lunes, 3 de octubre de 2011

Buaaaaaaaaaaaaaaaa, buaaaaaaaaaaaaa

Guille se marchó ayer por la noche y me dejó una sensación idéntica a la que sentía durante la infancia, cuando, a última hora del domingo, mis hermanos me buscaban por todos los rincones de la casa (yo solía esconderme temiendo ese momento) para que hiciera la maleta. Los lunes a primera hora, antes del amanecer, ya estaba el ayudante del conductor golpeando mi puerta para llevarme al colegio. Ni siquiera tenía la posibilidad de ir con los demás niños en aquella ocasión: siempre me recogían los conductores que iban al mercado a hacer la compra del Destacamento. Debía estar antes que los demás niños en el colegio para deshacer la maleta. A veces llegaba tan temprano, desafortunada de mí, que las monjitas, misericordiosas, me obligaban a escuchar misa con ellas para que no estuviera sola. Era una sensación de desamparo, de desarraigo, de soledad; y ayer se repitió. 

Y para colmo no me han concedido la beca para estudiar estructuras en Japón (culpa de mi incapacidad para escribir en inglés). 

Por eso el doble buaaaaaaaa... pero lo bueno es que la rabieta sólo me duró un ratito. Luego me fui al cine (sin duda estoy cambiando, me estoy haciendo vieja). 

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