jueves, 14 de julio de 2011

Un tortuoso y difícil camino a casa

Por fin hemos llegado!!! Parecía imposible poder llegar a casa. La casa huele rara, a cerrado, a polvo acumulado, a darro por culpa de haberse evaporado el agua de los sifones del baño y la cocina, de la falta de uso. Guille, se quedaba en casa de sus padres cuando venía a Barcelona. Tres meses y pico sin que nadie haya pisado el piso. Hay tamo detrás de las puertas, pelotillas tenues que vuelan y revolotean con la más leve corriente de aire. En el armario de la entrada se amontonan los abrigos, bufandas y gorros de invierno que olvidamos la última vez que estuvimos por aquí.Y sobre la mesilla de noche, el ejemplar de La noche de los tiempos de Antonio Muñoz Molina. Ya no tiene polvo la portada, pero la superficie se ha quedado rasposa al tacto. La olvidé voluntariamente porque sólo nos íbamos por tres o cuatro días; y luego no quise comprarme otro ejemplar o pedirle a Guille que me lo llevara a Granada cuando iba los fines de semana. La fecha, apuntada a lápiz en la primera página, indica que lleva esperando casi un año para ser concluida su lectura. El  marcador, hecho por mi sobrinilla (una fotografía suya impresa en cartulina y plastificada), indica que sólo hace falta un tercio para acabarlo; pero creo que es tiempo de volver a revivir desde el principio el viaje entre fantasmas y recuerdos de Ignacio Abel.

Demasiado cansados para ponernos a limpiar de inmediato. Mañana temprano lo haremos.

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