lunes, 23 de abril de 2012

Jaque al Rey fratricida

La gente se pregunta cómo habiendo matado a su hermano menor con un arma, el Rey tiene ánimos para volver a empuñar una. Puede que de todas las razones que tenemos para censurar su comportamiento esa sea la que mejor comprenda: simplemente su mente lo ha bloqueado, no tiene conciencia de su acto, puede que ni recuerde lo que sucedió (en realidad no sé si excuso al Rey o a mí misma, porque, de ser diferente a lo que imagino, debería actuar de alguna forma). 

La mayoría de los días laborales del verano, me despertaba con el ruido de los disparos o las granadas, de las maniobras de los soldados. Durante un tiempo podías acostumbrarte, pero era muy raro que transcurrieran cinco o seis meses sin que viéramos las consecuencias de un disparo voluntario o accidental. Sólo en una ocasión tuvo como consecuencia la muerte. Pero era peor, para quienes sólo éramos observadores, los que se volaban el dedo gordo del pie o se abrían un agujero sanguinolento en la palma de la mano, porque los berridos de dolor nos alertaban de que ocurría algo y nadie nos impedía ver cuanto sucedía. Después de esos espectáculos, el ruido de las balas te helaba la sangre durante un tiempo porque no costaba nada imaginar las heridas que un disparo accidental podían causar. Cuanto más se conocen las armas más adversión se debería sentir por ellas. 

Tenemos pleno derecho a censurar cualquier acto del Rey, sea público o privado: es nuestro juguete caro que nos obstinamos en cuidar y mimar más allá de lo que acepta el sentido común.  Supongo que la razón está en que es un tipo que cae bien ("campechano" es el adjetivo que suele acompañarle). Aunque también es posible que sólo se trate de las consecuencias de las reminiscencias del tiempo de la dictadura. Los símbolos que se impusieron durante esos cuarenta años (los crucifijos, la bandera, el orgullo hacía la patria...) ahora se menosprecian e infravaloran. A la monarquía se la desdeñaba entonces y ahora se le acepta, al menos hasta el momento, un comportamiento censurable en cualquier otra persona. 

Aunque también es posible que sólo tengamos miedo al cambio.

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