sábado, 19 de marzo de 2016

¿Cuándo llegamos?

Mi tío Fermín me hacía chantaje cada vez que venía a recogerme para llevarme de vacaciones con él. Compraba una enorme bolsa de gominolas con forma de botella de Coca-cola y me la daba. Por cada vez que pidiera ir al baño o preguntara cuánto faltaba, me quitaba una. La bolsa de golosinas siempre llegaba intacta. Creo que tengo una vejiga de tamaño XXXL, y de los viajes siempre me gustó más el trayecto que la llegada. Lo que nunca supe es quién terminaba comiéndose las gominolas, porque yo, por aquel entonces, era muy quisquillosa con los olores y las tiendas de golosinas me parecían perfumerías descontroladas. 

Ahora sí, ahora no paro de preguntar cuándo llegamos al destino de este viaje de incertidumbre en el que nos han embarcado los políticos. El mundo de la construcción, que parecía haber comenzado a moverse después de mucho tiempo, vuelve a estar parado, en un in pass de espera, de indecisión, de expectación. Los directivos del despacho de abogados para los que trabajamos haciendo de vez en cuando algún informe de edificios, aseguran que el capital necesita seguridad. Nadie quiere hacer inversiones arrojándose al vacío. Lo que hoy puede ser rentable, con nuevas leyes e impuestos, puede ser un desastre dentro de pocos meses. Por como hablan en el despacho de abogados, gente muy entendida en macroeconomía, el gobierno ideal es semejante a la banda sonora de una película: para que sea bueno, no debe hacerse notar. 

¿Cuándo llegamos? 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada