martes, 22 de marzo de 2016

Mismo perro, diferente collar

Los atentados etarras tienen en mi memoria olor a pan tostado y café. Durante los desayunos, en mi casa materna, se escuchaba la radio. Los etarras solían madrugar, tal vez por la necesidad de que el sueño los emborrachara y les diera valor para lo que no lo necesitaban. ¿Existe alguien más indefenso que quien, desarmado, está atento a las llaves del coche y recibe un disparo en la nuca? ¿O quien regresa a casa echando una ojeada al periódico recién comprado? ¿O el profesor que tras su mesa de despacho en la universidad, espera la entrada de alumnos? 

Si el desafortunado que recibía un tiro era identificado de inmediato, mi madre nos miraba a mis hermanos o a mí para saber si lo conocíamos. A ella nunca se le han dado bien los nombres. Sólo recuerda los apodos y las caras. Por fortuna, o por desgracia, sólo en una ocasión obtuvo una afirmación: un barbero civil que trabajaba en la Base Aérea de Armilla. 

Qué rabia me daba cuando veía en alguna película o serie, por lo general norteamericana, retratar a los etarras como un grupo separatista de guerrilleros, envueltos en un halo de romanticismo y justicia. 


Aquellos luchaban por una supuesta libertad con tufo a dictadura. Estos, los de hoy, los que han asesinado a 34 inocentes en Bélgica, también luchan por la opresión. 

¿Duelen? Sí, incluso más que el doble de víctimas de algún país perdido en el mapa, porque Bruselas está próxima, es conocida, nos permite imaginar sin exageraciones que podríamos haber sido nosotros. 

¿Tendrán consecuencias sobre nuestras vidas de forma inmediata? Guille viajará mañana en el AVE de Madrid a Málaga, mi sobrina vuela a Tenerife con unos amigos, yo iré a los juzgados a defender una pericial... de momento, no hay cambios de planes. Nos los modifica más las manifestaciones folclóricas religiosas que invaden estos días las calles de Andalucía. 

Dentro de unos años, cuando los yihadistas sean derrotados, aparecerá otro grupo terrorista queriendo imponer su voluntad en nombre de dios o cualquier majadería semejante, por medio de la violencia. Poco importa por lo que luchen. Ya los conocemos. Matan porque es fácil, se les hace caso porque nos duele, tal vez consigan disminuir durante un periodo de tiempo algunas libertades; pero nada más. La razón y el tiempo los extinguirán. 

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