lunes, 20 de marzo de 2017

Después de la tempestad

Dice mi prima Carmen que la única diferencia entre estar casada y divorciada es que la casada tiene un único hombre para todo y la divorciada tiene hombres para todo. Ella ya lleva tres maridos, sabe de lo que habla. Asegura que durante meses sentiré rabia cuando piense en él, luego un ligero resquemor y finalmente indiferencia. Yo asiento, conforme, ella es la maestra en este tema. No le digo que lo que realmente siento es una extraña sensación de libertad. Cuando estaba atada a Guille, aunque él nunca se quejó o quiso impedírmelo (lo único que le desagradaba eran mis salidas nocturnas para correr), si salía con alguna amiga cuando él no estaba aquí, me sentía culpable, y apresuraba el regreso a casa por si me llamaba al fijo y no estaba. Llegué a pensar que había cambiado, que la edad me había vuelto más casera y había dejado de gustarme tomarme unas copas con los amigos para celebrar el comienzo de la libertad del fin de semana. Me equivocaba. Lo único que no me gustaba era la sensación del incumplimiento del deber. En cinco semanas he salido y me he divertido más que en cinco años. Puede que esta nueva situación no esté tan mal.

1 comentario:

  1. tres meses. Cuando me separé de mi dulzura en aquel entonces, me dieron tres meses para dejar de pensar en ella. NO recuerdo bien, pero creo que más o menos ese fue el tiempo que me tomó.

    Total para nada, porque volví con ella. No estoy diciendo que vuelvas con Guille, sólo te cuento lo que me pasó.

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