lunes, 9 de abril de 2012

Inventario de la iniquidad

El estudio de Granada, donde trabajo y vivo, da a cuatro calles diferentes. Una de esas calles en realidad es un callejón en el que se amontonan los cubos de basura de un restaurante oriental. El Ayuntamiento desde hace un año y cuatro meses (tiempo en el que puedo constatarlo por haberlo sufrido directamente) ha limpiado ese callejón sólo en dos ocasiones, ambas coincidentes con alguna elección electoral. Hoy recogía la ropa tendida y uno de los boxers de Guille voló con una racha traicionera de aire y fue a parar a ese callejón. Caminar por él es como hacerlo por la superficie pegajosa y derretida de asfalto recién vertido, pero lo que hacía pringoso el pavimento y amenazaba a cada paso con apoderarse de mis zapatos, era una sustancia orgánica y hedionda. Por fortuna no era una prenda querida por Guille porque fue directamente a la basura. No quiero arriesgarme a que pille alguna infección. 

No se puede hacer nada. Todos sabemos que es un timo, pero los abogados aseguran que intentar denunciar sólo serviría para gastar dinero y no ganar más que dolores de cabeza porque, en realidad sólo sería una palabra contra otra. Explico: Mi prima es hiperactiva, no se puede estar quieta ni cuando está viendo la TV. Trabaja como administrativa por horas y en estos momento no suelen llamarla mucho, por lo que complementa lo poco que gana con trabajos realizados en casa, por lo general como costurera, arreglando prendas, aunque ha hecho un poco de todo, incluido el montaje de bolígrafos y falsificar la firma en fotografías de algunos jugadores del Real Madrid y el Barça (algo que sólo ella pone en duda que no sea delito). El último trabajo que había cogido consistía en hacer un par de agujeritos a bañadores masculinos, tipo bragas náuticas, con estampados que son todo un  martirio para la vista. Le explicaron con toda claridad que los agujeros iban a los dos laterales del bañador, en la parte exterior -supuestamente porque este año iba a ser la moda que se viera el cordón que ata esas prendas-. Asegura que le pareció extraño y que pidió que se lo explicaran detenidamente en un par de ocasiones. Le dieron 1000 prendas que debía tener listas en 15 días. Le iban a pagar 0.25 € por cada uno de los bañadores. Cada braga tardaba 3 minutos en tenerla lista. No era mucho -como si ganara 5 € a la hora-, pero como necesitaba el dinero... Pero cuando fue a entregar los bañadores, le dijeron que estaban mal, que se había equivocado y le exigían pagar las prendas. Tres euros cada una. Tiene miedo, pero, por supuesto, se niega a pagar.


Así funciona la justicia en este país... Hoy he recibido un burofax informándome que mañana tengo que asistir a un juicio para el que, supuestamente, había sido nombrada perita. Cuando te  contrata de perita hay un montón de pasos a seguir. Primero debes aceptar el peritaje, ir directamente a los juzgados y firmar en presencia del oficial que lleva el expediente. Analizas la pericial que debes realizar, y pones un precio. Nosotros -ya estamos curados de espantos- exigimos que las partes ingresen la previsión de fondos en los juzgados (porque luego, una vez aclarado el tema por el juez, no pagan). Y, por lo general, nos exigen que antes de diez días del juicio, hayamos entregado la pericial -si es muy complicado, el plazo de diez días aumenta-. Las partes analizan la documentación y, a veces, algunas de ellas exigen la aclaración de algún punto o hacen preguntas, siempre relacionadas con las ya existentes.... mañana me fastidian el día. A las 11 y media debo estar en los juzgados de la Caleta para decirle al juez que alguien ha metido la pata hasta los orificios de la nariz. Llamar e intentar razonar con ellos, no ha servido de nada.

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