sábado, 8 de octubre de 2016

Forjando anormales

Cuando mi madre compra en el mercado lentejas a granel, luego tiene que espulgarlas. Las extiende sobre la mesa de la cocina y va quitando, con mucha paciencia, trocitos de ramas o pequeños chinos. Muchas tardes de dos semanas de este veranos hemos hecho lo mismo con las fotografías aéreas sacadas por Guille. Lo contrataron para sacar el vuelo de un pueblo con el que detectar edificaciones fuera de normativa, pero antes de entregar el trabajo hubo que limpiar las fotografías, eliminar las que podían herir la sensibilidad de quien quien es observado y de quien mira. Creemos estar protegidos dentro de nuestros patios o azoteas altas, pero ya existen ojos que nos miran sin que nos percatemos. Supongo que en breve, en cuanto haya un pequeño escándalo, intentarán regular la legalidad de los drones volando espacios privados. De momento todo está en el limbo. 

Hay escenas más molestas para quien mira que para quien es observado. Ninguno de los fotogramas del montaje aéreo de Guille se puede considerar como tal, aunque en este momento conozco intimidades de conocidos que preferiría ignorar. La escena que realmente me produjo bochorno y dejó perpleja, ocurrió hace pocos días, la semana pasada. Medía un piso gigantesco en la calle San Antón, muy cerca de mi casa. Era un piso destinado a una familia numerosa, con media docena de dormitorios dobles e incluso triples gracias a las literas. Una piara de criaturas, ya crecidas. Mientras yo medía la vivienda, pululaban por las habitaciones tres hijas adolescentes y dos hijos un poco mayores. Los hijos jugaban a la play, dos de las hijas ayudaban en la cocina y otra limpiaba el polvo en el salón. Uno de los hijos pidió a la hermana que limpiaba el polvo que le llevara un flan, y ella, dócil, lo hizo. 

¿Tan atrasados estamos aún? En el pasado, durante mi niñez, me había topado con escenas semejantes. Creía que habíamos avanzado. Le comenté lo ocurrido a una compañera. Se quedó expectante. Esperaba que hubiera ocurrido algo más. Niñas colaborando en las tareas caseras y que sirven de criadas a sus hermanos masculinos. ¿Se forja así a hijos de puta como los de la violación colectiva de los San Fermines y Pozoblanco

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