miércoles, 13 de julio de 2016

Los ídolos no deben morir

No puedo evitar que me avergüence pertenecer a una sociedad en la que un sector disfruta con el maltrato animal disfrazado de arte. Sí, otra vez el resabido tema de las corridas de toros. En esta ocasión como consecuencia de la desdichada muerte de un torero, Víctor Barrio

A nadie le extraña ni cree inapropiado que un trapecista ejecute sus piruetas con una red bajo él, o asegurado por un arnés y una cuerda. Los motoristas llevan casco y un mono que es como una armadura. La carcasa de un fórmula 1 es como una jaula indeformable y sus monos son ignífugos. Si un escritor ha jodido a un grupo y es amenazado de muerte, nos alegramos que le pongan guardaespaldas. Queremos que nuestros ídolos sigan vivos. 

Sin embargo, en la supuesta fiesta del toro, si existe sospechas de que los cuernos del toro son lijados para convertir un arma peligrosa en otra menos dañina, se considera un desprestigio para el torero. ¿Y por qué no es una exigencia que los chalecos de los toreros estén protegidos con kevlar? 

Sí, es una vergüenza que parte de nuestra sociedad se divierta viendo un maltrato animal, pero más avergüenza que ese mismo sector no haga nada por exigir la protección de sus ídolos. 

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