martes, 6 de mayo de 2014

Congelados en el tiempo

Suelo ver una película o capítulo de una serie casi todos los días; los fines de semana, incluso más, dos o tres. Las largas abstinencias hacen que los sentidos se aviven, y la saturación termina por producir indiferencia. Sin embargo, cada vez que piso un cine, tengo la sensación infantil de que me van a contar un cuento maravilloso. 

Esta tarde, para escapar del estruendo de la obra que tenemos sobre nuestras cabezas, fuimos al cine. Le tocaba escoger película a Guille. Le pedí que fuera poco ruidosa, pero no había ninguna muda. Se impuso el horario y vimos Pompeya


Historia romántica bastante sosa entre la hija de un rico hombre de negocios y un gladiador. Efectos especiales heredados de 2.012. Un poco dispersa al querer contar demasiadas cosas, a mi parecer: el enamoramiento de un cenador romano con la protagonista, el chantaje del cenador a los padres para conseguir casarse con la protagonista, la amistad entre el protagonista y otro gladiador... Hubiera estado bien si la historia romántica hubiera sido entre los dos gladiadores, o un triángulo amoroso. En ese tiempo no estaba mal vista las relaciones entre dos hombres, y habría tenido algo de originalidad. 

La película es entretenida, de esas que se pueden ver y olvidar de inmediato. Y parece que está llena de incongruencias que hace querer saber más sobre el tema de Pompeya. En un 24 de agosto los romanos van vestidos con manga larga, el peto de la armadura y manto... En la película hay un maremoto que no se menciona en ninguno de los muchos documentales que he visto. ¿Ocurrió de verdad, o es una licencia del guionista? Desde el anfiteatro hasta el mar, en la película, parece que hay una distancia muy corta, pero en la actualidad hay por lo menos tres kilómetros, ¿es que se le ha ganado superficie al mar? La destrucción de Pompeya, en la película, parece extrema, pero las ruinas que se conservan están bastante intactas (es comprensible que la cubierta de muchas viviendas, o de la mayoría, colapsaran con el peso de 4.5 metros de ceniza). Al llegar a Pompeya la nube piroplástica, parece demasiado caliente, tanto, que carboniza la carne de los que atrapa, haciendo imposible la formación de todas esas estatuas humanas, cuyos negativos, los huecos bajo de la ceniza, fueron descubriendo los arqueólogos al desenterrar las ruinas. 

Ver la película ha resultado bastante provechoso por la curiosidad que me ha provocado. Para empezar, en cuanto llegué a casa, me pasé un rato viajando por las ruinas de Pompeya gracias al Google Map


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