Ayer la parte derecha de mi mundo la veía a través de una ranura interrumpida por hilillos de una sustancia asquerosa que prefiero ni imaginar de qué estaban compuestos. Hoy la parte derecha de mi mundo vuelve a adquirir su amplitud cotidiana. Al carajo la celebraciones de cumpleaños, santos, aniversarios... Deberíamos celebrar cada uno de los días que un dolor de cabeza, o un ojo inflamado o una bajada de tensión no nos aplaza seguir viviendo.
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