jueves, 1 de diciembre de 2011

Dos peritas y un rabo de lagartija

Pere, Pedro, en catalán se pronuncia Pera. Un arquitecto hace peritajes, por lo que se considera un perito. Perita en algunas partes de Málaga tiene el significado de "algo bueno". Pere y yo nos llamamos mutuamente Perita.

Pere es un amigo de la infancia de Guille. Eran vecinos y fueron al mismo colegio. A Pere lo conocí un viernes por la tarde del mes de septiembre de hace tres años, cuando coincidimos en el Jazz Room de Barcelona. Él, aunque ya salía con Raimon, iba acompañado por un chaval imponente al que no hemos vuelto a ver.

Pere es sosegado, tranquilo, parece incapaz de alterarse por nada, tan culto que cualquier dato se puede conocer antes preguntándole a él que consultando en internet. Aquel primer día Pere dijo: "Cuando era adolescente estuve enamorado de tu novio. Me mataba a pajas pensando que me lo montaba con él". Guille, que aún no me conocía muy bien, protestó, temiendo que me asustara su sinceridad; pero yo estaba encantada. No había tenido conciencia que, a los ojos de los demás, nosotros ya eramos pareja. Guille era tan maduro y formal que ni me había atrevido a imaginar que nuestras frecuentes salidas juntos fuera algo diferente  a simple amabilidad por su parte.

Pere llama a Guille rabo de lagartija porque sólo se está quieto cuando cae la noche. Aunque Guille y yo no hubiéramos terminado juntos, sospecho que la amistad con Pere se habría consolidado y hecho muy estrecha. Tenemos bastante cosas en común, entre otras, que ambos, siendo más bien insomnes, estamos casados con marmotas. Nos buscamos cuando los demás duermen para, como dice él, "marujear". Ayer estuvimos marujeando hasta que él se tuvo que ir a trabajar y yo a dormir. Está preocupado porque Raimon tiene un trabajo algo precario. Estar casados le da la seguridad de que, si le ocurre algo a él, Raimon recibirá una pensión que le permita vivir con algo de dignidad, con las mismas comodidades a las que se ha acostumbrado desde que viven juntos, al menos. Me hubiera gustado tranquilizarlo, decirle que todo seguirá igual, y que es complicado que le quiten unos derechos ya adquiridos, pero no he podido (no he querido mentir). 

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