viernes, 29 de junio de 2012

Entre fantasmas

Mi madre es una persona bastante racional. Aunque parezca una contradicción, es creyente, por superstición y por necesidad (se niega a admitir la posibilidad de no volver a encontrarse con mi padre). 

Un ejemplo. Poco antes de nacer yo. Mi familia vivía en unos pabellones militares de Málaga. En el portal del edificio había una garita con un soldado constantemente de guardia por amenaza terrorista (supongo que terminas cogiendo miedo si cada vez que sales o entras de la calle te recuerdan que estás en peligro). Llaman al timbre y sale mi padre. En el suelo había un paquete del tamaño de una caja de zapatos envuelto en papel de estraza, con unos cables saliendo por un lateral y emitiendo un sospechosos tic-tac. La reacción de mi padre fue inmediata. Cerrar la puerta y gritar a mi madre y mis hermanos que se refugiaran en la ducha mientras él arrancaba un colchón de la cama para protegerlos. Pero mi madre fue tras él y quiso saber qué le asustaba tanto. Le explicó y ella sacó conclusiones:  zapatos nuevos comprados aquella misma mañana a mis hermanos, recordar que había pensado que debía poner pilas nuevas al reloj de la cocina porque no escuchaba el estridente tic-tac -aunque no levantó la cabeza- y, sobre todo, el que mi hermano mayor, adolescente, estaba pasando una época difícil, su época Unabomber. Al menos no llegaron a llamar a los artificieros (que era lo que él buscaba con aquella broma pesada: quería ver funcionar los robots que acababa de adquirir el gobierno español -como si le hubieran dejado quedarse-). 

Cuando murió mi padre, mi madre lo pasó muy mal. El dolor se manifiesta de formas diferentes en cada persona. Mientras que a mis hermanos les encanta recordar anécdotas y momentos vividos con él, a mi madre, si se le menciona, se pone la mano en la sien (como si le clavaran un punzón) y sale de la habitación o nos obliga a cambiar de tema. Por eso me ha parecido muy extraño que lo mencionara esta mañana, cuando la llamé por teléfono. Me dijo que quería hablar con él (tardé en comprender). Tuvo que desmigarme la historia. En Telecinco, en el programa interminable que suele ver, sale una médium, supuestamente muy buena que contacta con gente famosa muerta. Dice que quiere ir a Bendorm e intentar hablar con ella. Le he sugerido mi opinión, pero no se lo he dicho abiertamente. Si quiere ir, la acompañaré incluso; me da miedo que vaya sola y se tope de repente con la decepción.

¿Cómo se permite a una caradura que juegue de esa forma con los sentimientos de las personas cuando más débiles están? Supongo que la médium putativa tranquilizará su conciencia mintiéndose, asegurándose que beneficia a las personas al hacer que crean que sus familiares aún están entre nosotros.¡Cuánta crueldad!!! Y si las mentiras no la tranquilizan, lo hará el dinero (las entradas a sus espectáculos oscilan entre los 50 y 90 euros ). 

miércoles, 27 de junio de 2012

El bufido de la locomotora

¡Menudo cabreo tengo! Echo humo por las narices como si fuera una locomotora de vapor. Me acabo de enterar que la sanidad pública dejará de cubrir una medicina que suelo utilizar para lubricar los ojos. Mis ojos no producen lágrimas de forma natural y desde que tengo uso de razón, he necesitado utilizar diferentes gotas para evitar que se resequen. Los síntomas de un ojo no lubricado son quemazón y escozor (como si estuviera constantemente bañado por el líquido que sueltan las cebollas) además de fotofobia. Métodos naturales (como sugiere Ana Mato): baños con suero fisiológico. Pero mientras que las gotas te permiten una "autonomía" de unas cuatro horas, con el suero, al menos en mi caso, no llega a la media hora. 

No utilizar el lubricante: a partir de la cuarta hora, quemazón y escozor, imposibilidad de mantener abiertos los ojos; a partir de las 24 horas, conjuntivitis; en menos de una semana, formación de llagas con pérdida de visión; en menos de un mes, pérdida del ojo. Por supuesto no conozco estos datos por experiencia (de momento, por fortuna, sólo he llegado hasta la conjuntivitis); me lo explicó un oftamólogo que pensaba que yo no me tomaba demasiado en serio el problema de no tener lágrimas . Pero, por lo visto, la sanidad pública se puede permitir el lujo de la pérdida de la visión de sus pacientes. 

El botecito cuesta unos 11 euros. En invierno necesito uno cada dos meses, en verano uno cada tres semanas aproximadamente. No suelo acudir a la farmacia con la receta, lo compro directamente. En este momento puedo hacerlo sin ningún problema, sin que signifique un menoscabo en mi economía mensual. Pero, ¿qué ocurriría si yo fuera pensionista o estuviera en paro? (Ojo, no es que entre en el co-pago, es que lo eliminan directamente de los medicamentos subvencionados). 

lunes, 25 de junio de 2012

El sueño de los justos

Me costó identificarlo porque siempre lo he visto con traje y perfectamente afeitado. Colocaba propaganda de una tienda de quesos y jamones en los parabrisas de los coches. Cuando me di cuenta de quién era, casi grito por la frustración porque acababa de regresar de tener una conversación de besugos con el sujeto que lo ha sustituido en el banco. Era el encargado de dar las hipotecas en La General. Pero parece que al fundirse dos o tres cajas de ahorros han hecho reajustes de plantillas y este señor -el que repartía propaganda- lo han echado. No sé qué varemos habrán utilizado para decidir quién se queda y quién se marcha, pero sin duda, la inteligencia y los conocimientos no los han tenido en cuenta, y de haberlo hecho, habrán contado como puntos negativos. Durante más de quince minutos he intentado hacerle comprender a  su sustituto que quería saber con qué cantidad de dinero necesitaba contar un cliente mutuo si el constructor le ha dado un presupuesto cerrado de 42.500 €. El propio banco suele hacer una tasación de la futura edificación y da un 80% de ese valor. Ni siquiera estaba pidiendo la tasación -documentación que suelen proporcionarlo sin impedimento si saben que estás relacionado en la construcción de forma directa. Sólo quería saber qué cantidad necesita tener mi cliente... uf, no ha habido forma. El sustituto se obstinaba en asegurar que ese dato él no lo tenía y que no había forma de saberlo. (Aaaaaaaaah, qué frustrante!!!!). 

Hemos tomado una cerveza en La Rosquilla y me ha dejado desahogarme a gusto (creo que incluso ha disfrutado cuando se me escapó un par de veces la palabra mentecato e inepto refiriéndome a su compañero, por el cabreo -por lo general soy muy respetuosa con la falta de inteligencia de los demás porque sé que la mía tampoco está muy allá). 

Asegura que no está tan mal como aparenta. Estuvo deprimido durante unos días, cuando le informaron del despido poco antes de hacerse efectivo. Pero que ya está bien, incluso mejor que antes. Que cuando se ocupaba de las hipotecas, le pesaban sobre su conciencia como losas conocer todas y cada una de las historias de la gente que no podía hacer frente a los pagos y perdían todo. Asegura que ahora puede dormir sin somníferos. 

jueves, 21 de junio de 2012

El paseo de la durmiente

Todos, menos Manuela la pescadera, estaban deseando que La Prima Chica se muriera. El apodo de la La Prima Chica disfrazaba una vejez que, en una familia cuya esperanza de vida no llegaba al medio siglo, se consideraba toda una desfachatez. A sus 80 años la pobre mujer (pobre por la infelicidad, no por su situación económica) podría haberse recreado durante sus largos paseos matutinos con el recuerdo de sus 11 hermanos -ya difuntos- si un derrame cerebral no la hubiera convertido en un objeto casi inanimado, arrumbado en una silla de ruedas, que se limitaba a mirar el vacío, engullir lo que se le ponía en la boca y excretar líquidos y sólidos por todos los orificios de su cuerpo. Sus cincuenta y muchos sobrinos-nietos, única familia que le quedaba, habían contratado para su cuidado a Manuela, una santurrona de escasa inteligencia que por una miseria no se separaba de La Prima Chica ni un instante. Aquel era su primer trabajo y quería hacerlo bien. (El sobrenombre de Pescadera lo justificaba el tufo a pescado que desprendía). 

La única exigencia que buscaban en la persona que cuidase de La Prima Chica era unas entendederas escasas. Temían que alguien inteligente se pudiera ganar la confianza de la anciana, si se recuperaba de su estado vegetativo, y le hiciera cambiar el testamento. Llevaban tantos años esperando que les parecía muy injusto que esto ocurriera. Los herederos eran muchos (más de cincuenta), pero la herencia también era cuantiosa. El cortijo Las Tórtolas en Alcaudete, muchas tierras de secano, olivos y una casa enorme en el pueblo. Si en una familia con un enfermo los vecinos se suelen interesar por la mejoría del desdichado, en esta ocasión, quien preguntaba lo hacía queriendo saber si veían cercano el final de la mujer, pero siempre eran caras largas y una negativa después de un profundo suspiro. Y lo peor, desde que Manuela se hizo cargo de la enferma, es que incluso había recuperado el color en las flácidas mejillas porque todas las mañanas, hiciera sol o lloviera, Manuela solía sacarla a dar un largo paseo. Tenían la esperanza de que pillara frío y se muriera de una pulmonía, esa era la única razón por la que no impidieron las salidas. 

El día 18 de julio en el pueblo había fiesta. Carrera de burros, misa, elección de la reina de la fiesta, baile, concurso de pasteles, fuegos artificiales... A Manuela y a la enferma se las vio en casi todos los eventos, incluido en las barquillas, donde la mujer subió mientras La Prima Chica le sujetaba la manzana de caramelo a medio mordisquear. Cuando ya se retiraban y unas vecinas se acercaron a saludar a la enferma, Manuela les pidió que no hablaran muy alto porque se acaba de quedar dormida. Y realmente parecía estarlo, tan profundamente, que ni los cohetes que explotaban por encima de sus cabezas ni la música de la orquesta que pasaba por la calle, consiguieron alterarla. 

Es de madrugada cuando se suelen cocer las tragedias; pero esta ocurrió a última hora de la tarde; tal vez porque sólo para Manuela fue un evento trágico. Salió de la casa gritando, exigiendo ayuda, pidiendo que se avisara al médico con urgencia porque a La Prima Chica le ocurría algo muy raro. No tuvo que esperar mucho porque, siendo fiesta y estando casi toda la gente aún en la calle, la noticia corrió como la pólvora y el médico del pueblo fue prácticamente arrastrado hasta la casa de la enferma. Llegó y aún masticaba el pincho de tortilla que acababa de meterse en la boca cuando lo avisaron, con la servilleta del bar colgado al cuello y un eructo de cerveza mal disimulado entre las frases que tuvo que emitir al interesarse por los síntomas que presentaba su paciente. Una falta completa de apetito, en realidad no había comido nada desde el día anterior; le había salido un sarpullido rojo oscuro en las nalgas y los pies; y estaba en plan cabezón: no quería tumbarse. El doctor también pudo constatar que la paciente estaba a temperatura ambiente, que su respiración era inexistente y el corazón no le latía. Lo que Manuela pensó que era testarudez de la enferma por alguna razón que no llegaba a comprender, en realidad sólo era rigor mortis. La pobre mujer llevaba más de doce horas muerta; pero a Manuela le faltó inteligencia para notarlo.

De la herencia tan ansiada, los herederos sólo pudieron repartirse lo sacado por la venta de la casa del pueblo. La Prima Chica quiso recompensar a quien la estuviera cuidando en sus últimos momentos, y  tanto el cortijo como las tierras y los olivos quedaron con la carga de ser usufructo de esa persona hasta el día de su muerte... y de momento Manuela, a sus setenta y muchos años, disfruta de una salud excelente. 

(Otra de las historias de mi abuela)

miércoles, 20 de junio de 2012

Carroña

El hombre no es un lobo para el hombre, es una hiena -al menos en tiempos de crisis-. Esta mañana he recibido la llamada de un antiguo contacto de Cemosa -la empresa que nos lleva la seguridad estructural en dos de los edificios que estamos haciendo- de donde había sido despedido. Desde el principio fue una llamada extraña. Pensé que pretendía poner a parir a sus antiguos jefes para desahogarse. Pero me equivoqué. Al cabo de un rato estaba halagándolos, contando lo mucho que había aprendido con ellos, el reto que había significado conocer día a día las nuevas normativas que entran en vigor, etc etc. Entonces pensé que se aburría por estar en paro y necesitaba hablar con alguien. Cuando pensaba en le cuadro que tienen mis hermanos colgado en la oficina "En el bar de la esquina hay un lugar para ti. Aquí estamos trabajando", este señor sacó a colación la estructura que él había revisado y dado el visto bueno después de una pequeña rectificación. Habló de estructura caótica, de cargas excesivas, de coeficientes de seguridad fuera de la normativa del CTE... A medida que iba hablando se me iba quedando cara de panolis porque esa estructura la calculé yo. Ni siquiera le refuté lo que exponía. Pensé que tenía que repasarla detenidamente. Hasta que se ofreció a recalcularla por 500 € (¡manda huevos!). Cuando le recordé que él mismo le había dado el visto bueno, aseguró que la estructura no estaba mal, pero que se podría mejorar, quitándole, por ejemplo, hierro en la planta sótano -3 (¡manda huevos³!), precisamente la planta que tenemos de almacén y donde está instalada la incineradora que pesa, ella solita, más de tres toneladas, con una superficie de repercusión bastante pequeña. Me he quedado como un soufflé que se ha enfriado demasiado rápido. Si ya se ha empezado a vilipendiar a los propios compañeros para intentar robarles el trabajo, ¿a dónde vamos a llegar?

martes, 19 de junio de 2012

La anestesia roja

Esta mañana me he recorrido casi toda Granada yendo de obra en obra. Zona más pudiente (Cuesta Escoriaza), zona más moderna (Campus de la Salud), zona más pobre (Almanjayar) y la zona más normal, que es donde vivo, casi en el centro de la ciudad. Plot, plot, plot en los balcones han crecido banderas de España como si fueran champiñones después de una tormenta en otoño. Plot, plot, plot... Banderas con un toro negro, banderas con el escudo de la democracia, banderas con el aguilucho de la dictadura, banderas desvaídas, banderas con el emblemático ¡A por ellos!, banderas gigantescas que esconden toda la barandilla de un balcón en L, banderines... incluso banderas dibujadas en un papel, donde se adivina la tierna ignorancia y torpeza de un niño (franja amarilla - franja roja - franja amarilla). Cuanto más nos separemos del centro, más banderas se ven en los balcones. Pero no creo que se deba a que los de clases más pudientes les guste menos el fútbol que a los más pobres. Sólo sospecho que se debe a la costumbre de la contención en la demostración de los sentimientos. 

Me gustan los días que hay partido de España. La casa se llena con los amigos de Guille. Mi hermano le ha dejado una TV gigante -parece una pantalla de cine-. Esos días se va al supermercado con el carro de la compra y vuelve con cerveza y bolsas de patatas para alimentar a un regimiento. Parecen un puñado de críos chicos que se han quedado sin vigilancia. Saltan, gritan al árbitro como sino existiera el impedimento de la distancia, sufren, se muerden los nudillos, sudan, se abrazan sin pudor cuando España mete un gol, maldicen y se defecan de palabra hasta en la madre del tío que plantó el césped... Durante dos horas y pico no existe para ellos crisis ni problemas. Son completamente felices, como si la alegría los anestesiara. Pero no es malo que esto ocurra. Como todas las anestesias los efectos son momentáneos y por desgracia demasiado pronto se vuelve a la realidad. 

Plot... mis vecinos de patio han colocado en su azotea una bandera... Ahora vengo, voy a los chinos... plot.

domingo, 17 de junio de 2012

Carta a mi yo desmemoriada (consecuencia de Todos los días de mi vida)


Me gusta que Guille me utilice de almohada, aunque en el estudio patera de Granada -no tenemos aire acondicionado aquí- hace un calor capaz de secar un cactus. Si abrimos todas las ventanas, dan a las cuatro fachadas, entra un aire caliente y denso que juega con las cortinas y evapora el sudor, dando una fugaz sensación de fresco. 

Por lo general Guille es como esas muñecas con contrapesos en los ojos que los cierran en cuanto las tumbas. Se queda KO y sólo despierta si comienza a babear por tener la boca abierta. Suele hacerlo antes de que la baba me moje el muslo (es considerado incluso cuando está inconsciente). 

Hoy tenía puesta una de las películas que Guille clasifica de exclusivamente mías. Todos los días de mi vida. Un matrimonio joven que se aman tienen un accidente de tráfico. Ella se golpea la cabeza y cuando recupera la consciencia, no puede recordar lo ocurrido en los cinco últimos años. Tampoco a su marido, a quien ha conocido en ese periodo. Está basado en hechos reales. Cuando terminó la película, Guille me sorprendió con el comentario: eso te puede pasar a ti. Y me temo que tiene razón. Mi yo de hace cinco años seguro que repudiaba  a mi yo actual.  Así que he decidido escribirme a mí misma una carta por si alguna vez me ocurre lo que a la mujer de la película. Aunque mi yo de hace cinco años seguro que es incapaz de leer estas líneas porque desde entonces he aprendido muchas palabras que antes no conocía. 

Querida Queca: 

Pídele a Guille que te bese (ya comprenderás) y si no recuerdas, finge que no es así (seguro que no te arrepientes).

Ah, te encanta leer a Javier Marías, acababas de empezar el Ulises y, a pesar de lo que te diga Pere (tu confidente en asuntos de Guille) sólo escuchas música clásica ... (por si cuela).