viernes, 4 de septiembre de 2015

Una imagen vale más que mil palabras

Me enfurezco cada vez que la conmemoración de un atentado o un accidente grave, nos devuelve las imágenes de cuerpos mutilados y personas destrozadas. A menudo las advertencias de que unas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador sólo sirven para excitarle la curiosidad. La televisión nos ha enseñado, gracias a las películas, a ver todo con un halo de falsedad. Pero no es así para quienes estuvieron vinculados estrechamente con unos hechos. ¿Cómo será el dolor de la madre, padre, hermanos, novio... que perdió a alguien en las Torres Gemelas, cada una de las mil veces que las ha visto caer por televisión? 

Hace unos días asesinaron a dos reporteros televisivos en directo, el mismo día murieron asfixiados en un camión 71 personas. Los telediarios y periódicos dieron más importancia a los reporteros asesinados porque se tenían imágenes de los acontecimientos. De repente se hicieron más creíbles e lamentables esas dos muertes que las de los refugiados sirios. 

Necesitamos ver para creer. Sólo la imagen de un niño pequeño de tres años, ahogado en una playa, con el rostro pegado a la arena, ha conseguido que el drama sirio sea real para muchos, y que se sientan en la obligación de ayudar. El drama de los refugiados necesita nuestra ayuda y nuestra aceptación y tolerancia. En estos momentos esas imágenes son imprescindibles, aunque algunos las llaman pornografía. Pero dentro de unos meses, de unos años, no veamos mil veces ahogado al pequeño Aylan, no veamos mil veces abrazado un padre al cuerpo destrozado de su hija en los atentados de Madrid, no veamos mil veces desfallecer a la entrañable Omayra... limitémonos a recordarlos esforzando nuestra memoria. Dejémoslos descansar en paz, sobre todo, a los familiares. 

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