lunes, 12 de septiembre de 2011

Una china en el zapato

Menudo fin de semana!!! No ha habido nada gordo, pero pequeños incidentes o contrariedades lo han hecho nefasto. 

Lo más doloroso, lo más molesto, Guille tampoco ha venido este fin de semana. Desde que nos casamos nunca hemos estado separados tanto tiempo. La semana pasada porque es un viaje muy largo para hacerlo en coche, tren o autobús, y el avión era caro (en verano no hay vuelos baratos los fines de semana), y esta semana porque tiene que entregar una pericial (una en la que supuestamente iban a llegar a un acuerdo y al final no han llegado).

El sábado por la mañana fui a bazar regentado por chinos (uno que está frente al Corte Inglés, un poquito más abajo de la tienda de bocatas). Por fin me he comprado cubiertos (llevaba más de una semana comiendo con palillos chinos -es una labor de chinos comer una fabada con palillos, aunque lo más complicado es cazar los tomatitos diminutos de la ensalada-). Cuando ya iba a pagar, a la tienda llegó un señor que poco antes había comprado una agenda sin darse cuenta que era del año 2012. Alegaba que él no la quería, que quería una del 2011. Del año 2011 no tenían, pero se ofrecieron a cambiar el artículo por otro del mismo valor o por un vale. Lo ponía con claridad junto a la caja: No se devuelve el dinero. La agenda costaba 2 €. Intervení. Le propuse al señor darle los dos euros y que él me diera la agenda. !Menudo pollo monté sin quererlo!!!! Le dependienta me agradeció el gesto con una sonrisa, pero el señor se puso rojo como un tomate y me llamó entrometida y mentomentodo. Comenzó a echar pestes contra los chinos, en general. Amenazó con llamar a la policía (cosa que debería haber hecho, seguro que cometió al menos tres delitos: racismo, escándalo público y   agresión). Al final se fue arrojándome con violencia la agenda, cogiendo la moneda que yo había puesto frente a él y tirando al suelo un expositor de colgantes para teléfonos. 

El sábado por la noche, cuando salí a correr, me topé de nuevo con el señor que asegura que le gustan las chicas sudorosas. El domingo cambié el recorrido (no creo que se trate de una persona violenta, pero temo que le pueda ocurrir algo si sigue corriendo tras de mí con zapatos de calle y con una baja forma que le hace jadear a los pocos metros -a ver si voy a terminar siendo  homicida involuntaria-).

El domingo por la mañana seguí leyendo La Noche de los Tiempos, de Antonio Muñoz Molina. Los buenos libros te obligan a darte cuenta de cosas que no te habías dado cuenta (por no ser tan buena observadora como el escritor en cuestión o no haber tenido una experiencia determinada). Me obligó a darme cuenta que ya no recuerdo la voz de mi padre. 

Bueno, hoy ya es lunes...




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