miércoles, 3 de agosto de 2011

La cabeza en la almohada

Dice Guille que soy una de las personas más solitarias que conoce. No creo que sea verdad. Su presencia se ha convertido en algo imprescindible. Necesito que esté a mi lado, incluso cuando duerme (me encanta mirarlo), o cuando vemos una de esas series raras que le gustan a él (de polis o gangsters), necesito tener la cabeza apoyada en su bicep. El ejercicio y arrastrar la estación total por el campo se lo ha desarrollado como si fuera un atleta. Me gusta sentir sobre la mejilla la dureza de su carne, a pesar del calor. Aunque puede que en parte tenga razón: desde la muerte de Nacho soy más antisocial. A los amigos hay que cuidarlos y yo soy muy egoísta con mi tiempo. Me sobra con él: es mi marido, mi amante, mi amigo, mi hermano, mi padre. Vivir con él significa ser feliz sin esfuerzo. Nunca discute, todo lo razona, todo lo perdona. A veces me gustaría que pidiera algo difícil de conceder para demostrarle que él es muy importante para mí. 

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