sábado, 26 de octubre de 2013

El escritor y su oficio

¿Por qué leemos? ¿Por la necesidad de que nos cuenten historias? Ver una película sería mucho más cómodo, y con las mismas consecuencias. Pero en una película no se nos da la posibilidad de imaginar una parte de lo que se nos narra. Leer es esforzarnos en ver el mundo a través de los ojos del escritor, compartiendo sus conocimientos, imaginación y experiencias. 

Hasta hace muy poco de los escritores sólo me importaba si estaban vivos o muertos (para saber si tenía una posibilidad cerrada de seguir leyéndolos o era posible encontrarme cada poco con algo nuevo). Pero somos seres vivos y, por lo tanto, cambiantes. Ahora incluso me interesa la vida social de los escritores que suelo leer con admiración. 

Ayer le dieron, muy merecidamente, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina. En su discurso, dijo: Nos dedicamos [los escritores], pues, a un oficio más antiguo y más útil de lo que parece




¿Cómo sería el mundo sin escritores? De principio, mucho más aburrido (seguramente ya habría superpoblación en el mundo) porque casi todos matamos nuestro tiempo libre ante la televisión o el pc viendo películas, y sin escritores -guionistas- no existiría prácticamente nada qué contar. Pero, sobre todo, sería un mundo mucho más injusto donde muy pocos tendrían la capacidad de discurrir y percatarse de las injusticias sociales. Seríamos como corderos dispuestos a ir al matadero sin protestas, mansos, maleables. Cuantos más conocimientos tenemos, más críticos nos volvemos, más posibilidades tenemos de imponernos ante las injusticias y de enfrentarnos a quien pretende subyugarnos. 

Sobre el escritor Antonio Muñoz Molina he leído muchas críticas; casi todas favorables y algunas cómicamente enrabietadas en las que se deduce más un ataque de celos profesionales que un razonamiento serio (porque también existen críticos buenos y críticos necios). Lo que nadie puede negar de este escritor es que muy generoso con nosotros, sus lectores. Sobra con asomarse casi diariamente a su blog y descubrir que nos habla de un libro que le ha gustado, de unos tomates que le han regalado, de la última exposición a la que ha ido... Trozos de su vida cotidiana que nos hacen aprender y discurrir. Puede que con el tiempo, esas pequeñas (en dimensión) entradas sean consideradas como una parte muy importante de su creación literaria. 

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