miércoles, 18 de noviembre de 2015

Sosiego

Compramos la cena en un kebab. Shawarma de ternera y salsa blanca para Guille, de pollo, completo, con mucho picante, para mí. Nos entretenemos viendo la televisión mientras esperamos a que estén preparados. No es la primera vez que vamos a ese restaurante. Por lo general tienen puesta una cadena marroquí donde echan películas de una estética extraña y compleja para mi gusto, con actores que sobre actúan, Hoy sintonizaban una cadena nacional, con el informativo nocturno. Hablaban de los atentados de Francia, de los terroristas detenidos. Pusieron vídeos del tiroteo nocturno e imágenes fijas, ya de día, de la detención de los supuestos terroristas. Entre ellas, una que está en todos los periódicos digitales: un terrorista sin pantalones, esposado a las espaldas, con la camiseta ensangrentada y rodeado de policías. ¿Por qué irá medio desnudo?, pregunté sin la esperanza de tener respuesta. 

Era de noche, estaría en la cama matándose a pajas, propuso Guille. La masturbación es pecado para los musulmanes. Los yihadista te incitan a matar a los infieles, pero te llaman pecador si te desahogas contigo mismo -qué contradictorio-. 

Un chaval flaco y con pinta de desvalido, que se comía una hamburguesa enorme sentado a la barra, intervino: Le pillaría cerca la piba que se explotó. Si te vuelas las tripas, todo se pringa con trocitos de tripas y mierda. ¡Qué asco, tíos!

Yo pienso que el terrorista prefirió la desnudez a las evidencias del miedo licuado en sus pantalones. 

El encargado del restaurante también nos dio a conocer su opinión: Si tú huyes, tú te metes en agujeros chicos como guarida de rata. Tu dentro de un agujero y tu ropa fuera. O si tu huyes, policía coge de tu ropa. Tú no te paras, corres. Tu ropa en mano de policía y tú lejos

La conversación se paró en ese punto porque nuestra comida ya estaba lista. Iba a proponer que quizá fue cosa de la policía. Lo desnudaron para asegurarse que no llevaba explosivos y no lo dejaron vestirse para humillarlo.



En realidad no me importa qué ocurrió. Estamos tan acostumbrados a ver en la red o los periódicos los resultados de la fuerza desproporcionada ejercida por la autoridad sobre inocentes; les habría sido tan fácil a los policías franceses masacrar a los terroristas, tal vez vengarse por un amigo o familiar muerto en los atentados; que al conocer los resultados del enfrentamiento entre terroristas y policías, sólo puedo sentir admiración por las fuerza armadas de un país civilizado y deseos de seguir perteneciendo a este mundo.

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