lunes, 17 de junio de 2013

Inercia

Creo que mi ex logopeda me utilizaba para satisfacer su inclinación sádica. Su rudeza y brutalidad en acentuar los errores -si no los cometiera, no la habría necesitado- consiguió mermar mi autoestima. Cada tarde que me preparaba para ir a verla, sentía un desasosiego muy parecido al de la infancia, cuando tenía que presentarme a un examen que no llevaba bien preparado. Hoy, después de escuchar durante cinco e interminables minutos su perorata por un error que había cometido, le dije que no necesitaría más de sus servicios. No voy a buscar a nadie que la sustituya. Cuando llegué a casa, me quedé completamente dormida, hasta ahora. Creo que fue la angustia de enfrentarme a la logopeda lo que me produjo un ataque de ansiedad hace algunos días. A veces no nos conocemos bien y es nuestro subconsciente el que se rebela.

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