lunes, 18 de julio de 2016

Ideas durmientes

Qué hijos de puta somos (los arquitectos y los promotores).

Fotografía robada a El País digital

Existen miles de formas para hacer accesibles los vidrios desde el interior de los edificios pero por comodidad, por respetar la intimidad de los habitantes y porque siempre se ha hecho así, seguimos obligando a que operarios, por lo general mal pagados, se jueguen la vida para que nuestros rascacielos brillen. Aunque reconozco -tal vez porque soy algo masoca- que es un trabajo que me gustaría hacer, pero no más de un par de días. Parece un trabajo demasiado monótono.

Durante la carrera nuestros cerebros estaban saturados de ideas. Un compañero y yo inventamos un limpiacristales que, al menos el prototipo, funcionaba. Era simple. Dos escobillas semejantes a las de los lavaparabrisas, una interior, otra exterior, con un juego de cuerdas como las de un paralex. Si la ventana no era accesible, hasta llevaba un pequeño depósito que se llenaba de agua jabonosa. De abajo a arriba, la escobilla enjabona el vidrio, hacia abajo, la limpiaba de residuos. Arrumbado en el despacho de algún profesor o bajo toneladas de basura, estará el prototipo.

Tuvimos muchas más ideas, ciento de ellas, miles; pero llenar la cabeza de efímeros datos aprendidos de memoria, nos impidieron desarrollarlas. ¿Dónde se irán las ideas que tenemos y olvidamos? ¿Desaparecerán del todo o dormitan en nuestros cerebros? 

viernes, 15 de julio de 2016

Otro amargado más

Supongo que la imagen que permanecerá ligada en nuestra memoria al último atentado que hemos sufrido en Niza, será la de un cuerpo pequeño cubierto por una manta térmica con una muñeca al lado. 


Un amargado de 31 años, un delincuente de poca monta, con una vida que parecía ser una mierda ha arremetido con un camión contra una multitud que estaba de fiesta. Nada más fácil de hacer si lo único que tienes que perder es la carga de seguir viviendo. Ahora los medios de comunicación lo convierten en terrorista y proporcionan una justificación a una simple locura y al ISIS un acólito que nada tiene que ver con ellos, como tampoco lo tenía que ver el loco que atentó en Orlando contra un grupo de homosexuales. Sólo era un gay renegado. 

No se necesita ningún dios para que un desequilibrado embista contra lo que ha decidido odiar. Si el desequilibrado que mató en 2011 a 77 adolescentes en Noruega lo hubiera hecho cuatro o cinco años más tarde, también se lo habríamos atribuido al Estado Islámico.

miércoles, 13 de julio de 2016

Los ídolos no deben morir

No puedo evitar que me avergüence pertenecer a una sociedad en la que un sector disfruta con el maltrato animal disfrazado de arte. Sí, otra vez el resabido tema de las corridas de toros. En esta ocasión como consecuencia de la desdichada muerte de un torero, Víctor Barrio

A nadie le extraña ni cree inapropiado que un trapecista ejecute sus piruetas con una red bajo él, o asegurado por un arnés y una cuerda. Los motoristas llevan casco y un mono que es como una armadura. La carcasa de un fórmula 1 es como una jaula indeformable y sus monos son ignífugos. Si un escritor ha jodido a un grupo y es amenazado de muerte, nos alegramos que le pongan guardaespaldas. Queremos que nuestros ídolos sigan vivos. 

Sin embargo, en la supuesta fiesta del toro, si existe sospechas de que los cuernos del toro son lijados para convertir un arma peligrosa en otra menos dañina, se considera un desprestigio para el torero. ¿Y por qué no es una exigencia que los chalecos de los toreros estén protegidos con kevlar? 

Sí, es una vergüenza que parte de nuestra sociedad se divierta viendo un maltrato animal, pero más avergüenza que ese mismo sector no haga nada por exigir la protección de sus ídolos. 

martes, 12 de julio de 2016

La blanca y liviana nieve de julio

Ha nevado. Guille estaba convencido que mi comentario era consecuencia de un sueño o un deseo y no de la realidad. El termómetro de la farmacia de la esquina nunca baja de los 30º C, ni siquiera de noche, ni de madrugada, cuando la ausencia de sol refresca un poco el ambiente. Pero sí, había nevado. Una nieve de atrezo, tan falsa como los billetes de 7 €. Ahora que está de vacaciones Guille no madruga, pero para él las 8:00 es media mañana. Cuando se levantó, encontró toda la terraza llena de bolitas de poliestireno expandido. Creemos que un crío del edificio de enfrente, el que antes era un hotel, se ha dedicado horas y horas a desmenuzar los protecciones del embalaje de un electrodoméstico y la brisa que corría ayer del suroeste lo ha arrastrado hasta nuestra terraza. Un adulto no habría tenido tanta paciencia y un perro excavando para esconder su orina, habría despedazado el corcho blanco en lugar de separarlo con tanta minuciosidad. Las bolitas blancas ahora están en la panza de nuestra aspiradora. Guille intentó barrerlas, pero eran desobedientes y salían volando, sin parar en el recogedor. Soy menos civilizada que él. Yo las habría espantado como si fueran moscas molestas y dejado caer a la acera, provocando la sorpresa de los viandantes.

lunes, 11 de julio de 2016

¿Dónde está Stephen King?

El primer libro que compré, el primero que adquirí con el dinero ahorrado con el sudor de mi frente, fue La Larga Marcha, escrito por Richard Bachman. Mi hermano me llevó a una librería para consolarme porque no había podido entrar a un concierto por ser menor de edad. Jamás estaré lo suficientemente agradecida a los promotores de aquel evento, cuyo recuerdo se habría apelmazado con el de media docena más a los que fui por aquella época. Sin embargo, el recuerdo de poder pulular entre los libros y hacer lo que para mí fue un gran descubrimiento, quedará en mi memoria para siempre.



Gran decepción recibí al saber que aquel sujeto sólo había escrito cinco libros. Pero fue una decepción efímera porque inmediatamente me informaron que Richard Bachman en realidad era Stephen King disfrazado. Devoraba los libros de este escritor como si fuera una lima de grano grueso. Dinero que pillaba, dinero que me fundía en la librería, siempre con el mismo objetivo. Como solía ir a la misma, el dependiente me bautizó con el apodo de La Niña del Terror, y como él también era fan de King, me aconsejaba. Carrie, Cujo, Rabia, El Fugitivo, Apocalipsis, El cuerpo... Me entusiasmaba cuando reconocía en el libro que estaba leyendo alguna película que había visto.

Me encantaba porque hacía creíble lo fantástico. En la realidad en la que nos obligaba a sumergirnos en sus libros King, era posible la existencia de vampiros, de animales que resucitaban, la telequinesia, la visión del futuro...

Pero en algunos de los últimos libros que he leído de este autor, es como si se le hubiera ido la pinza del todo. Comienza con una historia muy interesante, real, factible, como un policía que maltrata a su mujer, el libro engancha desde el principio y esperamos la venganza de la mujer; pero llega un momento que la fantasía excesiva y descarriada nos da una patada y nos arroja del libro.

Echo en falta al Stephen King de mi infancia. ¿Dónde se habrá metido?

domingo, 10 de julio de 2016

Parece un chiste

No salen las cuentas. Leo Messi es condenado a 21 meses de cárcel por defraudar a Hacienda 4.100.000 €, es decir:

21 meses x 30 días = 630 días

4.100.000 € / 630 días = 6.507,93 €/día

A Cristina Cerezo la quisieron meter en la cárcel 80 días por no poder pagar una multa de 480 €.

480 € / 80 días = 6 €/día.

Seguro que Messi no tendrá que pisar la cárcel ni un minuto, y seguro que Cristina, de no haber sido por un empresario con más sentido común que la justicia, no se habría librado ni un solo día.

En ambos casos el alegato que hacían las partes era el desconocimiento. 

¿La justicia es igual para todos? ¡Y una...


viernes, 8 de julio de 2016

Se buscan borregos

Tiendo a imaginar que la mayoría de trabajos son mejores que el mío y están libres de preocupaciones. Pero es una impresión falsa porque incluso los limpiadores tienen que enfrentarse a clientes poco satisfechos o porculeros, que se divierten dejando sus huellas en el suelo mojado. 

Incluso el trabajo de escritor, aparentemente tan inocuo, sin el yugo de un presupuesto o los deseos incoherentes de los promotores; está atado a críticas, algunas furibundas y crueles, capaces de herir al novelista más galardonado. 

Sin embargo, uno de los trabajos que más difíciles y complicados me parecieron siempre, es el de profesor. Cuando era pequeña me cohibía tener que salir ante toda la clase para dar la lección; y los profesores tienen que hacerlo a diario. Pero ahora sé que ese es el menor de sus problemas. 

Esta mañana mi hombro ha servido de paño de lágrimas a mi amiga Magdalena. Hace un par de años la enviaron a un colegio del norte de Granada, una zona marginal. Estaba contenta, aunque le costó adaptarse. Le resultaba muy paradójico que, exceptuando algunos familiares desequilibrados, la mayoría de los padres de sus alumnos le demostraran un gran respeto, mayor que el de los padres de colegios selectivos.

A mediados del curso que acaba de concluir, la mandaron a un colegio concertado religioso. Estaba feliz, creía que empezaba a mejorar. Se equivocaba. El primer encontronazo fue porque en su aula había más alumnos de los permitidos por ley. Después de protestar y no recibir respuesta de la directora del colegio, mandó una carta al ministerio de educación. Desde ese momento estuvo fichada. En algunas charlas que les dio la directora al profesorado, subrepticiamente la llamó perezosa. No cesó de tener problemas. No muy grandes, a veces insignificantes, pero que acumulados hacían que se sintiera muy infeliz. El colmo fue cuando, después de dar una clase sobre la sexualidad, como estaba previsto en el temario, algunos padres enviaran cartas de protesta. Le dolió que la directora ni sus compañeros la apoyaran.

Se duele: Los alumnos les importas una mierda. Sólo buscan corderitos, borregos que hagan lo que ellos quieren para que no les den trabajo.

Quiso volver a su antiguo colegio, pero su plaza ya está ocupada. La han mandado a Baza. ¡Con lo friolera que soy!, se lamenta.