martes, 29 de mayo de 2012

Sé bueno... miénteme

Todas las mañanas invariablemente me llegan noticias negativas tipo: empresa constructora que ha quebrado, aparejador que ha dejado la profesión por falta de trabajo (por lo general dejan colgadas multitud de obras), clientes que no pueden seguir con sus construcciones por falta de dinero... (me he vuelto insensible a las lágrimas ajenas). El desastre de hoy ya se ha producido: un edificio pequeño, de tres apartamentos (auto construido,donde vivirán un padre y sus dos hijos), que se había paralizado por la falta de solvencia del promotor, hoy ya se podía reanudar, pero se lo han encontrado lleno de ocupas (¡la madre que los parió! Eso, como poco, implica nueva pintura y sustituir las puertas de seguridad que han sido forzadas... y esperar una eternidad a que los ocupas sean desalojados). Esta situación extenúa. 

Cuando fui voluntaria en la sección oncológica del Hospital Universitario de Granada, había una señora que llevaba mucho tiempo luchando contra un cáncer de mama. Un día le pidió al médico que le mintiera, que le dijera que se había curado; y el médico lo hizo. Me gustaría decir que a partir de ese día la mujer mejoró, pero no es así; sin embargo, mientras duró la ficción, hizo muchas cosas de las que se había privado hasta entonces por miedo, como pasear por los jardines del hospital o comer pasteles (tenía pavor a los azúcares refinados por lo que había leído). 

Hoy me gustaría que me hicieran como a aquella señora, que me mintieran, que me dijeran que todo va bien, porque agota permanecer constantemente al borde del abismo.

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