domingo, 19 de marzo de 2017

Demasiado buena para nosotros

Me gusta regresar a casa y toparme con un camión de la mudanza a las puertas del bloque. Hay tantos pisos vacíos, que por lo general es alguien que llega. Los estudiantes viajan ligeros de equipaje; el coche de papá o mamá cargado hasta los topes les sobra. 

El último traslado vino precedido por el ruido, durante meses, de obras en uno de los pisos. Fue molesto, aunque estamos acostumbrados porque este edificio es viejo y necesita a menudo reformas. 

Una de las cajas de la mudanza se había roto y desparramado por el rellano, delante del ascensor, un puñado de libros de Tagore. Inmediatamente pensé que el nuevo vecino sería alguien interesante. Mi vecina del segundo izquierda, que se entera de todo (a veces creo que antes de que suceda), me contó que se trataba de una señora de unos 60 años que había sido secretaria en un sindicato, pero que ya estaba jubilada. 

Pronto nos permitió conocer que ser lectora de Tagore no implica ser tolerante ni comprender el funcionamiento de una comunidad democrática. Dos días después de la mudanza empezó con las exigencias. Quiere que no dejen alquilar los pisos a personas que no sean españolas, quiere que se cambie el horario en el que no se puede hacer ruido, de las 11:00 h que tenemos ahora, a las 10:00 y por las mañanas de las 7:00 h a las 8:00, porque se adapta más a su horario. Quiere que la gente no abra las ventanas cuando cocina para que no apesten el patio de la comunidad. Quiere que no se permitan las mascotas y los que ya las tienen, que tengan un plazo de un año para deshacerse de ellas. Incluso quiere que se cierre con llave la puerta del torreón de la escalera, donde tendemos, y que sólo se le dé a la gente de confianza. 

Puede que con el tiempo, cuando se convierta en una de los nuestros y se adapte a la comunidad, sea una gran persona, pero, de momento, ha caído a todos como un grano en el culo. Incluso a mi vecina del segundo, que es capaz de sentir compasión por el propio Bárcenas, le es antipática. El día de la junta de la comunidad en la que se dio a conocer, mi vecina del segundo, después de escucharla echarse flores a sí misma, le dijo: Es que es usted demasiado buena para nosotros; la nueva le dio las gracias, sin captar la ironía. 

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