viernes, 2 de mayo de 2014

Sin rabia

El calor me hace hibernar. Me produce un sopor capaz de mermar muchos de mis sentidos y sensaciones. Tal vez sea porque mi cerebro se dilata y las neuronas no terminan de hacer un contacto completo las unas con las otras. Si funcionaran bien, seguro que ahora estaría echando espumarajos por los hocicos y tendría los ojos rojos como los de un vampiro sediento de sangre. 

A pesar de los cientos de problemas que estamos teniendo, estoy disfrutando mucho de dirigir la obra del Campus de la Salud porque son cosas nuevas para mí (y para casi todos los que trabajamos en esa obra). Estamos aprendiendo mucho (en exceso, a fuerza de errores). Todo es un reto. La sala que más problemas nos está dando, es la de los animales. Tiene que estar protegida para que unos no salgan (los animales) y para que otros no entren (los supuestos amantes de los animales). Todos los cables están protegidos contra mordeduras, los espacios que quedan entre el forjado y los tubos de instalaciones, sellados con silicona, y bajo el falso techo, que es transitable, hay sensores de movimiento. El falso techo es transitable para poder ir a buscar al posible bicho que se escape. Y un falso techo transitable requiere una muy buena sujeción. En este caso, son unos tacos especiales de acero, muy parecido a una sombrilla que está cerrada al penetrar, y se abre en cuanto atraviesa el centímetro y poco de pared de las bovedillas de hormigón. Para que funcione bien, debe tener un 75 % de las varillas que lo componen extendidas, en horizontal. El instalador que nos mandaron de la fábrica, supuestamente, era un experto... Supuestamente. A media tarde me ha llamado el encargado de la obra y me ha informado que todo el falso techo de esa sala estaba en el suelo (es la segunda vez que nos ocurre, aunque la otra ocasión fue un falso techo normal). Pobre vigilante. Creyó que había colapsado la estructura y asegura que echaba leches bajando los escalones de tres en tres. El experto instalador había hincado los ganchos en los nervios del forjado (un mazacote de hormigón que no permite que el taco se abra). Debería estar muy cabreada: más retraso en la obra, ahora que acabábamos de empezar de nuevo después de la suspensión de pagos momentánea. Pero enfadarse requiere mucho esfuerzo físico y estoy medio adormilada por el calor que hace ya, como de pleno verano. De momento sólo me alegro que el suceso haya acaecido en un día festivo (tenemos puente porque mañana es el día de la cruz) y no haya ningún accidentado. 


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