domingo, 9 de octubre de 2011

Concentración aciaga

Hay días en los que las malas noticias se suceden una tras otra sin tregua. Hoy ha sido uno de esos días. Al principio sólo fueron pequeños contratiempos, como que se rompiera mi camiseta favorita cuando me la iba a poner o que los encargados del chino se equivocaran de pedido y al final tuviera que comer casi a las cuatro de la tarde. Luego fue mucho peor: que uno de mis escritores favoritos me decepcionara o que me enterase que una de las chicas que cuidé durante mi etapa de voluntaria en oncología, falleció hace dos semanas, a los 28 años de edad, cuando, supuestamente, estaba por completo curada del cáncer. Algunos días no merecen la pena levantarse. Sin embargo, la sensación de hoy sólo es agridulce: soy consciente de que cada día de vida, de "relativa" normalidad, es un regalo de los que muchas otras personas no pueden disfrutar (los padres de esa chica, por ejemplo, a pesar de haber pasado dos semanas, o expresamente por haber pasado el atolondramiento del duelo, estarán sufriendo lo inimaginable en este momento). Yo sólo tengo que sentarme y recordar con cariño a Cecilia (jugábamos a pasar de contrabando pasteles -le hacían pensar que los tenía prohibidos para que no se alimentara exclusivamente de dulces-), o esperar que mi escritor favorito vuelva a escribir un artículo o un cuento para que me reconcilie con él (tengo memoria de pez). 

jueves, 6 de octubre de 2011

El eslabón perdido

¿Alguien ha leído a Tomas Tranströmer? (Cada vez nos lo ponen más complicado)

Libre albedrío... ¡a mi pesar!

Ayer estuve en el Decanato de la Caleta para entregar las alegaciones de una pericial. Había cola (cosa normal) y entre la gente que allí había (casi todos abogados) comenzaron a hablar del bodorrio de la Duquesa de Alba. Algo ocurre con este acontecimiento que enciende los ánimos de las personas (algo que se me escapa, supongo que por culpa de no tener tv y no estar al día de los pormenores del acontecimiento). Uno de los abogados que allí estaban aseguró, sin rubor, que deberían prohibirle casarse a la vieja... ¡Eing! Se me quedó cara de pasmada. Otro hizo un chiste fácil sobre el aspecto de la señora (la llamó caniche -creo que es un apodo que le da la gente en general, porque lo he vuelto a leer hoy). ¡Eing! La vedad es que la mujer tiene un aspecto raro, pero, a estas alturas, nos vamos a poner a exigir belleza y compostura a toda persona que quiera pisar la calle? Aún no me he enterado la razón por la que todo dios la critica. Yo sólo veo a una señora mayor que ha querido casarse (que tenga más o menos compostura y elegancia, es algo que no debería importar -o deberíamos arrojar a todo esperpento o persona que se sale de la normalidad, al circo (como en la película "La parada de los monstruos")? 

No comprendo cómo personas que se dedican a buscar la defensa de los derechos de quienes los necesitan, se atrevan a imponer las limitaciones de su pleno albedrío de alguien en concreto. La igualdad debe ser para todos, ni la falta de belleza o compostura, ni el que le sobre el dinero y los títulos nobiliarios, debe ser excusa para limitárselos.

martes, 4 de octubre de 2011

Paso a paso (un día de pereza)

14:23-16:30 Hora de preparar la comida. Un muslo de pollo, zanahoria y patatas. Mientras cocino y como veo El Beso de la Mujer Araña. Me la aconsejó Guille. Él separa las películas en: tuyas, mías y de los dos. El Beso de la Mujer Araña es "mía" exclusivamente.

16:30-17:30 Limpiar la cocina y el baño. Nieves vendrá el jueves a limpiar el resto.

17:30-18:30 Compras. Supermercado. Zapatería. Pastelería (me gustan mucho los pasteles salados de Flor y Nata).

18:30-20:00 Leer el blog de AMM, responder a las preguntas que me han hecho en Solo arquitectura. Responder el correo. También he vuelto a comenzar a estudiarme el diccionario. Vuelvo a cometer más errores de lo normal escribiendo.

20:00-20:45 Conversación con Guille. Le han adjudicado dos nuevas periciales de lindes. Eso es bueno (trabajo en tiempos de crisis) y es malo. Debería poder venir ya para Granada. Hay que tomar datos de campo (pero, principalmente, porque lo echo de menos). 

20:45-0:00 Un poco de todo. De vueltas con el diccionario (tengo que leerlo en periodos cortos de tiempo, menos de 15 minutos seguidos. Periodos más prolongados me haría prestar menos atención). He estado en el blog del escritor Antonio Muñoz Molina. A estas horas es casi como un chat. Es divertido. Con preguntas y comentarios con respuestas inmediatas. 

0:00-0:30 Conversación con mis hermanos y mi madre. Mis hermanos no paran de lanzar indirectas sobre mi próximo cumpleaños (saben que se olvidará, es una tradición que lo haga). Mientras hablábamos, hemos hecho el dibujo de una tija. Las tijas y las horquillas para moto las dibujamos en menos de cinco minutos. Ya le tenemos cogido el tranquillo.

0:30-0:45 Cena. Un melocotón, dos pastelillos salados (de anchoas y de atún con tomate ¡Qué ricos!) y un café (mezcla de Uganda, aromático).

0:45-1:30 Recoger la ropa (me gusta subir a la cubierta del castillete a estas horas: completo silencio en esta zona de Granada). Es una noche tranquila y serena. El veranillo del membrillo se está prolongando. Cinco de octubre y aún se puede estar en plena noche en manga corta. Tender la ropa. Doblar la que he recogido y tiene la frescura de la noche.

1:30-2:00 Leo el manual de AutoCad 2010 para ver las novedades que tiene el programa. Hace poco que lo instalé. Lo conozco a la perfección, pero siempre es bueno recordar lo ya sabido (a veces hay sorpresas).

2:00-2:15 Me preparo para salir a correr. Me asfixio dentro de la casa. Doy saltos y corro entre las mesas del estudio. El estudio es una sala grande, una antigua terraza, una zona ocupada fuera de normativa con cubierta de panel sandwich y paramentos de vidrio y aluminio. La dilatación del metal hace que a estas horas la casa esté llena de fantasmas, de crujidos que son capaces de sacarte del sueño más profundo y hacerte temblar durante los segundos que la mente tarda en percatarse de la situación. Me voy a correr... hasta luego

2:15-4:10 Correr. Una noche tranquila.

4:10... Ducha

7:00-7:05 Despertador, gotas para las lágrimas (tengo una extraña fobia: antes de ponerme las gotas tengo que asegurarme de que el bote es el correcto -ridículo-. Estoy convencida de que algún día me pondré en los ojos el pegamento de las uñas, el bote es casi idéntico, pero el otro lo guardo en un cajón del armario del baño y jamás lo dejo sobre la mesilla de noche).

7:05-8:00 Ducha, maquillaje (hoy tengo que ir al ayuntamiento), hacer cama, ordenar cuarto

8:00-8:34 Desayuno (un té, se llama Marco Polo, aromático, lo compro en la tienda que hay al principio de la calle San Antón) y un pastelillo salado (este tiene una salchicha dentro).

8:34-9:45 Hablar con Guille y hacer tiempo mientras llega la hora de salir de casa.

9:45-14:10 Entrevista con la arquitecta de visados del Ayuntamiento: ¡Yujuuuuuuuuuuuu! ya tenemos licencia de obras (ahora es cuando comienza lo realmente complicado). Entrega de documentación en el decanato de la Caleta y en el de Plaza Nueva. Vuelvo tranquilamente a casa. Han cerrado la panadería que había junto a la librería Flash (qué pena!).

14:10... Hora de preparar la comida....

Refrito de sesos con cebolla

¡Qué complicado es a veces satisfacer a los clientes! Comienzo a recuperarme del agotamiento de la última semana. No me había dado cuenta de que estaba tan cansada hasta que ayer por la noche fui incapaz de salir a correr. La primera vez que me ocurre en mucho tiempo. La levedad con la que muchos clientes cambian de opinión, irrita. No se dan cuenta qué significa que hoy quiera un dormitorio en planta baja y mañana dos y antes de ayer quería tres. Me gusta cuando los proyectos nacen de una idea remota y van tomando forma, perfeccionándose, siendo más apropiados para quienes van a habitar esa casa o edificio, imaginando sobre papel qué será su vida dentro de esas paredes, previniendo las necesidades que se tendrán, las que se presenten en un futuro más o menos cercano, o incluso remoto. Muchos de mis clientes son parejas de jóvenes que, con mucho esfuerzo, pretenden hacerse la casa donde vivirán después de casarse. Algunos no la terminan nunca porque rompen antes. A casi todos la falta de medios los obliga a cometer el mismo error de comprar solares muy pequeños y hacerse una casa en vertical: muchas plantas y escaleras angostas de las que estarán cansados al segundo día. No siempre se puede tener lo que se quiere (eso lo aprendemos cuando aún tenemos el chupete en la boca).

Hoy es un día de pereza, al menos durante unas horas. No hacer nada que exija un mínimo esfuerzo intelectual... de media trabajé 14 horas (me merezco un descaso, ea!)

lunes, 3 de octubre de 2011

Buaaaaaaaaaaaaaaaa, buaaaaaaaaaaaaa

Guille se marchó ayer por la noche y me dejó una sensación idéntica a la que sentía durante la infancia, cuando, a última hora del domingo, mis hermanos me buscaban por todos los rincones de la casa (yo solía esconderme temiendo ese momento) para que hiciera la maleta. Los lunes a primera hora, antes del amanecer, ya estaba el ayudante del conductor golpeando mi puerta para llevarme al colegio. Ni siquiera tenía la posibilidad de ir con los demás niños en aquella ocasión: siempre me recogían los conductores que iban al mercado a hacer la compra del Destacamento. Debía estar antes que los demás niños en el colegio para deshacer la maleta. A veces llegaba tan temprano, desafortunada de mí, que las monjitas, misericordiosas, me obligaban a escuchar misa con ellas para que no estuviera sola. Era una sensación de desamparo, de desarraigo, de soledad; y ayer se repitió. 

Y para colmo no me han concedido la beca para estudiar estructuras en Japón (culpa de mi incapacidad para escribir en inglés). 

Por eso el doble buaaaaaaaa... pero lo bueno es que la rabieta sólo me duró un ratito. Luego me fui al cine (sin duda estoy cambiando, me estoy haciendo vieja). 

domingo, 2 de octubre de 2011

Orgullo y perjuicio


Esa pulsera me la ha regalado Guille, con el beneplácito de quien se la regaló a él. Creo que en este momento es uno de los objetos que poseo de más valor (no económico, por supuesto) pero sí sentimental. A Guille se la regaló Ramón. Ramón es un chaval de 16 años al que hace pocos meses le han colocado un respirador para poder seguir viviendo y para no tirarse más de 20 horas al día dormitando. La enfermedad parece que avanza más rápidamente en él que en otras personas. Por lo general hasta cumplir los 18 no les es imprescindible el respirador. Sufre distrofia muscular de Duchenne. Le prometió a Guille hacer algo con sus propias manos en cuanto estuviera mejor (Guille le dio el último empujón para que aceptara que le colocaran el respirador -tenía miedo porque sabe que ésta es la última etapa de su vida, lo que no sabe es lo prolongada que puede ser-). Los padres de Ramón son del tipo: "Mi hijo no necesita hacer eso. Lo que tiene que hacer es estar tranquilo, y ya está!". ¡Cómo me encorajinan esos padres!