martes, 9 de octubre de 2012

De Tucumancha a Región

Treinta más uno. Seguro que me deprimiría si mirara una de esas estadística donde te dicen qué debes haber conseguido con esta edad, por eso no la miro (no soy masoca). El primero de mis cumpleaños. Ha sido un buen día: bastantes regalos inesperados y sorprendentes. El último ha sido la llamada de mi amiga Victoria, mi alma gemela, el contrapunto a mi personalidad alocada y algo desequilibrada durante los años en la facultad (aunque hicimos bastantes cosas que hoy día censuraría). Habíamos perdido el contacto después de que ella se fuera a Toledo a hacer un curso sobre implantes de células madre en la columna vertebral. Coincidió con nuestro traslado a Granada y con que ella cambió de número de móvil al cambiar de compañía telefónica. Nos pusimos al día de estos dos años en blanco. Ahora, la que está más tranquila y centrada soy yo. Su retahíla de parejas es interminable. Hizo toda una enrevesada investigación de campo para conseguir mi número de teléfono. 

Poco antes llamaron Pere y su marido para cantarme feliz cumpleaños en inglés. Están escribiendo una novela a cuatro manos y me mandan el primer capítulo. Me gusta tanto que los llamé de inmediato exigiéndoles más, pero no hay más, todavía. Ellos también están contentos con lo que les va saliendo y aseguran que, de seguir así, la enviarán a algún concurso literario. Me la leyó Guille porque está escrita en catalán. Antes había protestado, quejándose un poco, no del todo en broma, no del todo en serio, porque asegura que Pere era originalmente su amigo y ahora lo es más mío. Ingenuo: no se da cuenta que nuestro principal tema de conversación es él.

Mi madre, para no variar, no ha recordado qué día es hoy (o fue ayer, porque ya pasa de la dos de la madrugada). Bueno, le queda otra oportunidad.

El primero y más inesperados de los regalos: Hablar Solos, el libro de Andrés Neuman. He tenido tanta mala suerte con los libros leídos este verano, que me extraña encontrar uno que me interese (llegué a pensar que había dejado de gustarme la lectura). Una historia sencilla contada por la voz interior de los tres personajes principales. El viaje en camión de un padre y su hijo pequeño por un itinerario de paisajes inventados, un gran secreto, soledad... La historia se parece bastante a la que se debió enfrentar mi madre, aunque la del libro es mucho más aséptica, limpia y dulce.

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