martes, 10 de diciembre de 2013

Separación

Cuando estamos juntas mis dos cuñadas y yo, mi hermano mayor no controla su deseo de fotografiaarnos. Sus novias nunca le duran lo suficiente para que nos habituemos a ellas. 

La esposa de mi hermano mediano compagina con intermitencia, dependiente de la situación económica, su placer por ocuparse en no hacer nada con la restauración (regentaba un restaurante). Lo que más me gusta de ella, son sus arrebatos incontrolados de demostraciones de cariño a mi hermano y mi sobrina. Los abraza, los estruja, se los come a besos... A veces es algo infantil, negligente, pero tiene a su hija para corregirla. Otras veces es tan constante en su deseo por conseguir algo, que a todos nos asombra (por que conocemos su faceta perezosa). En una ocasión estuvo trabajando dos días seguidos para preparar el catering para la boda de una amiga a la que le había fallado el restaurante a última hora. Cree en los videntes y le da miedo quedarse sola en su casa, aunque sea de día. 

La esposa de mi hermano menor trabaja de enfermera en un hospital de Londres. Sueña con envejecer, jubilarse y vivir en la Costa del Sol. Es tan inteligente, que le basta leer un texto una sola vez para memorizarlo. Parece fría, pero no creo que haya nadie en este mundo que quiera más a mi hermano que ella (ni siquiera mi madre, que siempre ha sido excesiva en eso del cariño). La última vez que nos visito, venía con un brazo en cabestrillo. Tenía una tendinitis por haber dado un masaje cardiaco a un anciano en un supermercado durante la media hora que tardó en llegar la ambulancia. Ella sabía que el hombre no iba a sobrevivir, pero no quiso parar porque la esposa del anciano estaba presente (le da tanta importancia a los enfermos como a la conciencia de los parientes). Tal vez sea excesivamente escrupulosa (deformación profesional, supongo) y maniática del orden. Lo que tiene asumido, es que es gafe. 

En Sudáfrica y Namibia, hasta el cercano 1.992 existió el Apartheid (separación). La segregación por razas. Nelson Mandela luchó por abolirlo, hasta lograrlo.


Me gustan las fotografías que nos saca mi hermano mayor a mis cuñadas y a mí. La esposa de mi hermano mediano siempre con una sonrisa que le ocupa todo el rostro, algo entradita en carnes, con la cabeza apoyada en la frente de quien tenga más cerca. La esposa de mi hermano menor, estilizada como una sombra a última hora de la tarde, no importa que su boca no sonría porque sus ojos siempre son alegres, le gusta apoyar una mano en el hombro de quien está a su lado. Y yo, en medio, con la expresión algo forzada porque no me gusta que me fotografíen. Una de nosotras es rubia, con los ojos azules, lechosa de piel, la otra morena, con los ojos marrones y una piel que, a finales del verano, tiende a parecer del color de la madera del almendro y la última, con el pelo rizado, los ojos negros y una piel tan oscura como la noche. 

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