lunes, 5 de diciembre de 2011

Ladrones de ideas

Durante los últimos años de carrera trabajé para un profesor en su estudio de arquitectura. Casi todo el trabajo se reducía a hacer de delineante o recadera, pero de vez en cuando, cuando necesitaba incrementar su currículo, me pedía ayuda para escribir algún artículo y, en una ocasión, incluso para redactar unos apuntes que terminaron convirtiéndose en un librito publicado por la facultad. Imaginad a un ciego ayudando a caminar a un miope entre las penumbras. Mi profesor era muy bueno como profesor y como arquitecto, pero era pésimo redactando (resulta muy complicado pasar las ideas que se guardan entre oreja y oreja a papel de forma fidedigna). Cuando la fecha se nos echaba encima y aún no habíamos terminado el artículo que debía ser publicado en alguna revista de arquitectura (por lo general en Alzada), pasábamos la noche en vela, rodeados de revistas y libros (mi profesor no se fiaba de Internet, decía que estaba plagado de errores). Montábamos auténticos Frankenstein, pillando información de unos y otros artículos, copiando con descaro, sin apenas modificaciones. Si en alguna parte se decía de Moneo: "En 1973 Moneo había establecido su estudio en Madrid, compaginando desde entonces el diseño arquitectónico con la enseñanza"... nosotros escribíamos: Desde 1973 Moneo vivió en Madrid, donde compaginaba la enseñanza con el diseño arquitectónico. 

Nunca lo acusaron de plagio, y muchos profesores sí lo leían, incluso lo felicitaban. Supongo que habrá continuado haciendo lo mismo con la pardilla que me sustituyó. 

Mi profesor lo hacía por su necesidad de avanzar; yo, por no atreverme a negarme (ahora ya sé decir que no, pero por aquel entonces era complicado negarme a algo que sabía que estaba mal, pero que era ordenado por alguien que me pagaba -admito que lo justo: trabajaba muchas horas, pero aprendí mucho durante ese periodo- y que tenía en su mano aprobarme o suspenderme las asignaturas que me impartía). Ambos lo hacíamos por ignorancia, por incapacidad para hacer algo a lo que estábamos obligados. 

Por lo general la acusación de plagios a escritores famosos, son falsas. Es muy fácil identificar nuestras propias ideas (o fantasías) en algo que hemos leído. También están los "letras heridas" que intentan sobresalir de esta forma (dándose a conocer acusando al desdichado escritor encumbrado de turno, de haberle robado las ideas). Pero hay escritores con renombre (o con nombre conocido simplemente) cuya acusación de plagio ha tenido fundamento, como Camilo José Cela con su Cruz de San Andrés (libro pésimo donde los haya -ya puestos a plagiar, podría haber buscado algo bueno) o Lucia Etxevarría (por diferentes escritos). ¿Por qué lo hicieron estos escritores? ¿Ausencia de ideas propias? ¿Un agujero en su imaginación que lo abarcaba todo? ... No lo creo. Sospecho que la imaginación del escritor y del arquitecto son idénticas, al menos en su funcionamiento, y que comienza a existir cuando te pones delante de una página (o pantalla) en blanco y con un lápiz (bolígrafo, pluma o teclado) entre los dedos y te obligas a dar solución al problema que tienes. Así que, los escritores encumbrados, ¿plagian por pereza?




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