martes, 31 de enero de 2012

Al otro extremo del hilo

Hace dos o tres años, mientras corría de madrugada entre Correos y el puerto de Barcelona, me encontré con el rodaje de una película. Supongo que los actores eran famosos (alguna justificación deberían tener para rodar a aquellas horas tan extrañas), pero yo fui incapaz de reconocerlos. Cometí el error de quedarme a ver lo que hacían. En la escena, dos hombres vestidos de época caminaban entre los raíles de la cámara mientras conversaban entre ellos. Repitieron la escena al menos dos docenas de veces. Luego aparecía una chica y se lanzaba a los brazos de uno de ellos. La chica iba, también de época, con un vestido ligero de verano (y estábamos en el mes de octubre -lo recuerdo porque consideré aquella experiencia tan novedosa para mí como un regalo de cumpleaños). Desde la madrugada que me topé con el rodaje, no he sido capaz de disfrutar de igual forma de una película. Veo una escena de dos personas conversando, y los imagino caminando con paso de pato entre los raíles de una cámara, o intento distinguir en unos brazos desnudos las señales del frío, o me fijo en el cielo de la escena: ¿es madrugada? ¿media tarde, aunque supuestamente se acaban de levantar? En el caso de las películas, habría sido más beneficioso no saber cómo se hacen. A pesar de siempre ando intentando averiguar cuál es el origen de las cosas. 

Y los escritores, ¿de dónde nacen sus novelas o sus cuentos? Parece que hay dos clases de escritores, los que tienen en la cabeza toda la trama de la novela (escritores de mapa, los llaman) y los que sólo tienen el cabo de un hilo y se dedican a tirar de él, a la espera de lo que les depare la historia (escritores de brújula -éstos se lo deben de pasar muy bien escribiendo, supongo-).  ¿Pero, dónde está el inicio de las historias que nos cuentan? Hace tiempo, mientras estudiaba, asistí a una conferencia en la que hablaba un escritor: Ignacio Martínez de Pisón (como conferenciante es aún más soporífero que como escritor). Al final de la conferencia permitieron hacer preguntas, y yo le hice esa: ¿De dónde sacan los escritores sus historias? Supongo que la pregunta le pareció poco interesante (puede que se la hagan constantemente). Divagó durante un rato, pero no respondió a lo que yo tenía tanta curiosidad por saber. 

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