domingo, 9 de junio de 2013

Puro egoísmo

El ingeniero con el que trabajamos en el edificio del Campus de la Salud es como el perro del hortelano: que ni come ni deja comer. Llevamos más de dos semanas aceptando su afirmación de que le queda muy poco y mañana mismo tendremos las correcciones de los planos de todas las instalaciones -pero mañana nunca llega-. Dos semanas de espera, sin hacer prácticamente nada. Podríamos haber escapado unos días a casa. Tener unas pequeñas vacaciones prematuras. No habríamos hecho cosas diferentes alas de que aquí, pero nos habríamos librado de la tensión de la convicción de que el trabajo duro empezaría mañana mismo.

En construcción, como en cualquier otro campo, es fácil descubrir y poder tamizar a los pedantes: gente que finge saber mucho y pero que, en la realidad, es difícil explicarse cómo se posible que lleven cuatro o cinco años ejerciendo una profesión con tan pocos conocimientos. 

Esto no ocurre con la aparejadora que suele trabajar con nosotros en Granada. Los datos que conoce, casi todos, los proporciona al instante; los que no sabe, sin temor a quedar como una ignorante, los proporciona en cuanto los consigue y sus fechas para proporcionar un trabajo suelen tener un error de más menos media hora. Hoy merendé con ella en una cafetería cercana. A mi pregunta de qué hará cuando hayamos terminado el edificio del Campus de la Salud, me respondió que seguir como ahora, haciendo lo poco que se pilla estos días. Le sugerí que escapara a cualquier otro lado. En Barcelona, aunque también escasea el trabajo, está mejor que aquí. No puede hacerlo. Está atada a su madre. Hace unos años murieron su padre y su hermano mayor en un accidente, y desde entonces viven solas. La madre depende por completo de ella. Nada le impide tener una vida independiente, pero las pocas veces que la hija ha intentado tener un poco de autonomía, la madre se ha fingido enferma. La madre no solo está lastrando el presente de la hija, también el futuro, porque la está obligando al paro, lo que implicará una situación muy precaria cuando sea pensionista. Por fortuna pocos padres son tan egoístas como esta mujer, que antepone sus necesidades a las de su hija.

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