domingo, 7 de septiembre de 2014

Ídolo caído

Mi suegra es una mujer menuda, cariñosa, atenta, que lo único que desea es, según sus propias palabras, acabar sus días sin que las cosas cambien mucho a su alrededor. Creo que, como mi madre, es más supersticiosa que creyente; pero reza para que la independencia catalana sólo llegue después de su fallecimiento. A pesar de que en su mente Cataluña está fuera del Estado Español. Cuando Guille viene al sur, ella asegura que va a España, como si fueran unas tierras lejanas, remotas y extrañas. 

Aún dudo que no le formara un pollo a Guille cuando me llevó a su casa por primera vez. Mi DNI pone Barcelona como lugar de nacimiento, pero mis apellidos no pueden ser más castellanos y mi acento, sin ser de ninguna parte, se ha forjado, durante mi infancia, bandeando de un extremo a otro de Andalucía. Por aquella época, cuando apenas la conocía, ni ella a mí, estaba convencida que le gustaba estar bajo el gobierno español sólo para tener una fuente a la que culpar de todos los males: desde los problemas del agua al pago excesivo de impuestos que, según ella, serían mucho más bajos si en cada autonomía revirtiera lo que ganaba.

En su último artículo, Antonio Muñoz Molina escribe, refiriéndose a Kim Philby: Lo que le seguía salvando no era su astucia suprema de espía, sino el hecho de que perteneciera a una clase social por encima de toda sospecha, que hubiera estado en Eton y en Cabridge, que viniera de una buena familia, que tuviera el acento adecuado y conociera a las personas a las que era preceptivo conocer. De una persona así era indecoro desconfiar. Lo mismo ocurría hasta hace muy poco con Jordi Pujol: se había convertido en un sinónimo de Cataluña, parecía un apéndice más de esta tierra, con el acento preciso, con los apellidos adecuados, con un aparente respeto y amor por todo lo catalán, que era indecoroso desconfiar de él (y quien lo hacía, era tachado de españolista).


Caganer Jordi Pujol


Ahora para muchas personas, como mi suegra, Jodi Pujol se ha convertido en un ídolo caído, aunque para muchas otras -para demasiadas, dado que a cualquier adulto se le supone un mínimo de inteligencia- lo ocurrido al ex president sólo es una trampa más, un ataque directo para desviar la atención de la consulta que puede proporcionar la independencia a Cataluña.

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