jueves, 9 de febrero de 2012

Aplazado por enfermedad

¡Aaaaaaah, qué chunga estoy! Bueno, en realidad sólo es un resfriado, pero, como dice mi madre (sabiduría materna) Un resfriado no es cosa con la que te mueras, pero qué malita te pones! (Lo paradójico de la frase es que uno de sus abuelos sí murió de un resfriado, se ahogó por acumulación de mucosidad -claro que el buen hombre tenía ya la friolera de 99 años, a esa edad te puedes morir hasta de un estornudo-. Creo que ha sido la única persona longeva en mi familia, tenemos la mala costumbre de palmarla pronto). Como a perro flaco todo son pulgas, el resfriado ha venido acompañado de un herpes en el ojo, en el parpado -ahora lo tengo inflamado y lleno de unas asquerosas legañas amarillentas que limpiaría con más regularidad si no me doliera tanto (soy mal enferma por falta de costumbre). 

El resfriado no, pero el herpes asustó a Guille y me arrastró a urgencias esta mañana. Cuando me levanté el ojo presentaba un aspecto realmente lamentable, como si me hubieran golpeado, como el de un boxeador (vaya, de repente me acuerdo de Teofilo "Panamá" Al Brown -hace tiempo leí su biografía, un boxeador negro gay que triunfó en New York. Era negro y tenía la "insolencia" de ganar a los boxeadores blancos de la época. Yo soy blanca, muy blanca, y cuando leía esta biografía y otros libros donde se hablaba de la injusticia que cometían los blancos con los negros, siempre siento empatía por los negros -supongo que como a la mayoría-. Y resulta impensable que alguien defienda la postura de los blancos en esa época. Eso significa que la sociedad ha madurado. Llegará el día en que nadie dude de la igualdad entre heterosexuales y homosexuales, o que parezca una burrada que en instituciones como la iglesia católica u otras religiones, la mujer esté marginada).

Huy, me he enrollado y sólo pretendía justificar mi ausencia.

Fuimos a Nuestra Señora de la Salud -es un hospital, no una Iglesia, el nombre despista bastante-. Aunque si te ingresan, hasta te visita un cura y hay monjitas que te atienden (es muy complicado miccionar con una monja de cuerpo presente en la misma habitación). Agujas, sondas... y cualquier artilugio del fino sadismo de la medicina, no me asustan; pero sí me aterran los médicos -me da miedo lo que me puedan decir o que me regañen por no cuidar como debiera mi cuerpo-. Y cuando me pongo nerviosa, hablo mucho (hasta por los codos). Mientras el doctor me hacía mirar hacia arriba, hacia abajo, me volvía el párpado (qué daño)... comenté que deberían hacer un listado de las razones justificadas por las que la gente debería ir a urgencias (hace poco salió la noticia de que se gasta una ingente cantidad de dinero en urgencias no justificadas). Creí que no me había prestado atención el médico, pero, después de escribir con dos dedos el informe en el ordenador, me dijo que no existe una regla fija para asistir a urgencias. Puede haber un leve dolor de garganta que conlleve un ataque inminente al corazón, o una falta de sensibilidad en la cara que esté anunciando un derrame cerebral... Cada uno de nosotros conocemos nuestros cuerpos y sabemos cuándo algo va mal (en esos casos es cuando hay que asistir a urgencias) -dijo.

6 comentarios:

  1. Pues qué suerte, parece que te ha tocado un médico bastante sabio.
    Que te mejores, cuídate.

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    1. Era un médico de nombre y aspecto hindú (aunque de acento andaluz). Y parece que bastante bueno en lo suyo, porque con la pomada que me recetó para el ojo, hoy ya ha vuelto casi a normalidad. La noche ha obrado milagros y estoy prácticamente bien. Gracias

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    1. Muchas gracias. Hoy ya estoy prácticamente bien.

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  3. ¿Ese es el hospital que está junto al museo de Ciencias? Si es así estuve trabajando en él durante dos semanas hace un porrón de años. Casi podría decir que en otra vida. Formaba parte del equipo que hacía la auditoría externa a las cuentas del hospital.

    Recuerdo al administrativo que nos facilitaba todos los papeles. Había perdido la movilidad en dos dedos de una mano. Me contó que fue a causa de un error médico en una operación leve y casi intrascendente. Le habían operado en ese mismo hospital.

    Me pregunté cómo podría convivir a diario con la persona que era, aun involuntariamente, responsable de su minusvalía. ¿Habría conseguido el trabajo en el hospital como compensación por el error médico? Me quedé con ganas de saber más.

    Me alegro de que hoy te encuentres mejor.

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    1. No, te refieres al Hospital de la Inmaculada, pero es fácil encontrar a los médicos de un hospital en el otro. La Salud está cerca de los Mondragones, por la Carretera de Málaga.

      A lo mejor la presencia de ese señor en el hospital, no sólo viendo él a quien lo había dejado así, si no, los médicos que cometieron el error viéndolo a él, sirvió para que tuvieran más conciencia del daño que podían hacer en un momento de despiste.

      Gracias por alegrarte de que estuviera bien y por leerme. Hoy ya completamente perfecta.

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