miércoles, 18 de septiembre de 2013

La ilusión de aprender

Mi sobrina viene a que le forre los libros desde el día que supo imponerse a mi cuñada en el cuidado de sus propias cosas (cuando tenía 5 años). Y el tiempo que yo no estuve por aquí, se los llevó a mi madre. Son libros casi nuevos, el segundo año de uso (en la primera página, sobre un sello verde, con bolígrafo azul y muy buena caligrafía, está escrito el nombre del niño que lo usó y ahora también el de ella). Tienen los extremos de las páginas curvados y los bordes renegridos; alguna mancha de líquido, seco hace mucho tiempo, ha retorcido el papel; pero ella pasa las páginas con el cuidado y mimo de quien tiene entre las manos algo completamente nuevo. Le ilusiona todo lo que tiene que aprender, y se impacienta. Pregunta qué son las ecuaciones de primer grado, se alegra por lo fácil que le resulta comprender el texto en inglés de las primeras lecciones, me pide ayuda prematura para dibujar un pentágono, se atormenta con lo oscuro que le resulta el idioma francés (está en 1º de ESO bilingüe)... once asignaturas. Le encanta tocar las cosas nuevas. El material escolar recién comprado. Le tienta tanto escribir en las libretas, en el colchón de blandura de la primera página, que no resiste la tentación y comienza a escribir un poema que aprendió el año pasado por gusto: Abril florecida / frente a mi ventana... 


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