jueves, 5 de enero de 2012

La niña de mis ojos

Suelo utilizar medias de rejillas. Las medias de rejillas no se suelen romper, pero sí afearse. Ya  no me quedaba ninguna intacta y el lunes (bendita vuelta a la normalidad) tengo una reunión bastante importante que requiere no ir hecha una fantoche (dicho materno). Cuando iba camino de la mercería (por aquí aún las hay) me encontré con un gentío tremendo que seguía mi mismo camino (hacia el centro). En la tienda me informaron que era el día de la Cabalgata de los Reyes Magos. Ni me había percatado de la fecha (llevo comiendo roscón de reyes desde hace días). Supongo que de haber tenido relación más directa con algún niño, lo habría sabido. De la hermana de Guille tenemos dos sobrinas -una de 12 años y otra de 6-, de mi hermano mediano, tenemos una -de 10 años-. Con las sobrinas de Guille apenas he tenido contacto. Son como señoritas sumergidas en su propio mundo infantil. Con mi sobrina ha sido muy diferente. Suele venir a pasar algunos fines de semana. Es tan independiente, que abruma. El año pasado cantaba en Madrid Lucía Gil -una cantante infantil que desbancó en sus gustos musicales a Miley Cyrus (a la que también había ido a ver en el Rock in Río)-. Tenía ahorrados 300 euros de cumpleaños, santos, buenas notas, reyes... Con ese dinero planificó un viaje para ella y su madre. Vuelo económico a Madrid, dormir una noche en casa de su tía madrileña, entradas compradas de antemano en El Corte Inglés, vuelta en tren... hasta había pensado en las chucherías (de Mercadona, porque las sabía más económicas que en el teatro). Yo a su edad, aunque me encantaba Mecano, ni siquiera pensaba en ir a un concierto, y menos tan lejos -ahora vive en un pueblo de Málaga-. 

Cuenta mi cuñada que cuando era pequeña mi sobrinilla, con un año y algo de edad, la llevaron al pediatra porque le costaba mucho dormir por la noche. El pediatra les aconsejó a ella y mi hermano que la dejaran sola en la cuna, apagaran la luz y no le hicieran caso si lloraba. Así lo hicieron aquella misma noche. Primero llamó llorando a su mami, luego a su papi y finalmente, incluso a mí -la solía cuidar bastantes tardes-. Cuando se calló fueron a ver si se había quedado dormida. Había vomitado (aún escucho a mi cuñada maldecirse por haber seguido el consejo del pediatra). Arrinconó la ropa de la cuna manchada en un extremo y ella se puso a dormir en la parte que quedaba limpia. Al menos la experiencia les ayudó a descubrir que lo que no dejaba dormir a la niña por las noches eran los gases.

Este es el primer año que no pide juguetes. Hizo una lista con todo lo que quería, indicando la tienda y el precio y nos la mandó por e-mail, sugiriéndonos que nos pusiéramos de acuerdo entre nosotros. 

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