miércoles, 18 de abril de 2012

Desasosiego

Todos duermen. Fuera no hay ni una ventana iluminada. Por unos segundos las farolas encendidas engañan con sus reflejos, pero basta una segunda mirada para comprender el error. Ni un coche se escucha. Los que tienen que madrugar aún no se han levantado y los insomnes ya se fueron a la cama. Es como vivir en una ciudad fantasma. Qué extraña es esta hora de la madrugada: 4:30, todos duermen y la cabeza, tal vez por esta soledad que me hace un poco impune a cualquier censura -al menos momentáneamente-, se llena de ideas extrañas y de recuerdos. Necesito escuchar la respiración de durmiente de Guille porque Nieves, nuestra limpiadora que tiene dos madres y dos nombres distintos, me contó que uno de sus hermanastros, el verano pasado, murió de muerte súbita, con más de 25 años. Estaban comiendo en el patio  de la casa de sus padres adoptivos, se puso en pie, pensaban que para soltar una perorata o ponerse a cantar, pero sólo fue para desplomarse, ya muerto. El verano me trae a la memoria la primera vez que vi fornicar a dos personas, eran dos hombres, yo estaba escondida, hecha un ovillo, en una de las banquetas que había en los vestuarios femeninos de la piscina, entraron dos soldados, demasiados impacientes para desnudarse; al principio pensé que se estaban peleando, lo que me hizo no salir del escondite, por miedo a recibir yo también, luego comprendí que su comportamiento no era muy diferente al de los perros de mi vecino. Bueno, lo de los perros me parecía aún más barbarie porque habían nacido en la misma camada. Yo no sabía que eso se llamaba incesto (supongo que entre los animales que son hermanos, también se le llama así). Una de mis compañeras en los dormitorios del internado nos contó con todo detalle que su hermano mayor, un día que sus padres no estaban en casa, había salido de la ducha desnudo y se había masturbado delante de ella. Se olvidó informarnos que aquello era secreto porque cuando otra de las que habían escuchado la historia fue con el cuento a la madre superiora, ella lo desmintió y las demás tuvimos que servir de testigos y corroborar lo que había contado la chivata. ¡Menuda le cayó!!!

Hoy me han hecho llegar a la conclusión de que debo dejar de intentar aprender inglés. Llevo un tiempo cometiendo demasiados errores ortográficos. Bueno... lo sustituiré por el sketch-up. 

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