sábado, 7 de abril de 2012

La sexualidad de la virgen

[Escrito el jueves santo -he estado unos días sin Internet-]

Sin querer he hecho que la fornicación de mis vecinos sea de dominio internacional. Esta noche está cayendo sobre Granada una lluvia perezosa, de gotitas casi ingrávidas que se quedan suspendidas en el aire como si fueran niebla. Hace por lo menos tres meses que no me sumerjo en un banco de niebla. La pared medianera que separa mi piso del de los vecinos se reduce a un tabique: cinco centímetros de ladrillo hueco sencillo con dos capas de enlucido de no más de 1.5 cm, seguro que la pintura -por ser un edificio muy antiguo- tiene mayor grosor, capa tras capa de pintura y alguna perdida de papel pintado no eliminado del todo. Estaba hablando con mi hermano de Londres y me preguntó qué película pornográfica estaba viendo. A pesar de la suave lluvia hoy ha salido una procesión, o la banda de música que, frustrado por no acompañar al paso, se han puesto a amenizar la noche de los durmientes a las dos y algo. Mi hermano no me habría censurado si supiera que estaba viendo una película pornográfica, sólo se extrañó: sabe que no me gustan. Prefiero los libros eróticos, Sade, Anaïs Nin, Almudena Grandes (bueno, esta sólo tiene un libro erótico, en realidad sólo tiene un libro, los demás son plagios de sí misma)...  Odio la música de las procesiones. La mayoría de las veces que hablo con mi hermano de Londres lo hago con el Skype. Para no escuchar la banda en la lejanía, me encasqueté los auriculares y puse música tranquila, tipo Aziatix (un grupo japonés, si no la conoces es que te salvas de ser friki -enhorabuena-). A mi hermano le llegaba el ruido ambiente. Tuve que quitarme los auriculares para comprenderlo. Se escuchaba el ñic ñic (un tren en marcha a baja velocidad) de una cama con los tornillos flojos y una respiración muy profunda, como si alguien estuviera a punto de morir. Son muy silenciosos fornicando. ¿Cómo pueden preocuparse de no hacer ruido en semejante momento? ¿No los arroba la situación? Puede que sea consecuencia de haber compartido la casa con los padres de alguno de ellos. Guille no quiere hacerlo en casa de mi madre. Dice que es una falta de respeto a ella (como si habernos gastado un pastón en un bodorrio religioso -para complacer a nuestras madres- y llevar a cuestas siempre la alianza, no sirviera de nada). En esas ocasiones me burlo de Guille y le aseguro que mi madre piensa que aún soy virgen. Para mi madre es importante la virginidad, aunque no tanto como para la madre de mi amiga Loreto (bastante bruta, la madre no la hija), decía que prefería a su hija muerta antes que violada, y lo decía delante de la madre de Pili, a quien supuestamente habían violado (era del dominio público que se había quedado embarazada del novio y se inventó la violación para poder abortar -hasta tuvo que denunciarlo a la policía y hacer un retrato robot-. Me pregunto qué habría pasado si hubiera salido un sujeto con el rostro del agresor que se inventó).

Durante un tiempo, después de levantarse tras diez años de permanecer en la cama, mi madre no cesó de contarme lo dolorosa que había sido su primera vez (por supuesto, durante su noche de bodas). A mí me daba pena y me extrañaba que mi padre hubiera sido tan bruto -aunque si había estado más de cinco años esperando...-. Luego comprendí que sólo intentaba meterme miedo, persuadirme para que no me acostara "aún" con nadie.

Todas las pérdidas de virginidad que conozco han sido más o menos traumáticas. Incluso la de Guille, que fue casi por completo idílica. Una habitación de hotel de cuatro estrellas, el Catalonia, envuelto en niebla, su novia de toda la vida, ambos mayores de edad... y en el momento crucial no pudo quitarse de la cabeza que mancharían de sangre las sábanas y las camareras del hotel se enterarían de lo que habían estado haciendo. (Estamos demasiado obsesionados con lo que piensen los demás de nuestra sexualidad). 

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