jueves, 24 de septiembre de 2015

El canto del cisne

Si tuviera visión de futuro como Guille, que se apuntó al carro de los drones y ahora no para de trabajar, en este mismo momento debería estar buscando una fábrica de banderas españolas para comprarla. Somos un país en el que la idea de apreciar un trozo de trapo con unos determinados colores se hizo odioso gracias a un dictador achaparrado, meapilas y ciclán. Murió hace toda una vida, pero sigue imponiéndose. Hecho sutiles, como el que un director de cine, al que suponemos sesudo y culto, no se considere apegado al país en el que vive, del que ha obtenido sus libertades, su cultura,  su idioma (su único idioma), costumbres... parece más un acto de rebeldía hacia la dictadura en la que le tocó vivir durante 20 años, que una verdad. 

Sospecho que cualquiera que sea el resultado de las votaciones de Cataluña, la idea de nación se verá reforzada en España. Dejaremos de verla asociada exclusivamente a la ultraderecha, y pensaremos que una nación, en un mundo excluyente lleno de fronteras, es el lugar al que siempre puedes volver.


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