con ella, sentía, y aún siento, mucha curiosidad por la historia que se deducía de su antipatía por un simple personaje de una obra de teatro. 

Los amigos de Guille están rodeados de satélites: más amigos, mujeres, novias, hijos... Uno de esos satélites era Clara, la mujer de Fernando. Se divorciaron el año pasado. Las razones las desconozco. Desde entonces Clara desapareció de nuestras vidas... hasta esta noche. Llamó a casa. con la excusa de pedirme el número de teléfono de Fernando porque ella lo ha borrado de su memoria y necesita recoger unos documentos que dejó en su casa. Una excusa y sólo una excusa porque Fernando sigue teniendo el mismo número fijo que compartía con ella. ¿Quién puede olvidar su número de teléfono por mucho tiempo que haya pasado? En realidad Clara sólo quería hablar de Fernando, sonsacarme datos de la desdichada vida de su exmarido sin ella. Ha sido complicado mantener esa conversación sin darle a conocer la verdad: hace mucho que Fernando la ha olvidado. Prefiero que sea otro quien la haga sufrir. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

¡Corre!

Gracias al resfriado me permito un par de días y sus noches de pereza. No estoy acostumbrada a dormir tanto y lo hago, como dice mi madre, a trompicones, cada poco me despierto convencida que hago mal estando dormida a esa hora. Cuando no es la la alarma de derrochar el tiempo, son los sueños los que me espabilan. 

Estoy con mi cuñada, hace frío, pero vemos una película en un cine al aire libre, en una plaza, junto a un monumento que parece una maqueta del edificio Intempo. De vez en cuando nos sobrevuelan aviones. Son manchas oscuras dentro de la oscuridad de la noche. Uno de ellos, muy grande, vuela tan bajo que podemos distinguir las luces que sale de sus ventanillas. Le prestamos atención sólo un instante. Los demás espectadores también lo miran sólo durante un segundo, menos alguien que grita: fuego. Ya nadie mira la pantalla. De la sombra negra que es el avión, escapa una nube densa de humo y naranja por las llamas, como si se tratara de una nube en una puesta de sol. Tardamos en reaccionar, tal vez porque el avión ya ha pasado sobre nosotros y nos creemos a salvo. Pero nos llega una lluvia de gotitas de combustible. Puedo oler el gasolina del avión, tan diferente a la de los coches, siento el frío que produce al evaporarse, el picor en los ojos, el sabor amargo al no poder evitar que se cuele en mi boca... Mi cuñada me coge de la muñeca y pide que corra. Obedezco, aunque al girar la cabeza compruebo que hay objetos ardiendo a pocos metros del suelo. Sé que los vapores del combustible convertirán todo en una enorme bola de fuego y que no podremos escapar a tiempo, y sin embargo, corro. 

Despierto antes de que ocurra el desastre. Mi olfato lleva unos días de vacaciones, pero creo percibir, aún despierta, el olor a combustible de avión. Guille acaba de llegar. Le pregunto si sus sueños tiene olores. Pone cara de duda y luego niega. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

El lado oculto del iceberg

Cargo con las consecuencias de haberme disfrazado de putón verbenero el sábado por la noche, para una fiesta de Halloween. Mi cuñada me había conseguido un disfraz de payasa diabólica, pero aquella misma mañana en el periódico la policía advertía que no eran aconsejables. Ahora tengo un resfriado de dos pares de narices. 

Las antiguas compañeras de restauración de mi cuñada la habían invitado a la inauguración del restaurante de un hotel de Motril. Como suele ocurrir, esas fiestas son divertidas para quien tiene intención de cazar o para quienes conoce a la mayoría de las personas, y yo no me encontraba en ninguna de esas situaciones. 

Terminé dando vueltas con un canapé en una mano y un coca-cola en la otra, escudriñando los disfraces de la gente. Los más llamativos eran una pareja que iban uniformados con disfraces venecianos. Era una pareja norteamericana, de Dallas, Texas; aunque ninguno era oriundo de EEUU. El hombre nació en Italia y ella era española. Inevitable preguntarle por las próximas elecciones. La mujer, mientras su marido asentía, respondió: 

Trump parece muy loco, y hace muchas tonterías; pero no me extrañaría nada que al final terminara ganando porque hay mucha gente cansada de pagar impuestos para que un sector de la sociedad viva del cuento. Cualquier chiquilla que se cansa de vivir con sus padres, se queda embarazada y como les dan dinero por los niños que tienen, lanzan a este mundo críos como si fueran animales. ¡Y para colmo la Clinton amenaza con que encima le tengamos que pagar la sanidad! 

¿Y si la opinión de esta pareja es sólo la punta de un iceberg que no vemos?




domingo, 30 de octubre de 2016

Los dueños de los muertos

Lloré durante el funeral de mi padre, pero creo que se debió más al cansancio que a la pena. Fue un periplo interminable y un día de 48 horas. Sí recuerdo que nadie pudo consolarme el primer día que llovió después de su entierro. Estaba convencida que ni la cubierta del nicho ni el féretro estaban protegidos contra las goteras y se estaba mojando mientras nosotros permanecíamos tan confortables dentro de casa. Tardé mucho tiempo en superar ese temor. Con otros familiares, como mi abuela o mis tíos fallecidos, no he sentido esa angustia. Años después, cuando conseguimos que sacaran sus restos del nicho, lo incineraran y mi madre se los llevara a casa, fue un gran alivio. Desde entonces vuelven a entusiasmarme los días de lluvia, por lo extraños y necesarios que son en estas tierras de días luminosos. 

Ahora el Papa Francisco prohíbe que los familiares creyentes tengan las cenizas de sus difuntos en casa. Mi madre es creyente, aunque hace mucho que no presta atención a las exigencias de la Iglesia. Le extraña esa obstinación por apoderarse de los cuerpos de los muertos cuando supuestamente la Iglesia Católica sólo se interesa por las almas, y si Dios está en todas partes, ¿qué hace más sagrado un cementerio que su propia habitación? Alega la Iglesia que mantener las cenizas fuera de un lugar sagrado puede sustraer a los difuntos del recuerdo de los familiares: la urna de mi padre, que originalmente era de cerámica rugosa, ahora está pulida por las caricias de mi madre. Como en otras ocasiones, la Iglesia únicamente parece haber dado otro paso para distanciarse de sus fieles.

sábado, 29 de octubre de 2016

La muerte de un desconocido

Mi tío Carles ha muerto. Llevaba 28 años sin verlo. Por aquel entonces le tenía mucho cariño porque era como la versión sana de mi padre: su mismo rostro, su misma constitución antes de caer enfermo, su misma tranquilizadora respiración silenciosa antes de necesitar el oxígeno, su misma risa... Pocos días después del funeral, fue repudiado por mi familia. Me enteré con el tiempo, cuando fue pasando y él no volvió a vernos. Tal vez me contaron la razón de aquel extraño divorcio, pero no me di por enterada y mi imaginación creó muchas alternativas a la realidad, desde que ya no éramos familia a que se había insinuado a mi madre y mis hermanos lo habían echado. La razón fue mucho más prosaica. Se le había pedido que tramitara el cobro de un seguro y se quedó con el dinero para comprarse un coche, prometiendo devolverlo poco a poco, aunque creo que nunca lo hizo. Tan parecidos físicamente y tan diferentes en su idiosincrasia.

Ahora mis primos me mandan fotografías de mi tío para que me convenza que lo ha matado el sobrepeso. Es imposible distinguir los rasgos del hombre que conocí en las imágenes que veo en la pantalla del teléfono. Sus ojos están medio sepultados por la grasa de las mejillas, su nariz afilada se ha convertido en un gigantesco fresón y hasta su sonrisa es irreconocible, llena de tristeza; como arrastrada por la fuerza de la gravedad, por el empuje de la enorme papada que esconde su cuello.

Me gustaría decir algo bueno de mi tío, pero en realidad sólo fue un desconocido. Q, E. P. D.

viernes, 28 de octubre de 2016

Nadie lo busca

Cuando llega esta hora, las siete y pico de la tarde, y en el estudio, aunque luminoso, es necesario comenzar a encender luces, siento una desagradable sensación de soledad y opresión. Son más de 50.00 m², pero es como si las paredes se acercaran más cada vez que levanto la vista, y el techo estuviera a punto de colapsar. Siento la necesidad de salir fuera. Estos últimos días, en los que Guille no está, siempre ceno en los bares de los alrededores. No soy del tipo de persona que le molesta comer sola y rodeada de gente. También he vuelto a salir a correr de noche. Mi vecina del segundo me ve cuando vuelvo, porque tiene un horario de monja de clausura: ya se ha levantado cuando yo aún no he pensado en irme a dormir. Si te ocurre algo, tú te lo habrás buscado, me advierte. Soy boba y al principio creo que se refiere a torcerme el tobillo por culpa de las sombras con las que la luz artificial camufla los socavones. Comprendo el sentido real de su comentario cuando paso junto a un grupo de chavales y uno, utilizando un lenguaje soez, azuzado por su grupo y el alcohol, me pide a gritos, mientras me persigue unos pocos metros, que le haga una felación. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Por favor, Dios, dame paciencia... pero dámela ya!!!!

Estimados señores norteamericanos:

Ahora que le van a prescindir el contrato, ¿no nos podrían prestar al señor Obama durante cuatro años? Nuestros políticos son unos completos ineptos y llevan un porrón de meses sin ponerse de acuerdo. 

Es indiferente que no hable español. Tampoco es que nos enteremos mucho de lo que ahora suelta Rajoy por su hociquito. 

No podemos prometer devolvérselo indemne. Seguro que termina siendo forofo del Betis y del jamón serrano. 

Coñas aparte, ¿a alguno de nuestros políticos le importa, aunque sea un ápice, España? 

Acabo de abrir un correo que llegó a última hora de la tarde. Un grupo financiero suizo retrasa la firma de un contrato para convertir un edificio protegido del centro de Málaga en hotel. Nosotros íbamos a hacer el proyecto. Al principio del desgobierno lo disimulaban y daban largas a los negocios que casi estaban cerrados con excusas extrañas; ahora dicen la verdad: los inversores no quieren riesgos. Para cada uno de ellos es mucho dinero para que de repente se topen con una pared de impedimentos gubernamentales. 

Duelo a garrotazos

Durante un tiempo pensé que mi primo Miguel Ángel era famoso porque los mismos cuadros que llenaban los pasillos y habitaciones de la casa de mi abuela materna salían en los libros. No recuerdo cómo me enteré que mi primo se limitaba a copiar cuadros famosos. El que estaba en el zaguán de la casa, colgado sobre un sillón de madera labrada, al que me subía para observarlo desde cerca, representaba a dos hombres enterrados hasta las rodillas, a una distancia de un metro, con un palo en la mano cada uno. Cuando veía a mi primo Miguel Ángel, que era un adulto que hacía mucho que el trabajo lo había apartado de los pinceles, le pedía que me pintara el cuadro siguiente a aquél. ¿Cuál de los dos hombres ganaba? ¿Se abrían la cabeza y se les desparraban los sesos? ¿Cómo conseguía liberarse el vencedor si alrededor no había ninguna pala? Mi primo no pintaba, pero contaba la historia: Si miras al cielo, me decía, verás que las nubes están a punto de descargar una tormenta enoooooooorme. Hay una riada y como los tíos están medios enterrados no pueden escapar y se ahogan. Por supuesto, yo pensaba: qué tontos. Incluso ahora lo pienso, porque las historias que nos cuentan durante la infancia nunca dejan de ser verdad.


Estos días Arturo Pérez-Reverte y Francisco Rico andan dándose mamporros verbales como si fueran dos niños en un patio de colegio, se insultan con el ingenio forzado de los sesudos y sacan los trapos sucios que parecían guardar desde hace mucho. Y tanta bronca tiene su origen en el lenguaje inclusivo. 

¡Qué hartazgo! Nunca me he sentido excluida cuando alguien dice nosotros. ¿Qué ocurre si por normativa desdoblamos el lenguaje? Por lo general, sobre todo cuando hablamos, tendemos a abreviar. Desdoblar el lenguaje nos llevaría a excluir a alguno de los géneros en la mayoría de nuestras frases. Desdoblar el lenguaje sólo sirve para complicar al hablante o a quien escribe. Y, ¿hasta dónde llegaría la majadería? Los niños y las niñas gordos-gordas, morenos-morenas, rubios-rubias, pelirrojos-pelirrojas, negros-negras, blancos-blancas.... comen manzanas para adelgazar... En fin, desdoblar el lenguaje es como si se pusiera una tirita en un tajo en la yugular: así no se consigue la igualdad de géneros.

Los ajedrecistas acelerados

La escritora Evelyn Beatrice Hall dijo: Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo

Algunos jóvenes azuzados por Podemos impiden la conferencia de Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Universidad de Derecho Autónoma de Madrid. 

¿Silenciar a un ex presidente democrático y a un presidente de un medio de comunicación en una universidad? Imponer por la fuerza la opinión de una minoría. Menospreciar lo que opinan otros....

Lo paradójico es que si el grupo al que apoyan estos jóvenes consiguieran su propósito, y el PSOE se negara a un segundo mandato de Rajoy, estarían facilitando una mayoría absoluta del PP, según las encuestas para unas terceras elecciones. Son como esos jugadores de ajedrez acelerados y poco reflexivos que sólo aciertan a vaticinar un único movimiento. 

¡Qué vergüenza!

domingo, 16 de octubre de 2016

De otro color

Las apariencias importan. En un par de ocasiones me he topado con problemas para recoger la documentación de los juzgados por ir con la ropa de la obra. Teniendo en cuenta que en la obra es muy fácil pringarse con cemento, grasa, pintura o mil productos más que no salen aún después de mil lavados, es comprensible que siempre utilice vaqueros ajados y camisetas a punto de caducar. En una de las ocasiones, la jueza, al verme parada en el umbral de su puerta, me prejuzgó. Creyó que había ido a visitarla para interceder por algún preso. Me soltó una interminable diatriba de palabras apelotonadas en las que no me dejó meter baza, ni hizo caso a mi mano levantada que le pedía la palabra. Si a mí, que iba vestida como una zarrapastrosa, me trató como a una delincuente; me pregunto si, en contrapartida, a un delincuente que va vestido de bonito (arreglado) lo tratará con respeto. Desde  entonces siempre llevo en el coche uno de esos vestidos que no se arrugan y unos tacones, por si las moscas. 

Pero, ¿qué ocurre cuando no te puedes desprender de eso que para algunos te convierte en un ser inferior? La ayuda de una doctora estadounidense fue rechaza por una azafata porque no creía que fuera médica por ser negra. 

Me temo que todavía queda un largo e interminable camino para llegar a la igualdad universal. 

Espero que Obama no se encuentre con esa azafata en cuanto deje de viajar en el air force one. 








sábado, 15 de octubre de 2016

Somos los tontos

Ni siquiera de noche me libro de los ruidos de la obra: cuando eran las cinco menos veinte de la noche, fuera pintaban las líneas de la calle. La máquina era como un tractor minúsculo, pero hacía el jaleo de un helicóptero volando rasante. Con las dos primeras pasadas temí que hubiera un incendio en las cercanías; hasta que salí a la azotea y miré al cielo. Había ruido, pero no aparato. Tuve que buscar entre las sombras de la calle para resolver el enigma. Los operarios parecen muy hábiles, con esa agilidad que se gana con la experiencia. 

Ayer por la mañana mosqueé al electricista que metía cables en una rehabilitación que tenemos en calle Elvira. Sólo metía cables por los tubos corrugados que quedan escondidos en la pared, pero lo hacía con tanta rapidez, que resultaba imposible apartar la vista de él. Me miraba de reojo, supongo que a la espera que le hiciera alguna observación. En realidad tenía una pregunta que hacerle, pero temí molestarle y me quedé con las ganas de conocer su respuesta. Tú que eres electricista, ¿tienes alguna trampa en el contador de tu casa? 

Poco antes de llegar a la obra, en la caótica mañana de ayer, había estado en el piso del contable de Guille, que a la vez es uno de sus amigos del futbito. Tenían puesta ya la bomba de calor y el ambiente dentro de la vivienda era sofocante. Bromeando le pregunté si no tenía miedo a la factura de la luz, y antes de responderme, se partió de risa. Él y todos sus vecinos tienen hechas trampas en los contadores y sólo pagan una décima parte de lo que consumen. El bloque está en la zona norte de la ciudad, pero no a la zona deprimida donde se juntan criaderos de marihuana y químicos de las drogas de diseño. En el bloque viven personas normales, con un sueldo fijo mensual: contables, profesores, abogados, dependientes, funcionarios...

El amigo de Guille asegura que hay que ser tonto para pagar los recibos astronómicos de la luz. No se percata que esa luz que consume y no paga, se la pagamos entre todos, por eso la cantidad es astronómica.

Qué poca solidaridad. 

jueves, 13 de octubre de 2016

El durmiente

Mi nuevo vecino ronca. Está roncando en este mismo momento. Sus ronquidos son como el estertor de un motor a punto de gripar. Son tan ruidosos que la vecina del tercero se ha asomado a la ventana de la cocina y ha chistado, pero el hombre duerme profundamente y si el propio ruido que emite no lo espabila, menos un murmullo a  muchos metros de sus tímpanos. 

Si nada lo molesta, seguirá así hasta las siete y media de la mañana; al menos eso es lo que ha ocurrido desde el día que llegó, hace una semana y media ya. Sólo el domingo despertó más tarde. 

Otros durmientes a los que he escuchado roncar, tienen treguas, intervalos de silencio y de estruendo. Mi vecino no, él comienza pocos minutos pasada la media noche y hasta la mañana su espiración bronca no descansa ni un instante. Debe amanecer con dolor de garganta, como poco. 

Quien no conozca físicamente a mi vecino, pero escuche el jaleo que es capaz de formar, pensará que es un hombre voluminoso, orondo, grande; nada más lejos de la realidad. Parece un personaje enfermizo, un tísico de película romántica: canijo, ojeroso y pálido, más en apariencia que en la realidad porque va con barba de dos o tres días y su pelo es muy oscuro, casi negro. 

¿Le dejará soñar tanto ruido? Como calculo una estructura y necesito tranquilidad, me he puesto los cascos. Amortiguados por las canciones de Sting, sus ronquidos parecen el vaivén de las olas en la playa. ¿Soñará que está junto al mar?

miércoles, 12 de octubre de 2016

El insoportable peso de la paja

Mi tía Anita es como la plastilina: blanda y maleable. Cuando ella y mi madre caminan juntas, siempre cogidas del brazo porque mi tía tiende contagiarse de los males ajenos y ahora está convencida que anda mal de las piernas, se les puede escuchar hablar de animales. Si en su paseo se topan con algún perro, siempre hay alguno en su recuerdo con el que poder identificarlo. Vivieron toda la infancia en un cortijo rodeadas de una extraña fauna: vacas, perros, tórtolas, conejos, gallinas, pavos reales, caballos, burros... los animales se convertían en parte de la familia. Las he escuchado relatar más historias de Blanquita, una burra con la que iban a comprar al pueblo, que de mumá Dolores, su abuela, la jefa del cortijo. 

A mi tía Anita no le enseñaron a amar a los animales, lo aprendió sola. Hasta hace unos días mi tía consideraba que el toreo es una barbarie. Ahora no, ahora dice que las corridas de toros han existido siempre y que está bien que continúe habiendo. Creo que teme ser confundida con una antitaurina porque las redes sociales han tenido la facultad de convertir un comentario individual, cruel, ofensivo y desequilibrado en el pensamiento general de todos los antitaurinos y animalistas; al menos, para personas como mi tía Anita. 

Por fin el fin

Ayer, en el supermercado, delante de mí, en la espalda de una chica, unas mariposas revoloteaban ascendiendo hacia su nuca sin llegar nunca a destino. Estaban muy bien dibujadas, con sombras y diferentes matices de gris. Ayer aún perduraba el veranillo del membrillo o de san Miguel y a eso del mediodía resultaba agradable mostrar partes de la piel desnuda. Hoy no: el buen tiempo ha acabado. Llueve. Caen chaparrones furiosos e intermitentes, chispea entre los intervalos. El otoño se perfecciona al otro lado de las puertas de vidrio con algunas hojas secas y marrones que el viento ha traído hasta el suelo de mi azotea. Los días de este año siempre han sido contados, pero su fin ya se ha convertido en un futuro inmediato. Echo una ojeada a mis lecturas de este año porque ayer me descubrí sintiendo placer al leer un simple estudio geológico, que no es más que un tocho que explica las característica del suelo de la parcela donde se va a cimentar. ¿Por qué este año son tan pocas? Ya apenas queda tiempo para engordarlas. La respuesta está en el número de proyecto: 47, mucha morralla, pero ya algunos importantes. El año pasado sólo hubo la mitad. ¿Está acabando por fin, definitivamente, la crisis?