martes, 10 de enero de 2012

Tres, fueron tres... ¿nos estamos deshumanizando?

Tres sucesos. 

El primero: Mes de agosto, calle perpendicular a la Diagonal de Barcelona. Un edificio con muchos vecinos en invierno, pero sólo la mitad en verano. Tres niños que suben llamando a las puertas, informando que en el bajo hay un señor sangrando porque se ha caído y golpeado. Nosotros estábamos en la planta 14. Por supuesto Guille bajó a auxiliar al señor (por fortuna no fue nada).

El segundo: Mes de diciembre, finales (y eso que en esta época la gente se siente más sensibilizada). Gran Vía de Madrid. Semáforo que hay cerca del MacDonal. Una señora de mediana edad, unos 40 y pocos, tropieza y cae al suelo. Más de una docena de personas pasaron junto a ella indiferentes, sin que nadie le prestara ayuda. Al final un señor con bastón se paró a preguntarle y la señora se puso en pie. Por fortuna, también sin consecuencias.

El tercero: Hoy. Calle Pintor Zuloaga de Granada. Yo. Iba de la calle Alhamar a la calle Agustina de Aragón, donde está el vídeo club en el que suelo alquilar las películas. Junto a una panadería hay una boca de riego con la tapadera rota. Metí la pata (bueno, el pie, pero con muy mala pata) y caí. Tengo como un resorte que me hace levantar en cuanto beso el suelo (cosa que me ha ocurrido en más de una ocasión). A pesar de ello, y sin saber de dónde habían salido, me encontré rodeada por media docena de personas intesándose por mi estado. Hasta me querían acompañar a casa (¡la leche, qué solícitos!!!). 

Interrogaciones: ¿Las grandes ciudades nos vuelven insensibles? ¿Ocurre lo mismo en otras partes del mundo? ¿A qué tenemos miedo? ¿A implicarnos demasiado en las vidas ajenas? ¿A perder parte de nuestro apreciado tiempo? ¿A ser responsabilizados de lo que le pueda suceder a esa persona accidentada? ¿A no mostrarnos fríos e indiferentes como el resto? ¿Llegará el día en el que, ante una persona tirada en el suelo, moribunda y agonizante, nos limitemos a procurar no pisarla? 


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