martes, 8 de mayo de 2012

Jugando a Sherlock Holmes

Los personajes: A, B y C. A y B eran compañeras de piso. C era compañero de clase de A. B y C están liados.




Los hechos: El Personaje B llega al piso a las dos de la madrugada después de haber estado fuera todo el día, desde las cinco y media. Trabaja en un bar, dos horas por la mañana sirviendo desayunos y las horas que sean necesarias por la noche. En el piso se encuentra con A y con C. Las demás compañeras del piso se han marchado a casa porque es jueves y finales de curso -las semanas se acortan para que la gente pueda preparar los exámenes-. El Personaje C exige ser recompensado por la larga espera con sexo, pero el Personaje B alega que tiene que trabajar. Debe preparar la maqueta de una ladera. Despliega toda la parafernalia sobre la cama para empezar a hacerla. Entre tanto el Personaje A se muestra indignada por cómo es tratado el Personaje C. A y B no se tragan. B sugiere a A que vaya a excretar sus ideas a otra parte, sale de la habitación y, supuestamente, es la última vez que la ve con vida. 

El Personaje C asegura que cuando se marchó a casa, después de haberse convertido ante los ojos del Personaje A en un mártir por tener que sufrir la dictadura de B, su amada estaba viva. Entró para darle un beso de buenas noches, pero había caído rendida por el cansancio. Pensó en meterla en la cama, estaba tumbada en el suelo, con todos los materiales de la maqueta desperdigados. Imaginó que al cabo de cinco minuto se despertaría y seguiría trabajando, como solía hacer; así que la dejó tal como la había encontrado. 

Por la mañana el Personaje B estaba como la mojama, bajo un charco de sangre. ¿Quién la mató? ¿El novio frustrado? ¿La compañera de piso despechada? ¿Ambos? ... ¿Ninguno?

Ahora Sherlock Holmes sería capaz de deducir por nimiedades que el novio quería a B, que la compañera de piso se quedó dormida en cuanto el Personaje C se fue a casa y no despertaría hasta la mañana siguiente, y, sobre todo, que ninguno individualmente, ni juntos, eran capaces de semejante acto. Tampoco había indicios de que alguien hubiera entrado en el piso durante la noche, así que... descartado lo más probable, lo que queda es la solución. Nadie asesinó a B. Había dormido rodeada por cuchillas, cúteres, tijeras y todo objeto afilado y peligroso imaginable. El cansancio y el corte accidental con una cuchilla muy afilada permitió que siguiera durmiendo sin que el dolor la despertara. 

En realidad B no murió. Tenía la costumbre de dormir engurruñida, en posición decúbito supino, y eso evitó que se desangrara. Pero la muerte hace la historia menos melodramática. Sobrevivir habría obligado a B a compartir techo -y/o cama- con quien podría quererla ver muerta.

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