martes, 27 de octubre de 2015

La tregua

Nada, aquí ando, esperando a que el programa de cálculo de estructuras dé un resultado por enésima vez. Es un poco aburrido ver pasar el listado interminable de pilares y vigas. Cruzaría los dedos porque el anterior cálculo se interrumpió al llegar al pilar 52 -cuando el programa se pone ceporro hay que empezar de nuevo y meter otra vez todos los datos-. El que esté tecleando y comiéndome un bocata de chorizo picante me impide hacerlo. Ahora dicen que las carnes procesadas son cancerígenas. La lengua me arde por el picante. Soy un poco masoca. Si tuviéramos que hacerle caso a todo lo que informan los periódicos sobre la comida, la inanición sería la única solución. 

La estructura es el menor de mis problemas. En el pen está cargada la presentación de una peluquería. Treinta y dos fachadas y quince distribuciones distintas. Si no duermo, mañana estaré lo suficientemente anestesiada para no maldecir al promotor si me pide por enésima vez otra modificación. La peluquería y las incidencias de una pericial me tienen algo mohína, me hacen sentir completamente estúpida. 

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