domingo, 5 de abril de 2015

¿Quién da más?

Como con mi aparejadora. Me quejo de las condiciones de trabajo de la limpiadora del post de ayer: trabaja seis días a la semana, siempre, independientemente de los días festivos. Ocho horas como mínimo. Las horas de más no se cuentan como extraordinarias. Siete euros a la hora. En los bloques de viviendas algunas vecinas se quejan de la limpieza sistemáticamente. Todas las limpiadoras acumulan las suficientes quejas para que cualquier despido no sea considerado improcedente. 

La cuñada de mi aparejadora: en una empresa hortícola: dos meses de trabajo, 6.57 €/hora. Conoce la hora de entrada al trabajo, pero no la de salida. Ningún día de descanso en esos dos meses de trabajo, a no ser que llueva y no se pueda hacer la recolección de las verduras que envasan. El ambiente está saturado de polvo de la tierra de las hortalizas y de los productos químicos que sirven como abono. Las gafas de protección están impregnadas con gotitas blancas que no se pueden quitar. Las mascarillas no las proporciona la empresa, las compran las trabajadoras (sólo mujeres -seremos más mansas, ¿aceptamos con más facilidad las injusticias?-). Diez, quince horas cada jornada. Gente que llora, que vomita, que  se desmaya, que pierde los nervios y se tira del pelo, y aún así, están contentas por tener ese trabajo, deseando de echar las más horas posibles. 

Pensaba que la esclavitud estaba abolida. ¿Para qué coño sirven los sindicatos? ¿Dónde están los derechos de los trabajadores? Hoy día se protege más a un animal que llevan al matadero que a un trabajador. ¿Se puede denunciar cuando le estás quitando el pan de la boca a decenas de familias?

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