martes, 4 de octubre de 2011

Refrito de sesos con cebolla

¡Qué complicado es a veces satisfacer a los clientes! Comienzo a recuperarme del agotamiento de la última semana. No me había dado cuenta de que estaba tan cansada hasta que ayer por la noche fui incapaz de salir a correr. La primera vez que me ocurre en mucho tiempo. La levedad con la que muchos clientes cambian de opinión, irrita. No se dan cuenta qué significa que hoy quiera un dormitorio en planta baja y mañana dos y antes de ayer quería tres. Me gusta cuando los proyectos nacen de una idea remota y van tomando forma, perfeccionándose, siendo más apropiados para quienes van a habitar esa casa o edificio, imaginando sobre papel qué será su vida dentro de esas paredes, previniendo las necesidades que se tendrán, las que se presenten en un futuro más o menos cercano, o incluso remoto. Muchos de mis clientes son parejas de jóvenes que, con mucho esfuerzo, pretenden hacerse la casa donde vivirán después de casarse. Algunos no la terminan nunca porque rompen antes. A casi todos la falta de medios los obliga a cometer el mismo error de comprar solares muy pequeños y hacerse una casa en vertical: muchas plantas y escaleras angostas de las que estarán cansados al segundo día. No siempre se puede tener lo que se quiere (eso lo aprendemos cuando aún tenemos el chupete en la boca).

Hoy es un día de pereza, al menos durante unas horas. No hacer nada que exija un mínimo esfuerzo intelectual... de media trabajé 14 horas (me merezco un descaso, ea!)

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