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lunes, 28 de julio de 2014

Las teorías de la cuenta cuentos

Mi manía por no leer las pequeñas biografías que suelen venir de los autores en las solapas de los libros, me hizo imaginar que Espido Freire había sufrido su adolescencia a mediados del siglo pasado. Me equivoqué. En realidad somos casi de la misma edad (me lleva menos una década, 7 años). 

Sospecho que no he escogido el mejor libro para comenzar a leer a esta autora. Pensé que Primer Amor (un libro que habría acumulado mucho polvo en la estantería de mi casa si no lo hubiera arrastrado de un lugar a otro) era una colección de relatos o cuentos románticos (creo que así lo clasificaron en un programa de radio cuando, hace mucho, fue publicado). En realidad sólo se trata de una tesis que, de haber sido presentada a un profesor, dudo que hubiera tenido buena nota. El ensayo compara las relaciones sentimentales con los cuentos: encuentros, peleas, besos, celos, frustraciones... pero al tener un fundamento tan infantil, es comprensible que el resultado sea muy superficial. Tal vez fue escrito en una etapa demasiado joven de la autora. Sólo si hago un esfuerzo y recuerdo una adolescencia muy temprana, me puedo sentir reflejada en lo escrito por EF, sobre todo cuando hace referencia a su propia vida (aunque yo nunca tuve que enfrentarme a pandillas separadas por sexos). 

Por supuesto, como todos los libros, se puede sacar algo bueno de él. Se hace referencia y se cuentan algunos cuentos que desconocía (a pesar de haberle leído a mi sobrina todo lo que cayó en mis manos de los hermanos Grimm).


domingo, 27 de julio de 2014

Página uno

Tengo un poco abandonado el blog porque estos días me han consumido todo el tiempo otras ocupaciones. La principal: leer un libro que ha escrito uno de mis profesores de estructuras de la facultad. Debería haber sido editado por la universidad el año pasado; pero la crisis ha llegado a todos los rincones (menos a los bolsillos de grandes empresarios y a las cajas fuertes de los banqueros). El libro trata de las patologías en las rehabilitaciones. Los principales errores que se cometen al intentar mezclar nuevos materiales con los antiguos, sin prestar atención a si estamos hiriendo la construcción. 

Aún no sé por qué me ha dado a leer su libro. Es un profesor que no me tenía en mucha consideración (esas cosas se adivinan y se saben, aunque nunca se hayan comentado). Me falta confianza para preguntárselo directamente. Lo más probable es que fuera un envío masivo del manuscrito a todos sus ex alumnos (me llegó un correo electrónico muy escueto pidiéndome que, si tenía tiempo, hiciera el favor de leer su libro, con una invitación a entrar en su Dropbox -el libro tiene más de 20 megas por culpa de las muchas fotografías-). 

Es inevitable sentir envidia de mi profesor. Ser tan concienzudo como para escribir más de 1.500 páginas (se queda en un tercio cuando esté editado, según me informó). Concentrarse durante meses, robar el tiempo del sueño y del ocio para trabajar, investigar, aprender... ¿qué se sentirá cuando se pone el punto final?

miércoles, 23 de julio de 2014

Susurra mi nombre

Me pregunto si fue un lapsus de mi subconsciente el que me olvidara el libro que estaba leyendo en la mesilla de noche cuando salimos de viaje. Me di cuenta demasiado tarde para volver. Pensé que no importaba. Planeé comprar otro, cualquiera, uno de esos romántico-erótico-pornográfico que suelen vender en cualquier expendedor de prensa, de camino a Madrid, pero ninguno de los que vi me atrajo (y eso que no soy tiquismiquis). Así que estuve durante una semana completa en sequía de lecturas. Pero no importó porque me acoplé al horario de Guille (dormí un montón) y no existió ningún tiempo muerto que rellenar con historias ajenas. 

Como ocurre con todas las largas abstinencias, volví a la lectura con tantas ganas que, aunque me faltaba más de la mitad, lo acabé de leer de una sola sentada. Se trataba de Alguien dice tu nombre, de Luis García Montero. Me gustó, en gran medida porque los personajes se mueven, en el lejano verano de 1.963, por los mismos lugares que yo lo hago en la actualidad, aunque algunos tienen los nombre cambiados, como la Avenida de Calvo Sotelo, que ahora se llama Avenida de la Constitución. Es un libro tranquilo, en el que no ocurren grandes hazañas. Un estudiante universitario, de filosofía y letras, encuentra un trabajo eventual durante el verano en una editorial donde venden enciclopedias. El estudiante se enrolla con la secretaria, 17 años mayor que él (Mrs. Robinson). Viajes a los pueblos de Granada, celos, persecuciones, espionaje, equívocos, cuernos... pero no todo es lo que parece. Sólo al final se comprende que este libro haya sido presentado en La Semana Negra de Gijón



No sé si es algo negativo: en algunos párrafos, sobre todo los eróticos, da la sensación que Luis García Montero es más poeta que novelista (puede que sea algo voluntario). 

martes, 22 de julio de 2014

Historias encontradas

Las vacaciones también lo han sido de móvil. Apenas he hablado durante una semana con mi madre. El viernes, cuando todavía no había despertado del todo, ya me impuso estar pegada al teléfono durante 59' (tiene tarifa plana para llamar a los fijos: gratis durante la primera hora). Me puso al día de lo ocurrido durante mi ausencia. Una hora da para hablar mucho y a ella tiene la capacidad de hablar muy rápido. No es que a mi familia le estén ocurriendo cosas constantemente, es que somos muchos. 

Hospital: Al marido de mi prima Loli lo han operado de preñez (le han quitado un tumor benigno del estómago que pesaba cinco kilos). Había estado vomitando casi todos los días de los dos últimos meses, pero no se le ocurrió ir al médico porque también perdió siete kilos en ese tiempo y es de mucho comer y más engordar. Estaba contento con la situación, y como no tenía fiebre, sospechaba que no le ocurría nada malo.

Más hospital: Hay un cuento de Gabriel García Márquez que me pone nerviosa. Una pareja de recién casados. La mujer se pincha con una rosa y termina muriendo: consecuencia drástica de un hecho aparentemente insignificante. A mi tío Fermín unos zapatos nuevos le hicieron una rozadura en el dedo gordo del pie. Se le infectó y el lunes estuvieron a punto de cortárselo, pero la sangre no llegó al río y ya anda plácidamente por su casa y sus madriles.

Whatsapp.- A mi prima La Despendolada (perdió su nombre de pila cuando se hicieron públicas las imágenes de su orgía -se dejó grabar mientras mantenía relaciones sexuales con dos compañeros de trabajo-, en su defensa sólo se puede alegar que estaba como una cuba)... Como decía, mi prima La Despendola consiguió que otro hombre ocupara los huecos que su ex marido dejó en los armarios, cajones y cama, incluso antes de conseguir su viudedad legal (si la casa hubiera tenido dos puertas, el ex habría salido por una mientra el nuevo novio entraba por otra). Consiguió que contrataran al novio en su empresa, que le dieran un puesto de trabajo incluso mejor que el suyo. Este miércoles, mientras mi prima estaba de viaje de trabajo, recibió un whatsapp: No soporto esta relación tan inestable. Me mudo a casa de una amiga. (Cuando terminó de contármelo, mi madre soltó: Donde las dan, las toman -a todos nos caía muy bien su exmarido).

Ha sido una semana muy tranquila. Se nota que mi familia hiberna tumbada a la sombra junto a una playa o una piscina. 

domingo, 20 de julio de 2014

Solo ante el peligro

Poco a poco vuelvo a la normalidad. Sólo ha sido una semana de ausencia, pero salir de la monotonía, conocer lugares nuevos, viajar, dilata el tiempo y lo evapora a la vez. Da la sensación que han ocurrido montones de cosas en sólo cinco minutos. Incluso han ocurrido cosas en la Granada que dejé y que suele paralizarse en verano. Ya ha cerrado de forma definitiva la carnicería de la calle Mulhacén, y el bar que estaba junto a La Blanca Paloma. Un  grillo nos ameniza con su canto las primeras horas de la noche, escondido en algún arbusto del jardincillo que tengo bajo la azotea. En esta ciudad sólo ocurren cosas pequeñas, creo que por eso me gusta vivir aquí (aunque para los afectados cerrar un negocio debe ser una gran tragedia). 

Pero a nivel nacional, parece que muchos asuntos se han estancado. Basta abrir un periódico para ver imágenes que ya ilustraban alguna noticia hace meses. Como la fotografía del teniente Luis Gonzalo Segura. Decir la verdad le ha hecho merecer dos meses de reclusión. Y la injusticia y la rabia lo han obligado a ponerse en huelga de hambre. Supongo que el miedo de sus guardianes, más que el peligro real del teniente, han impuesto el traslado del oficial a un hospital militar (creía que ya no existían). ¿Qué ocurriría si la huelga de hambre llega a sus últimas consecuencias?


Foto robada a El País digital

Supongo que muchos de los que ahora callan por indiferencia, o porque en la actualidad existen demasiados frentes (Gaza, Podemos, Ucrania...) para preocuparse de minucias (la injusticia en el sector militar), comenzarían a gritar. Comprendo que sus compañeros del cuerpo callen (¿quién besa la mano que le quita la comida, o privilegios?). Pero, ¿y sus compañeros escritores? ¿Por qué callan ante la evidencia de un castigo injusto?

De regreso a la antesala del infierno

Dice mi madre que los vuelos que tomo son como ranitas (esas piedras planas que se hacen rebotar sobre la superficie del agua). Pongo la excusa de que no hay otros, que inevitablemente deben tener alguna escala por tratarse de un lugar al que los españoles no solemos ir (si le dijera que es por economía, seguro que exigía pagar ella). Zagreb, Zurich, Madrid; a la misma hora que en los periódicos digitales, la radio y la televisión recogía la noticia del derribo de un avión en Ucrania. La geografía no es el fuerte de mi madre. Cincuenta y dos llamadas perdidas al llegar a Madrid, no sólo de ella, también de todos los que había movilizado y no habían conseguido tranquilizarla aludiendo al origen y destino del avión siniestrado (mi madre está acostumbrada a que le ocultemos cosas). Casi todo el viaje de Madrid a Granada, lo hice pegada al teléfono móvil, para castigo de mi compañero de viaje en el autobús (Guille había tomado el vuelo de Madrid a Barcelona. Razón: papeleo ineludible este lunes). 

Durante los viajes, es muy fácil vivir  aislada de la intemperie, por los aires acondicionados o porque la noche disfraza las temperaturas diurnas. Hasta despertar a media tarde el viernes (llegué muy cansada del viaje), empapada en sudor y con la forma de mi cabeza dibujada con humedad en la almohada, no me di cuenta que estaba a un paso del infierno. Pero la imagen del infierno, según la iconografía cristiana -al menos, la que me proporcionó mis libros de religión durante muchos años: cavernas donde cuerpos sudorosos y medio desnudos se abrazaban para protegerse del fuego- siempre me pareció más placentera que la del cielo -un ángel solitario con camisón tocando la lira-. La temperatura ha bajado estos dos últimos días: de 41ºC, según el termómetro de la farmacia, a 32ºC. Incluso corre una ligera y agradable brisa en el exterior. 

sábado, 12 de julio de 2014

Coleccionando puentes



Os dejo descansar de mis majaderías durante una semana. Poco tiempo, algo inesperado. Espero que disfrutéis de este tórrido tiempo de pereza e inactividad, y no sudéis mucho, estéis dónde estéis.