domingo, 8 de septiembre de 2013

El precio del fracaso

Creo que soy una aguafiestas porque me alegra que no hayan concedido a Madrid los JJOO del 2.020. Aún quedan 7 años y es posible que para entonces, al menos eso vaticinan incluso los más pesimistas, la crisis haya concluido. Según Ana Botella, a una pregunta que le hicieron en la rueda de prensa en Argentina unos días antes de la selección del país anfitrión de las olimpiadas del 2020, sobre si considera sensato que un país con un paro del 27% solicite celebrar los JJOO cuando el gobierno -al menos para los ciudadanos de tercera- tiene una política de austeridad, respondió que Madrid tiene un 85% de las infraestructuras acabadas (he sacado la media porque a lo largo de la contestación, a Ana Botella se le derrumba un 10% de las infraestructuras: del 90% del principio pasa, en pocos segundos, a sólo un 80%). Ni siquiera quedaría el consuelo de proporcionar muchos puestos de trabajo para el levantamiento de unas construcciones que pagaríamos los ciudadanos. Eso ya no nos debe preocupar porque al final se celebrarán en Tokio (las casas comerciales, para hacerse propaganda entre los espectadores, regalarán pequeños contadores geiger). 



Pero, ¿cuánto nos ha costado hasta ahora el capricho de presentarnos para celebrar los JJOO? ¿Cuánto nos ha costado el logotipo? ¿y por qué cada cuatro años lo cambian (la llama en 2012, la mano de colores en 2016, las chanclas o cola de pavo real en el 2020)? ¿cuánto cuesta la propaganda que se ha puesto en todos los medios de información? ¿cuánto llevar hasta Argentina la numerosa delegación española? ¿cuánto los uniformes que lucían? ¿cuánto crear y mantener la web?... y cuántos de todos esos cuántos de los que ni tengo sospechas. 

He buscado en Internet, pero no existen datos. En algunos países, ciudadanos normales y corrientes pueden hacer preguntas de este tipo a sus gobernantes y suelen responder. Aquí, si preguntáramos a Botella, nos respondería que en agosto ha disminuido el paro en 31 personas, lo que es una evidencia clara de la salida de la crisis. ¿De qué nos quejamos?

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