viernes, 2 de septiembre de 2011

Las lágrimas de Caín

Mi sobrinilla tiene 10 años y temo que hoy la he decepcionado (con lo que me gusta que me admire). Quiere hacerse un agujero en la oreja (ya tiene los dos de los pendientes, se lo hicieron cuando era muy pequeñita, apenas unos meses, y sin que nadie le hubiera perdido permiso). No me parece justo que su madre se niegue, habiendo sido ella quien, por costumbre, basándose en un ritual absurdo de: como es niña, tiene que utilizar pendientes. Estaba dispuesta a interceder por ella ante mi cuñada, pero entonces me acordé de un cuento de Gabriel García Márquez. Una pareja de recién casados. Ella se pincha con la espina de una rosa y lo que parece algo insignificante, acaba con la muerte de la mujer. Pensé de repente que algo tan ridículo como hacerse un agujero en la oreja puede traer consecuencias y no quise hacerme responsable.


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