martes, 26 de julio de 2011

El puñal en el tálamo

Al principio pensé que para Guille sería más complicado cargar con mi pasado que yo con el suyo, porque, mientras que él sólo tuvo una novia yo arrastraba una docena de parejas, excluidas las que no consideraba transcendentales y las que habían durado muy poco tiempo. Lo extraño es que especule y acierte, así que,  efectivamente: estaba equivocada. Para Guille mis exs, no pasan de ser una estadística o un calendario. Sin embargo, su Magdalena es como familia. Fueron siete años. De esa mujer Guille conoce más detalles que de su propia madre o hermana. Sin embargo, no siento celos de ella. No al menos de la actual Magdalena. Su relación fue muriendo poco a poco, sin que interviniera terceras personas Tenían muy pocas cosas en común, y cualquier rescoldo de atracción que sentían el uno por el otro, quedó apagado por culpa del aburrimiento. Guille me confiesa, no sin remordimientos, como si hubiera cometido un grave delito, que un fin de semana mintió. Simplemente le dijo que no se sentía bien. Prefirió quedarse en casa, encerrado, que salir con ella.

No siento celos de esta Magdalena, capaz de perseguir y molestar a quien ya la ha olvidado. Pero sí siento como una punzada en el pecho cuando imagino a la Magdalena de hace unos años. Cuando Guille y ella compartieron momentos muy parecidos a los que teneos ahora en común. Si fuera dueña del pasado, o de los recuerdos, haría que sucumbiera en el pozo del olvido; como eso no es posible, y soy muy egoísta cuando se trata de Guille, me limito a agradecer que las circunstancias de la vida lo hayan hecho estar a mi lado.

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