martes, 19 de julio de 2011

Divagaciones 3

Estoy leyendo (releyendo, en realidad) La Noche de los Tiempos, de Antonio Muñoz Molina. Ahora la lectura es diferente a la primera vez: más consciente y llena de admiración. Estoy disfrutando de cada una de sus páginas, con cada una de sus frases. El lenguaje del arquitecto, del escritor en realidad, tan comedido  y justo, tan falto de pedantería e ignorancia, está tan logrado que puede pasar desapercibido precisamente por su corrección. (Si no fuera tan torpe con las palabras, sobre todo escritas, le agradecería personalmente al escritor haber escrito este libro).

Hoy hace una temperatura agradable, y durante la noche hizo frío. Esta mañana bajo los coches había charquitos de agua, como en invierno, por el relente que satura de humedad el ambiente y se pega al metal frío, partícula a partícula, hasta que se forman gotas y los coches parecen sudar por el esfuerzo.

A mi madre, que es capaz de olvidar de inmediato la mayor de las ofensas, le está costando perdonar la estulticia de la vecina que dijo que la urna con las cenizas de mi padre, es insalubre. No le molestó que dijera que es macabro (eso, según ella, es una opinión, y las opiniones son libres) pero decir que es insalubre, es una mentira. Le he pedido que pregunte a mi suegro, que es abogado, si puede denunciarla por falacia. Mi hermano ha sido más práctico y le ha mandado un fax con documentación sobre la inocuidad de las cenizas humanas (ni idea de dónde lo habrá sacado).

La primera noche que salgo a correr aquí. A pesar de la humedad por la cercanía del mar, de que estoy con la menstruación (que siempre me hace sentir un poquito débil) y de que hace una noche solamente templada, me he sentido excepcionalmente bien. Únicamente el temor de que sonara el despertador de Guille (me obliga a conectarlo cuando salgo, para que lo avise si tardo en exceso), me ha hecho volver. No sé si ha sido por el paisaje renovado o que llevo unos días comiendo mejor que en Granada (comida casera y no sólo precocinados calentados en el microondas), lo que me ha hecho sentir que podría haber seguido corriendo hasta el amanecer sin interrupción.

Guille sigue durmiendo, y lo hará hasta el mediodía porque mañana se ha propuesto descansar. Es lo único en que somos incompatibles. Él puede dormir 12 horas seguidas, en cuanto comienza a oscurecer, sus párpados, como si tuvieran un interruptor, tienden a cerrarse y a permanecer así. 

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