domingo, 3 de mayo de 2015

El poder del halago

En el primer estudio de arquitectura en Barcelona en el que trabajé, me obligaron a asistir a un curso que impartía el COA sobre peritajes. Fue un viernes y un fin de semana muy intenso. Veinticuatro horas lectivas llenas de perogrulladas y una advertencia muy persistente: tener cuidado con las amenazas de los demandados. En ningún momento nos advirtieron que es mucho peor la amabilidad y los halagos. En las periciales judiciales hay que ser imparciales. No dejarse influenciar por la pena o las inclinaciones personales. Sólo hay que fiarse de las normas y las evidencias. Si amenazan, la antipatía hacia esa persona no impide que el dictamen se incline hacia una parte o la contraria, demostrando la imparcialidad de los peritos. Pero si la persona implicada ha sido amable y ha facilitado el trabajo, haciendo un derroche contenido de alabanzas (los halagos excesivos resultan empalagosos y consiguen lo contrario de lo que se proponen), qué difícil resulta decepcionarle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada